Categoría: Perspectivas del capitalismo, poscapitalismo y sujeto histórico

La Gran Transición hacia una nueva civilización por Wim Dierckxsens

Para leer el artículo, favor ir para: http://pt.calameo.com/read/0002812906a09d2460a3e Maio de 2015  

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Ucrania como el ´Waterloo´ del Imperio del dólar

Introducción Los Jefes tradicionales del Mundo son los banqueros ingleses y norteamericanos y en el mando mundial está la Dinastía de Rothschild. Con  sus socios en el Banco de la Reserva Federal de EEUU, como la Dinastía Rockefeller y otros 8 socios banqueros, emiten la moneda: el dólar. La Reserva federal es propiedad privada (de… ( Leia mais » )

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El Bien Común de la humanidad:un paradigma post-capitalista

EL BIEN COMÚN DE LA HUMANIDAD: UN PARADIGMA POST-CAPITALISTA FRENTE A LA RUPTURA DEL EQUILIBRIO DEL METABOLISMO ENTRE LA NATURALEZA Y EL GENERO HUMANO François Houtart La múltiple crisis actual provee la oportunidad de una reflexión que sobrepasa lo inmediato y la Conferencia Por el Equilibrio del Mundo es un lugar particularmente adecuado para este fin…. ( Leia mais » )

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¿Cómo Sobrevivirá La Humanidad ante um Mundo de Guerreros y Banqueros?

Leer libro de Wim Dierckxsens y Antonio Jarquín en: http://pt.calameo.com/read/000281290e7cc9d001e70

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Dragones neoliberales, sueños húmedos surasiáticos, y fantasías de Robocop ¿Un mundo de confrontación de espectro completo?

Introducción del editor de Tom Dispatch En diciembre pasado, un súper-secreto RQ-170 Sentinel, parte de un extenso programa de vigilancia de drones de la CIA sobre Irán, descendió (o fue derribado, o secuestrado por ordenador y obligado a descender) y recuperado intacto por los militares iraníes. Esta semana, un general iraní anunció orgullosamente que expertos… ( Leia mais » )

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La City y Wall Street rehipotecan los fondos de sus clientes, sin su consentimiento, para atacar a los PIIGS (ENG)

Mf Global’s denuncia un escándalo financiero, Wall Street y la City londinense rehipotecan los fondos de sus clientes sin su consentimiento, para apostar a la baja en los bonos de paises como Italia, España, Bélgica y Portugal. Mientras en Wall Street existe “cierta” regulación sobre las rehipotecas, en la City no existe ningún tipo de… ( Leia mais » )

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Una mirada sobre la crisis: ¿qué pasará con la UE?

Entrevista de Juan Ignacio Orúe con Walter Formento (15-12-11) ¿Alcanza el liderazgo de Alemania y Francia para salvar el euro? Merkel y Sarkozy se pusieron al frente para lograr que el proyecto globalista de la city de Londres, área de libre comercio financiero de Europa, no avance. Quieren imponer el propio: la UE política, económica… ( Leia mais » )

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Túnez – Y de pronto, la revolución – por Santiago Alba Rico

Resumo Nadie o casi nadie podía hace un mes aventurar que la muerte de Mohamed Bouazizi, joven informático reducido a vendedor ambulante, podría levantar al pueblo tunecino, un pueblo del que nadie esperaba nada y acostumbrado a un despotismo endémico, tal y como se aprecia en la reflexión que hace el autor a través de… ( Leia mais » )

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Neoliberalismo, crisis y revolución – pequeña entrevista

Pequeña entrevista al Boletim Económico del Sur – CEMOP.Centro de Estudios Económicos y Monitoreo de las Políticas Públicas – Fundación Madres de Plaza de Mayo – Buenos Aires Argentina Entrevista en que habla del neoliberalismo, de la crisis capitalista actual, del arte como necesario instrumento para la revolución, del MST y de las Madres de… ( Leia mais » )

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¿Constituye un "New Green Deal" una alternativa?

¿Constituye un “New Green Deal” una alternativa? Controla el petróleo y controlarás a las naciones; controla los alimentos y controlarás a la gente Henry Kissinger (1970) 1. El crecimiento sostenible, ¿mito o realidad? Si bien, en nuestra opinión, para las élites en el poder un ‘keynesianismo militar’ no será ninguna opción ante la actual crisis,… ( Leia mais » )

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El Sujeto ante un Cambio Civilizatorio: Retos y Amenazas

El Sujeto ante un Cambio Civilizatorio: Retos y Amenazas Wim Dierckxsens, Antonio Jarquin, Paulo Campanario, Reinaldo Carcanholo, Paulo Nakatani y Remy Herrera 1. El sujeto ante un cambio civilizatorio Desde el año 1980 al 2000, la población de la economía mundial globalizada, es decir aquella disponible para los intereses del gran capital, más que se… ( Leia mais » )

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¿Estado o comunidad?

La Jornada
Pareciera que las comunidades de los pueblos originarios actuales en América Latina pudieran desarrollar un modelo democrático político más adecuado que la forma de Estado burgués moderno. Tal posición es defendida por aquellos que piensan que la disolución del Estado es condición de posibilidad de un ejercicio justo de la política.
En su última obra, Commonwealth, Antonio Negri considera nuevamente la forma Estado como una institución propia de la modernidad burguesa (lo mismo que J. Holloway y otros intelectuales) que hay que superar para iniciar lo que pudiera llamarse propiamente la política.

Esta tesis, como es sabido, fue defendida por el anarquismo (como el de Bakunin). K. Marx se opuso a este último en el sentido de que desde el campo social, por la lucha de clases en el nivel económico, había que superar a) el trabajo asalariado y b) el capital como condición de posibilidad de c) la disolución del Estado, y no por una lucha política directa (como los anarquistas) contra el Estado.

Esta triple negación es el tema que expone con gran solvencia el antiguo asistente de G. Lukacs, expulsado muy joven de Hungría, István Mészáros, en su obra reciente Más allá del capital (2006). La diferencia de Mészáros, con respecto de los otros pensadores nombrados, es que expone a partir de esa triple negación la manera como Marx llega a una importante conclusión: De aquí que él [Marx] mantuviera su definición preponderantemente negativa de la política hasta en sus últimos escritos, a pesar de su claro reconocimiento de que es necesario involucrarse en la política (Mészáros, p. 532), y por esto mismo no resulta en modo alguna sorprendente que Marx jamás haya logrado trazar aunque fuese los perfiles desnudos de su teoría del Estado (p. 564). Esto no niega que la elaboración de una teoría marxista del Estado es tanto posible como necesaria hoy en día (Ibid.). Es decir, la deficiencia del marxismo posterior a Marx en torno a la cuestión del Estado se origina en este hueco teórico del mismo Marx que debemos llenar urgentemente. Pero el hueco teórico no es sólo sobre el Estado, sino en una labor que Marx nunca pudo cumplir en el campo político; es decir, desarrollar una crítica de todo el sistema de las categorías de la filosofía política burguesa (crítica que realizó en el campo económico).

Hablando personalmente con Samir Amin en un Foro Social Mundial de Porto Alegre me decía: El Estado egipcio fue el primer Estado en sentido estricto de la historia mundial, hace 5 mil años. De la misma manera el incario en el Perú antes de la conquista, la organización política de las ciudades mayas o el altépetl azteca (como muestra) son estados tributarios (como los clasificaría Darcy Ribeiro en su obra El proceso civilizatorio). De manera que el Estado liberal moderno, manejado por la burguesía desde la revolución inglesa, es una forma de Estado particular, pero de ninguna manera la única. La superación de esta forma estatal no significa la disolución empírica del Estado como tal –que en sentido estricto es un postulado–. Y éste es el debate actual.

Algunos, como hemos dicho, en nombre de la organización política (o meramente social) de las comunidades originarias, tal como se encuentran hoy, las oponen a una forma de Estado liberal burgués, y se inclinan por el modelo de democracia directa de las comunidades indígenas actuales, sin Estado por lo tanto. En primer lugar, olvidan que las actuales comunidades son el resto de las naciones originarias que antes de la conquista (en las civilizaciones urbanas) tuvieron Estado, que comprendía a veces millones de miembros (como entre los incas). Allí había una organización estatal, no burguesa ni liberal, pero había Estado. En segundo lugar, pueden ser tomadas como un modelo ejemplar para ser aplicado a situaciones analógicas como las asambleas de barrios, pequeñas aldeas, fábricas, etcétera, donde la participación de democracia directa es esencial.

Pero, como hemos indicado en una colaboración anterior, esta participación en la base (y a través de mediaciones de la participación hasta el poder ciudadano en el nivel del Estado federal) no se opone, sino que debe fiscalizar las instituciones de la representación del Estado (transcapitalista, transliberal, transmoderno).

De manera que si oponer “representación versus participación” es una falsa contradicción (ya que hay que articularlas y definirlas en sus funciones distintas), de la misma manera “Estado versus comunidad democrática directa” es también una falsa contradicción, porque hay que saber articular ambas dimensiones en diversos niveles.

En un nuevo Estado (más allá del Estado moderno y burgués, que se iría acercando a la disolución del Estado por la disminución de la burocracia, la participación de las mayorías democráticamente en las decisiones, la transparencia de la representación, etcétera) la participación debe arrancar en la base de todas las instituciones (estatales) a partir de comunidades (cuya vida puede aprender muchísimo de los pueblos originarios tal como se encuentran en la actualidad en América Latina). Esto no se opone a que haya que inventar instituciones de participación a escala municipal, del Estado local o provincia, hasta llegar al Estado federal (por ejemplo, con el indicado poder ciudadano de la Constitución bolivariana). Pero esto no elimina, porque sería un idealismo voluntarista, la necesidad de la representación en los indicados niveles (municipal, del estado local o provincia, etcétera), que serían fiscalizado, mucho más estrictamente por las instituciones de participación.

Si alguien expresa: La comunidad es socialismo-comunismo, habría que tomarlo con cuidado. En el nivel de la base popular: sí. Pero esto no es lo mismo que el socialismo-comunismo en el nivel de las comunidades políticas de millones de ciudadanos como pueden ser las de Brasil, Ecuador o la India.

Intentar poner como modelo a) la organización de la comunidad en la base poco numerosa (con la participación del ciudadano por medio de una democracia directa, lo que debería implementarse) con b) la organización de millones de ciudadanos es idealismo político, moralismo anarquizante; es comprometerse sólo en el nivel social, y optar por una posición negativa ante la política (puerta que dejó abierta el mismo Marx en la interpretación de I. Mészáros), lo que hace cometer decisiones estratégico-políticas discutibles. Y la cuestión es aún políticamente más relevante en situaciones como las que se dan en Bolivia, Venezuela o Chiapas, y por ello son posiciones que deben ser debatidas explícitamente, para no caer en dogmatismos vanguardistas o utópicos (en el sentido negativo de este último término).

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/12/10/index.php?section=opinion&article=022a2pol

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EL NUEVO MERCADO: EL CAPITALISMO INTENTA CONVERTIR EN ";RENTABLE"; LA POBREZA

l sistema capitalista no sólo arroja al hambre, la marginalidad, la desprotección social, las privaciones y las enfermedades, a miles de millones de seres humanos en el planeta, sino que ahora, además, sus expertos andan estudiando la manera de reciclar esa masa mayoritaria de desecho humano y social que deja la explotación del hombre por el hombre, en nuevos mercados con “potencialidad de desarrollo” y vetas de rentabilidad asegurada

Dentro de los parámetros funcionales del sistema capitalista (establecido como “civilización única”) la “población sobrante” son las masas expulsadas del circuito del consumo como emergente de la dinámica de concentración de riqueza en pocas manos.

Estas masas, que se multiplican por las periferias de Asia, áfrica y América Latina, no reúnen los estándares del consumo básico (supervivencia mínima) que requiere la estructura funcional del sistema para generar rentabilidad y nuevos ciclos de concentración de activos empresariales y fortunas personales.

Además, esa masas expulsadas del circuito del consumo, requieren (para darle una pantalla “compasiva” al sistema) de una estructura “asistencialista” compuesta por la ONU y las organizaciones internacionales que representan una carga y un “pasivo indeseable” en los balances de gobiernos y empresas trasnacionales a escala global.

Hasta ahora los pobres solamente revisten rentabilidad electoral para los políticos del sistema.

Mediante las politicas asistencialistas “clientelistas” los políticos consiguen un mercado electoral cautivo con la pobreza. De hecho, el modelo capitalista vigente ha industrializado el “mercado de la pobreza” como estrategia para conseguir votos y contener los estallidos sociales.

Paralelamente (Líbano, Irak, Gaza, Afganistán, Pakistán, Sudán, Somalía, y Sry Lanka, entre otros) se han convertido en teatros experimentales de exterminio militar en masa de “población sobrante” que funcionan bajo la carátula operativa de la “guerra contra el terrorismo”.

Fuera de la órbita del “asistencialismo” electoralista, o de una posible “solución final” maltusiana con el exterminio militar, la pobreza, la masa mundial de “población sobrante”, no parece tener cabida en los planes del capitalismo.

Según la ONU, con “menos del 1%” de los fondos económicos que han utilizado los gobiernos capitalistas centrales para salvar al sistema financiero global (bancos y empresas que han desatado la crisis económica), se podría resolver la calamidad y el sufrimiento de miles de millones de personas (más de la mitad de la población mundial) que son víctimas de la hambruna a escala mundial.
¿Y porqué no se hace? Por una razón de fondo: Los pobres, los desamparados, la “población sobrante”, no son un “producto rentable” para el sistema capitalista.

No obstante, no son pocos los expertos que, desde el sistema capitalista, estudian y diseñan (aunque parezca una fantasía increíble) proyectos para reciclar la pobreza (la masa de “población sobrante”) en un mercado segmentado rentable con baja inversión.

Reciclando “población sobrante”

En un artículo titulado “La mejor forma de vender a la base de la pirámide”, The Wall Street Journal en español señala este viernes que ” Alrededor del mundo, cuatro mil millones de personas viven en la pobreza. Y las compañías occidentales están batallando por convertirlas en clientes”.

Los visionarios de los negocios -continúa- llevan una década argumentando que estas personas, conocidas como la base de la pirámide, conforman un mercado inmenso e infrautilizado. Algunas de las mayores y más astutas empresas han querido responder a sus necesidades básicas vendiéndoles desde agua limpia a electricidad.

Sin embargo, una y otra vez, las iniciativas han desaparecido sin dejar huella. ¿Por qué? Porque estas compañías tenían una visión completamente equivocada, afirma el diario en su artículo.

Para decirlo de modo sencillo, añade: la base de la pirámide no es, en realidad, un mercado. Es cierto que esos miles de millones de personas de bajos recursos tienen mucho en común. Y no han adaptado sus comportamientos y presupuestos para dar cabida a los productos en sus vidas. Un mercado de consumo es nada más y nada menos que un estilo de vida construido en torno a un producto.

Usemos como ejemplo un caso conocido, señala el artículo del Journal: En los años 70, el agua embotellada era una idea extraña para la mayoría de los estadounidenses. No era parte del estilo de vida del consumidor de ese país. Tomó décadas para que un gran número de consumidores aceptara la idea de comprar algo que puede obtenerse gratuitamente del grifo, y convertir el agua embotellada en un gran negocio.
¿La respuesta?, se pregunta. Las compañías deben crear mercados -nuevos estilos de vida- para los consumidores pobres. Deben hacer que la idea de pagar por los productos parezca natural, deben inducir a los consumidores a que incorporen esos bienes a sus hábitos. Eso significa trabajar de cerca con comunidades locales en el desarrollo de productos y negocios, para lograr que la compra de esos productos sea interesante para los consumidores. Las compañías, además, deben adoptar una perspectiva de marketing amplia, para darles a los compradores el mayor número de motivos posible para probar los productos.
¿Cómo salvar la inercia en la base de la pirámide (léase pobreza mayoritaria) ?, se pregunta el autor del artículo. La estrategia típica de tratar de convencer a la gente con una campaña informativa con frecuencia es una lucha larga y ardua.

En cambio -señala-, las compañías deberían empezar involucrando a la comunidad (de “población sobrante”) en el proceso de crear, implementar y dar forma al negocio. La sensación de propiedad que esto comporta ayuda a asegurar que el interés en el producto de la compañía será amplio y sostenido.

La tesis (increíble y pesadillesca), publicada en el más influyente vocero periodístico del sionismo financiero de Wall Street, lanza una consideración final: al tratar de venderle a la base de la pirámide, las compañías deberían enviar mensajes positivos. En vez de decir que el producto aliviará sus penas, la empresa debe enfatizar cómo el producto hará que sus vidas sean más agradables.

Pero los proyectos para reciclar la pobreza en mercancía rentable no son privativos de las corporaciones privadas y de sus “tanques de pensamiento”.

Una “oportunidad de negocios”

En un informe publicado en el 2007, titulado “Los próximos cuatro mil millones: mercado y estrategia de negocios en la base de la pirámide”, el Instituto de Recursos Mundiales y la Corporación Internacional de Finanzas, la rama del Grupo Banco Mundial dedicada al sector privado, advierte que el segmento de la población del planeta ubicada en la base de la pirámide económica (BOP por sus siglas en inglés), representa un mercado potencial de unos cinco billones de dólares.

De acuerdo con los expertos del Banco Mundial el sector privado está descuidando la gran oportunidad de negocios que representan los 4.000 millones de pobres que hay en el mundo.

Se trata del primer estudio de este tipo en base a datos obtenidos a través de encuestas realizadas en hogares de unos 110 países.

El objetivo -según sus a
utores- es ayudar a las empresas a pensar más creativamente sobre la posibilidad de nuevos modelos de negocios que cubran las necesidades de mercados desatendidos (léase, la masa de pobreza generada por el propio capitalismo) y al mismo tiempo contribuyan con el desarrollo de los que menos tienen (¿¿??).

El informe del Banco Mundial, se ocupa de la masa de hombres y mujeres de Asia, áfrica, Europa del Este, América Latina y el Caribe cuyos ingresos están por debajo de la línea de pobreza de las sociedades occidentales, pero que sumados representan un excelente potencial de negocios.

La mayoría de estas personas -según el documento- viven con menos de cuatro dólares diarios, no tienen acceso a servicios básicos, propiedad, cuentas bancarias o servicios financieros.
“Lograr que la población BOP ingrese a la economía formal debe constituir un elemento crítico para cualquier estrategia tendiente a generar riqueza y crecimiento inclusivo”, dice el informe sin ruborizarse.

En tal sentido, sugiere atender las necesidades no satisfechas de este mercado como paso esencial para aumentar el bienestar, la productividad y el ingreso, ayudando así a las familias a encontrar un camino de salida de la pobreza. (¿¿??).
“Considerar a los pobres, que también son productores y distribuidores de una inmensa gama de bienes, no es un acto de caridad, sino una oportunidad de negocios”, señala Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, aportando su granito de arena las tesis del reciclamiento rentable de la pobreza.

Casi la mitad de la población del planeta -según la ONU- sobrevive en estado de pobreza o por debajo de la escala de supervivencia, sin satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.

Según el organismo, en el mundo ya hay más de 1.000 millones de personas que padecen hambre, la cifra más alta de la historia, y en todo el planeta hay 3.000 millones de desnutridos.

Todo indica que el “gran desafío” para los tanques de pensamiento del capitalismo europeo y estadounidense, consiste en reciclar esa masa mayoritaria de desecho humano y social que deja la explotación del hombre por el hombre, en nuevos mercados con “potencialidad de desarrollo” y vetas de rentabilidad asegurada.

La pobreza también es rentable, parece ser el nuevo eslogan implícito en las propuestas y proyectos que los expertos del sistema capitalista (generador de pobreza y “población sobrante”) comienzan a desarrollar mediante tesis y teorías que parecen sacadas de un libro de psiquiatría.
¿Demencia decadente o realidad? El capitalismo sionista sigue su ruta.

Fuente: http://www.iarnoticias.com/2009/secciones/contrainformacion/0080_pobreza_rentable_06nov09.html

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Decrecimiento sostenible frente a decrecimiento traumático

En los últimos años, pero especialmente después de agosto de 2007, cuando la llamada crisis económica y financiera explotaba en los Estados Unidos, venimos oyendo hablar de boca de reputados economistas, filósofos y activistas próximos a los movimientos sociales antisistémicos del decrecimiento (referido a la producción y al consumo de las sociedades capitalistas) como única alternativa posible a la crisis del sistema neoliberal. No es una idea banal, ni despreciable en absoluto.

Antes de comenzar, habría que indicar en primer lugar que quienes participamos de la lucha de los movimientos sociales antisistémicos no buscamos alternativas a la crisis del sistema neoliberal. Buscamos alternativas al sistema neoliberal, esto es, que no nos valen las soluciones que proponen los poderosos, pues sólo tratan de “volver a la senda del crecimiento” y recuperar el estado financiero mundial previo a la crisis, como bien demuestran las inyecciones multimillonarias que el G20 acaba de decidir para el FMI, uno de los principales causantes de este desorden mundial que sólo habla de crisis financiera, pero que sobre todo está configurada por una crisis ambiental, una crisis alimentaria y una crisis humanitaria en todos los aspectos. Como bien dice el filósofo José María Ripalda: “Nos presentan una crisis ‘en el’ capitalismo, no una crisis ‘del’ capitalismo; como mucho se habla de algunas reformas legales que nadie cree que vayan ser profundas”.

Por lo tanto, la lucha es por cambiar el sistema, no por recuperarlo, y el decrecimiento un camino necesario que implica no sólo un poco más de conciencia ecológica o humanitaria, sino “un cambio radical en la manera de producir, de consumir y de vivir, una nueva manera de organizarnos social y económicamente” (Paco Fdez. Buey)

En segundo lugar, es muy importante destacar que debemos desterrar la idea de que el culpable de la situación mundial –en la que un 20% de la población explota el 85% de los recursos y en el que más de dos millones de personas mueren de hambre diariamente– es sólo la expresión neoliberal del capitalismo. Cierto es que la imposición mundial del capitalismo bajo su disfraz más bárbaro desde hace aproximadamente dos décadas, de lo que se da en llamar globalización neoliberal, no fue capaz, como afirman sus defensores –decían que el mercado por sí mismo regularía toda disfunción social– de solucionar las necesidades más básicas de la humanidad. Esa doctrina fundamentalmente económica –basada en el crecimiento–, pero también política, ideológica y social, por la que el capital dinero tiene más importancia que la el “capital humano”, generó más desigualdad social, más destrucción ambiental, más desprecio por los derechos humanos, por la diversidad cultural y por la soberanía de los pueblos, más inseguridad en todos los campos, del local al global, y un boquete insalvable entre el centro y la periferia del sistema.

Sin embargo, no es menos cierto que el enemigo no es sólo el neoliberalismo. Es el capitalismo en sí. El neoliberalismo no es más con un capitalismo gordo y seboso, muy pesado y poderoso, pero también con evidentes riesgos cardiovasculares, que por fuerza deben llevar al infarto. Nosotros intentamos inducir ese infarto y a ser posible sin que haya cerca ningún experto en reanimación cardiopulmonar. Como dice François Houtart: “La distinción entre un capitalismo salvaje y un capitalismo civilizado no existe, porque el capitalismo es civilizado cuando debe y salvaje cuando puede”.

TEORÍA DEL DECRECIMIENTO

El razonamiento de la llamada teoría del decrecimiento es bien sencillo, casi de perogrullo, y existe porque existe el crecimiento. El sistema neoliberal imperante se sustenta en la falacia de que un crecimiento continuo –entendido este como crecimiento económico medido más que nada a través del PIB– es directamente proporcional al bienestar de la humanidad. Según dicen proporciona empleo, servicios sociales a pesar de que estos sean privados, bienes materiales a puñados, cohesión social, tecnologías que arreglarán toda disfunción social a largo plazo y camina hacia una mayor igualdad entre los seres humanos. Pero a nadie escapa que este crecimiento, que sólo habla de un crecer infinito en la producción de bienes y servicios (PIB), no es compatible con el hecho de que se cimienta en uno continuo expolio de los recursos naturales del planeta, de la materia y de la energía.

Siendo estos recursos finitos, resulta por lo tanto evidente que el crecimiento continuo es un imposible, y con él caminamos no solo a un cataclismo ecológico irreversible, y por lo tanto a hacer peligrar la vida en el planeta, sino a una deshumanización de la propia especie humana, que extermina culturas, lenguas, civilizaciones y todo lo que signifique futuro. Frente a esto sólo parece quedar un camino, coger la autovía del decrecimiento sí o sí. En nosotros está que ese decrecimiento sea sostenible, controlado, o por el contrario traumático, en forma de recesión primero y grave y conflictiva depresión después, entrando en una especie de economía de guerra.

De este modo, quienes defienden el decrecimiento afirman que no es posible conservar el medio ambiente, y por lo tanto la humanidad, sin reducir la producción económica, responsable de que actualmente estemos superando la capacidad de regeneración del planeta, como veremos más adelante. Hace falta pues caminar hacia reducción radical del consumo y de la producción, estableciendo una etapa de transición hacia una nueva forma de organización social, hacia una economía que produzca bienes en función de las necesidades reales de todas las personas respetando los límites planetarios.

El decrecimiento por lo tanto no es una teoría ni un simple anhelo de los movimientos sociales. Ni siquiera tiene un programa concreto. No existe un comité mundial para el decrecimiento ni una fórmula global para decrecer. De hecho, algunas cosas tendrán que decrecer, más otras no. El decrecimiento es más bien una consigna, o a lo mejor una ley natural inevitable, tan inevitable como la noche después del día, “defendida por quienes realizan una crítica radical del desarrollo con el objetivo de romper el discurso estereotipado y economicista y diseñar un proyecto de recambio para una política del ‘postdesarrollo’? (Serge Latouche).

Vaya, que como dice uno de los padres del decrecimiento, Georgescu-Roegen, “antes o después el crecimiento, la gran obsesión de los economistas estándar y de los marxistas, tiene que terminar. La única pregunta abierta es cuando”.

EL MITO DEL CRECIMIENTO

El crecimiento económico –pues hay otros crecimientos benévolos e incluso deseables– parece ser la única medida que el sistema emplea para legitimarse y de él hicieron un dogma social que quedó impreso en las personas de lo común:
1. Es el objetivo central de nuestras sociedades, el horizonte de las políticas de quien nos malgobierna, incluso desde la izquierda, que discute la redistribución, pero no la producción y el consumo. Históricamente asistimos a un pacto izquierda-derecha con una connivencia de los sindicatos en materia económica.
2. Nadie se pregunta que y para que producir.
3. Hay una prostitución del lenguaje, de las consignas, para convencer a la población, pues sólo se habla de crecimiento (hast
a negativo), como si hablásemos de rejuvenecimiento negativo en vez de envejecimiento (Giorgio Monsangini).

EL CRECIMIENTO NO CUADRA

Según la economía capitalista, o desarrollista, mientras los indicadores económicos vayan bien, ora decir hacia arriba, el nivel de vida de las personas será mejor, porque estas tendrán más bienes materiales y sociedades más tecnológicas que ayudan a ser más felices. De este modo, en los últimos años se extendió por ejemplo la idea de que las economías saneadas tenían que crecer un 3% anual para mantener el bienestar e incluso muchas trasnacionales pusieron el límite de crecimiento anual en un 7%. De lo contrario, lo deseable era la deslocalización para buscar mayores beneficios.

Habría que decir, que esos indicadores económicos no parecen fiables más que para hacer cuadrar las cuentas anuales de los consejos de administración de las grandes empresas y como argumento discursivo del político de turno. Así, el PIB, o el valor monetario total de la producción corriente de bienes y servicios de un país durante un período, es, según J. K. Galbraith “una de las formas de engaño social más extendidas”. De hecho, el PIB mide exclusivamente la producción de bienes y servicios (sean estos coches fabricados, minerales extraídos, árboles talados, construcción de presidios, gestión de accidentes y desastres naturales, o armas producidas y vendidas), pero no tiene en cuenta ni la justicia social ni los costes medioambientales, que son básicos para el buen vivir de la humanidad, por lo que equipararlo al “progreso” social es una barbaridad. Como bien dice Carlos Taibo: “un bosque convertido en papel aumenta el PIB, mientras que ese bosque indemne, decisivo para garantizar la vida, no computa como riqueza”.

Sólo lo que produce PIB parece ser deseable para la sociedad. De este modo, una familia campesina que cultive sus vegetales para autoconsumo, que críe el ganado del que se alimenta y del que obtiene trabajo en las plantaciones, que haga su vino y su pan o que repare su vivienda, no estaría generando prácticamente PIB, no generaría riqueza y, por lo tanto, para el sistema imperante sería una familia de infelices que no es deseable para la humanidad. No obstante, para todos es entendible que esa familia produce bienes no intercambiables por dinero que aumentan mucho su calidad de vida. Ya lo dice Monsangini: “El PIB crece cuando culturas, formas de vida, bienes no intercambiables… son sustituidos por mercancía”.

Entre otras, hay dos cuestiones claves que deslegitiman claramente el mito del crecimiento:
1. No ha generado tanto bienestar como dicen para la humanidad
2. Con él se está superando la biocapacidad del planeta, o sus límites ambientales
1-. Si bien es cierto que el crecimiento ha generado beneficios para la humanidad, esto sólo es aplicable la una minoría de esa humanidad, la del Norte global y, además, es muy discutible que los techos económicos conseguidos hoy sean beneficiosos incluso para esa parte de la humanidad privilegiada. Bien apunta Carlos Taibo que la mayor parte de sociedades “occidentales” piensan que vivían mejor en la década de 1960 –antes del neoliberalismo– y que los porcentajes de ciudadanos y ciudadanas que se declaran felices y satisfechos es cada vez menor. Más bienes materiales, no implican felicidad. Es más, la obsesión por la acumulación de bienes genera más infelicidad.

Por otro lado, hay datos de peso que corroboran que el neoliberalismo redundó en el perjuicio de la mayor parte de la población mundial. Si en 1960 la brecha entre lo 20% más rico del planeta y el 80% más pobre era de 1 a 30, hoy es de 1 a 80. Las desigualdades son pues cada día más gigantescas, tanto entre el Norte y el Sur del planeta como en el interior de los Estados, incluyendo los de la UE y los EUA, que acopian alarmantes bolsas de pobreza, desempleo, degradación ambiental, pérdida de coberturas sociales, etc. en un meteórico proceso que ya se conoce como la tercermundialización de las ciudades occidentales. El sueño americano, por ejemplo, es hoy es imposible para más de 38 millones de personas, que son las que en los EE.UU viven bajo la línea de la pobreza.
2-. El otro dato tiene que ver con la capacidad del planeta para sustentar la vida. El crecimiento, la producción de bienes y servicios, necesariamente aumenta el consumo de recursos naturales, y este consumo es mucho mayor que la capacidad de regeneración del planeta.

Todos los indicadores apuntan al agotamiento de recursos. Con las tendencias actuales, que según la teoría del crecimiento deben aún crecer, el pico del petróleo se producirá entre 2010 y 2040, sólo queda gas natural para 70 años, uranio para 80-160, carbón para 150; el cambio climático es un hecho, la extinción de especies supera 5.000 veces a la de fondo y la mitad de la diversidad biológica puede desaparecer la finales del próximo siglo, etc.

Uno de los indicadores más utilizados es el de la huella ecológica, esto es, el cálculo en hectáreas del espacio necesario de una persona o grupo de personas (un país, una comunidad) dado para obtener sus recursos y descartar sus residuos. La huella ecológica es muy complicada de medir y cuantitativamente es muy dudosa, pues no atiende por ejemplo a la contaminación –solo al CO2 y a la energía nuclear–, ni a que compartimos espacio en el planeta con otras especies. Sin embargo, cualitativamente es muy indicativa. Hoy la humanidad ya está usando 1,3 Tierras y según los pronósticos en 2050 usaremos 2 Tierras. Superamos la biocapacidad del planeta en 1980 y la triplicamos entre 1960 y 2003, de manera que hoy, por ejemplo, un norteamericano precisa 12,9 (5,5 en los EE.UU y 7,9 fuera) hectáreas de Tierra para producir todo lo que consume y echar los residuos que genera, mientras que un habitante de Bangladesh usa 0,56 Tierras. La capacidad de carga del planeta es de 1,9 has/habitante. Además, todos los países del Norte tienen más huella ecológica de la que tiene la capacidad de carga de su país, de manera que el resto lo obtienen del Sur.

Por causa de estas cifras deducimos que si todos los habitantes de la Tierra viviesen como los europeos precisaríamos 3 Tierras, y para vivir como los estadounidenses 7.

Y un dato para la reflexión que nos proporciona Xan Duro (Verdegaia): “el único país del mundo que en base a los índices de desarrollo humano de la ONU y el PIB, supera el umbral de retraso pero se mantiene dentro de los parámetros de la sostenibilidad es Cuba”.

NO AL DESARROLLO SOSTENIBLE

Y entre crecimiento y decrecimiento hay algo? Para muchos el desarrollo sostenible. Un crecer con cuidadito bastante ilusorio. El decrecimiento, como necesidad social y planetaria, se opone radicalmente al término tan empleado y, para muchos y muchas activistas, ya vacío de contenido de “desarrollo sostenible”, especialmente porque la clase política y empresarial ha identificado desarrollo con crecimiento, de manera que se da una flagrante contradicción: lo que se desarrolla no puede ser sostenible, y lo que es sostenible no se desarrolla. Este término, nacido del informe Brundtland en 1987 y adoptado por los poderosos después de la cumbre de Río de 1992, para muchos autores (J.M. Naredo) “está sirviendo para mantener la fe en el crecimiento de
los países industrializados”.

Si bien es obvio que los límites del planeta son aceptados por todos, desde los economistas neoliberales a los ecologistas, para los primeros los avances tecnológicos permitirán superar todos los techos que la naturaleza imponga, de manera que podemos seguir creciendo y confiar en la ciencia. Ese es el argumento fundamental, porque no hay otro, para defender que sí puede haber un crecimiento sostenible y para rebatir las pótesis de quienes defienden la necesidad de tomar la senda del decrecimiento. Para estos gurús, el progreso tecnológico abre el camino hacia desmaterialización de nuestras economías, dando cuerpo a tejidos productivos cada vez menos dependientes de la materia y de la energía. Mas cómo dice Mauro Bonauti: “quieren hacernos creer que se pueden hacer más pizzas con menos harina, simplemente empleando un horno mayor o más cocineros”. ¿No son las economías más “avanzadas” las que gastan más materia y energía?

El decrecimiento descarta el efecto del crecimiento tecnológico con el llamado Efecto Rebote: a pesar de que se empleen menos materia y energía gracias a los avances tecnológicos, el fomento del consumo siempre produce más gasto.

EL DECRECIMIENTO COMO CONSIGNA

Estamos delante de una corriente de pensamiento y un movimiento social a la vez.
1-. Corriente de pensamiento

La noción de decrecimiento surge fundamentalmente del trabajo de Nicholas Georgescu-Roegen, un economista norteamericano de origen rumano que escribió su obra entre los años 60 y 70 –escribe su obra más famosa, ‘The Entropy Law and the Economic Process’ en 1971, antes de la crisis del petróleo– y que se considera padre de la bioeconomía, por la que aplicaba leyes físicas y biológicas a la economía. El empleo de la segunda ley de la termodinámica, mediante la cual la entropía –la energía que no puede utilizarse para producir trabajo– de cualquier sistema cerrado aumenta con el tiempo de manera irrevocable e irreversible, está en la base de sus teorías. Al estar la humanidad atada por el hecho de que se enfrenta a la dependencia absoluta de energía y materia que se degradan continuamente, tenemos que reducir drásticamente nuestro consumo hasta respetar los límites de la biosfera.

También hay que tener en cuenta el famoso informe del Club de Roma de 1972 (Los límites del crecimiento), en el que se afirmaba que en un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial (no sólo el PIB, también la población) no son sostenibles; de suerte que se debería tender la un crecimiento cero, teoría defendida por otros economistas, como Herman Daly, y descartada por Georgescu-Roegen antes y por indicadores como la huella ecológica hoy.

Otros antecedentes teóricos los encontramos en Karl Polanyi, Jaques Grinevald, André Gorz, Edgar Morin, Ivan Illich (contraprodutividad), etc.

Desde aquel entonces son muchos los autores que investigan hoy sobre decrecimiento, especialmente en Francia, por gente como Serge Latouche, Vincent Cheynet, François Scheneider… y varios italianos, como Mauro Bonaiuti, Maurizio Pallante, Paolo Cacciari, etc.

Dentro de los teóricos del decrecimiento es Cheynet el que da en el clavo al diferenciar entre decrecimiento sostenible y decrecimiento insostenible, o traumático, poniendo como ejemplo del segundo el caso de Rusia desde 1990, con datos alarmantes, como que la esperanza de vida era de 70 años en 1980 y de 59 en la actualidad.
2-. Movimiento social a tres escalas
1. Individual (simplicidad voluntaria, autoproducción de bienes y servicios, etc.)
2. Colectiva (autogestión, cooperativas de consumidores, banca ética, redes sociales de intercambio, etc.)
3. Acción Política (propuestas, movilizaciones, etc.)
¿QUÉ SOCIEDAD BUSCA EL DECRECIMIENTO?

Valdría para explicarlo un texto de André Gorz:
“Intenten imaginar una sociedad fundada en estos criterios. La producción de tejidos muy resistentes, de zapatos que duren años, de máquinas fáciles de reparar y capaces de funcionar un siglo, todo ello está, desde hace tiempo, al alcance de la técnica y de la ciencia de la misma forma que la multiplicación de instalaciones y de servicios colectivos (de transporte, de lavado, etc.) que nos libren de la compra individual de máquinas caras, frágiles y devoradoras de energía.

Imaginen en cada inmueble colectivo 2 o 3 salas de televisión (una por programa); una sala de juegos para los niños; un taller bien equipado de bricolage; una lavandería con secadora y plancha: tendrían ustedes todavía la necesidad de todos vuestros equipamientos individuales, y seguirían atascándose en las carreteras si hay transportes colectivos cómodos hacia los lugares de descanso, aparcamientos para bicis y ciclomotores, una red de transportes en común para las afueras y las ciudades? Imaginen también que la gran industria, planificada centralmente, se limita a producir lo necesario: 4 o 5 modelos de zapatos y de prendas que duren, 3 modelos de coches robustos y transformables, además de todo lo necesario para los equipamientos y servicios colectivos. Es imposible en economía de mercado? Sí. Sería el paro masivo? No: la semana de 20 horas, a condición de cambiar el sistema. Sería la uniformidad y la monotonía? No, pues imaginen esto también: cada barrio, cada municipio dispone de talleres, abiertos día y noche, equipados de toda una gama tan completa como sea posible, de herramientas y máquinas, dónde los habitantes, individualmente, colectivamente o en grupos, producirán ellos mismos, fuera del mercado, lo superfluo, en función de sus gustos y deseos. Como sólo trabajarán 20 horas por semana (y puede que menos) para producir lo necesario, los adultos tendrán todo el tiempo de aprender todo lo que los niños aprenderán por su lado en la escuela primaria: trabajo de la madera, del cuero, de tejidos, de la piedra, de metales; electricidad, mecánica, cerámica, agricultura…
¿Es una utopía? Puede ser un programa. Pues esta “utopía” corresponde a la forma la más avanzada, y no la más frustrada del socialismo: a una sociedad sin burocracia, dónde el mercado decae y dónde hay suficiente para todos y dónde las personas son individualmente y colectivamente libres de modelar sus vidas, de elegir lo que quieren hacer y tener además de lo necesario: una sociedad dónde el libre desarrollo de todos sería a la vez el fin y la condición del libre desarrollo de cada uno Marx dixit”.

LAS TRES DIMENSIONES DEL DECRECIMIENTO
1. Ecológica: la conservación de la naturaleza es una premisa irrenunciable
2. Económica: Menos producción y consumo. Por ejemplo, la reducción y reparto del tiempo de trabajo. Latouche lo cifra en 4 o 5 horas diarias, Gorz en 1000 horas en vez de 1600. Con esto conseguiríamos que la gente no se sintiese excluida y trabajar para proporcionar bienes y servicios necesarios. Saliéndonos de la economía del trabajo produciríamos menos porque precisaríamos consumir menos. Bonaiuti argumenta la reducción drástica del consumo provocaría malestar social, desocupación y, en última instancia, el fracaso de la política económico-ecológica alternativa. Propugna, en consecuencia, potenciar los “bienes relacionales” –atenciones, conocimientos{_V
IR_} participación, nuevos espacio de libertad y de espiritualidad, etc.– y caminar hacia una economía solidaria. El decrecimiento material tendría que ser un crecimiento relacional, convivencial y espiritual.
3. Social: Simplicidad voluntaria y autosuficiencia, cambios en los parámetros de vida, volver a las sociedades colectivas. Ruralización frente a urbanización, reparto frente a acumulación, localización frente a globalización, decrecimiento frente a hiperconsumismo, ocio frente a trabajo obsesivo; menos, menos, menos…
¿Y COMO APLICARLO?

Los teóricos esgrimes dos básicamente dos maneras:
1. Autogestión de las comunidades más allá de los aparatos de Estado
2. Con una planificación central, con aire socialista
¿CÓMO DECRECER?

Serge Latouche lo intenta resumir de manera gráfica y parcialmente en su programa de las 8 R: Revaluar (revisar nuestros valores: cooperación vs. competencia, altruismo vs. egoísmo, etc.); Recontextualizar (modificar nuestras formas de conceptualizar la realidad, evidenciando la construcción social de la pobreza, de la escasez, etc.); Reestructurar (adaptar las estructuras económicas y productivas al cambio de valores); Relocalizar (sustentar la producción y el consumo esencialmente la escala local); Redistribuir (el acceso a recursos naturales y las riquezas); Reducir (limitar el consumo a la capacidad de carga de la biosfera); Reutilizar (contra el consumismo, tender hacia bienes durables y a su reparación y conservación); Reciclar (en todas nuestras actividades).

Las propuestas son infinitas:
1. Relocalización de la economía a escala local: evitar la concentración de empresas. Mercados locales y artesanados que generen una economía local, de calidad y sin publicidad.
2. Relocalizar la producción y también la política.
3. Abandono del consumismo y la publicidad.
4. Economía solidaria (comercio justo, banca ética, consumo crítico, cooperativas de consumo, intercambios no mercantilizados como las redes de cambio).
5. Reparto de recursos.
6. Salario máximo y renta básica.
7. Autoproducción de bienes y servicios.
8. Prohibir privatizar servicios públicos esenciales (agua, educación, sanidad y bienes comunes; con lo que también se generaría trabajo).
9. Abandono absoluto de la agricultura intensiva por la agroecología.
10. Energías renovables, menos consumo, eliminaciones de las no renovables.
11. Desindustrialización: Cerrar las industrias automovilística, militar, aviación y reconducir el empleo hacia campos relacionados con la satisfacción de las necesidades sociales y ambientales.
12. Desurbanización (vivimos en el 0,2% de la superficie del planeta. Las ciudades son parásitas del crecimiento).
13. Ciudades en transición (Slow cities).
¿CUANTO DECRECER?

Hay quien habla del 5% anual para no entrar en convulsión, en el caos. En los países pobres sería otra cosa, pero sobre todo que no sigan nuestro modelo. Para esos países se impone, en la percepción de S. Latouche, un listado diferente de “R”: Romper con la dependencia económica y cultural con respeto al Norte, Retomar el hilo de una historia interrumpida por la colonización, el desarrollo y la globalización, Reencontrar la identidad propia, Reapropiar esta, Recuperar las técnicas y saberes tradicionales, conseguir el Reembolso de la deuda ecológica y Restituir el honor perdido.

ALTERNATIVAS REALES EN MARCHA

Hay movimientos ciudadanos muy importantes que optan por el decrecimiento, especialmente en Francia e Italia.

En Francia hay desde Institutos de estudios económicos sobre el decrecimiento sostenible (www.decroissance.org) a una revista semanal, ‘La Décroissance’ 8también con redacción en Italia), que ya tiene una tirada de 50 mil ejemplares. También existen movimientos como la Red de Objetores de Crecimiento e iniciativas prácticas muy abundantes, como los SEL (Sistemas de intercambio locales), las RES (redes locales de economía solidaria) y los famosos AMAP (asociaciones para el mantenimiento de la agricultura campesina), que cada mes pagan una pequeña cantidad que le permite al productor disponer del dinero y él va suministrando de productos de temporada a los socios y que ya alimentan a un millón de franceses y francesas.

En Italia cabe destacar la Rete per la descrescita (www.descrescita.it), en Catalunya la Entesa pel decreixement (www.decreixement.net), etc.

En otros lugares, como en mi país, Galiza, las iniciativas están surgiendo sin parar en los últimos años. Se cuentan ya varias cooperativas de consumo (Árbore, Xoaniña, Semente, etc.), mercados de cambio, redes de comercio justo, masas críticas, Fiare y Coop 57 (banca ética), red de permacultura (ecoaldeas), etc.

Son alternativas reales, locales que, paradójicamente, de crecer implicarían ya de por sí decrecimiento. No hay una fórmula, pero todo comienza por actitudes personales y sobre todo por lo local, pues difícilmente los poderosos van a aceptar un camino de decrecimiento controlado. ¿O sí?
ttp://www.altermundo.org/content/view/2320/175/

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Miguel d’Escoto abre la Conferencia sobre Crisis y Desarrollo en la ONU: ";Salvaguardar el Bien Común de la Tierra y la Humanidad";

ALAI AMLATINA, 24/06/2009.- El presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, Miguel d’Escoto Brockmann, inauguró hoy, 24 de junio, en Nueva York, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Crisis Financiera y Económica Mundial y su Impacto Sobre el Desarrollo, con un discurso sobre “La actual crisis financiera y económica mundial a la luz del bien común de la tierra y de la humanidad”.

El evento, llamado también el “G192”, reúne a altos representantes de los gobiernos del mundo para explorar soluciones, no solo a la crisis económica y financiera, sino al conjunto de crisis que amenazan a la humanidad y al planeta, ya que, como afirmó d\’Escoto, “los retos de las diferentes crisis están todos interconectados y nos obligan a nosotros, representantes de los pueblos de la Tierra, a proclamar nuestra responsabilidad unos hacia los otros y a que juntos, con gran esperanza, busquemos soluciones incluyentes.”

El ex canciller nicaragüense advirtió que: “No es humano ni responsable construir una Arca de Noé que salve solamente al sistema económico imperante dejando a la gran mayoría de la humanidad a su propia suerte, sufriendo las nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable, aunque poderosa minoría.”

Al prevenir que “hemos llegado a la última frontera”, d\’Escoto subrayó la necesidad de buscar un modelo sostenible de vivir. “El egoísmo y la codicia no se pueden remendar. Tienen que ser sustituidos por la solidaridad y eso, obviamente, implica un cambio radical. Si realmente lo que queremos es una paz estable y duradera, debemos estar absolutamente claros que debemos ir más allá de controles y correcciones del modelo existente y crear algo que apunte hacia un nuevo paradigma de convivencia social. (…) Hemos construido una economía globalizada. Ahora es el momento de crear una política y una ética globalizadas a partir de las muchas experiencias y tradiciones culturales de los diferentes pueblos”, afirmó.

Este reto, según el Presidente de la Asamblea, implica incorporar la óptica que viene de las ciencias de la Tierra, según las cuales la Tierra está insertada dentro de un vasto y complejo cosmos en evolución. “Esta concepción contemporánea se compagina con la ancestral visión de la Humanidad y de los pueblos originarios para los cuales la Tierra siempre fue y es venerada como Madre”, subrayó, añadiendo que “Lamentablemente, a raíz de nuestro excesivo consumo y despilfarro, la Tierra ha ultrapasado ya en 40% su capacidad de reposición de los bienes y servicios que generosamente nos ofrece”.

De esta óptica debe nacer una nueva ética planetaria del bien común, cuya primera afirmación, según d\’Escoto, consiste en proclamar y salvaguardar el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad; se trata de bienes que no pueden ser apropiados privadamente por nadie y deben servir a la vida de todos, de las presentes y de las futuras generaciones y de la comunidad de los demás seres vivientes, señaló.

Estos bienes fundamentales serían: la propia Tierra, la biósfera de la Tierra -especialmente el agua, los océanos y los bosques-, los climas de la Tierra y la propia Humanidad como un todo. Respecto a esta última, d\’Escoto plantea como indispensable la abolición de las armas nucleares por completo, no simplemente reducción o no proliferación.
Estrategias frente a las crisis

A la luz de estos principios éticos, el Presidente de la Asamblea puso a consideración cinco estrategias de salida a las actuales crisis, con miras a dar las bases para lo que llama una biocivilización:
“Primero: la utilización sostenible y responsable de los escasos recursos naturales. Esto implica superar la lógica de la explotación de la naturaleza y fortalecer la relación de respeto y de sinergia.

“Segundo: devolver a la economía su debido lugar en el conjunto de la sociedad, superando la visión reduccionista que la hizo el gran eje estructurador de la convivencia humana. La economía debe ser respetuosa de valores y no fuente de valores; debe ser vista como la actividad destinada a crear, dentro del respeto de las normas sociales y ecológicas, las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos sobre el planeta.

“Tercero: generalizar la democracia a todas las relaciones sociales y a todas las instituciones. No solamente aplicarla y profundizarla en el campo político, con una nueva definición del Estado y de los organismos internacionales, sino también ampliarla al área de la economía, de la cultura y de la relación entre hombres y mujeres para que sea un
valor universal y verdaderamente una democracia sin fin.

“Cuarto: forjar un ethos mínimo desde el intercambio multicultural y desde las tradiciones filosóficas y religiosas de los pueblos, a fin de que puedan participar en la definición del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra y en la elaboración de nuevos valores.

“Quinto: potenciar una visión espiritual del mundo que haga justicia a las búsquedas humanas por un sentido trascendente de la vida, de la labor creativa de los humanos y de nuestro corto tránsito por este pequeño planeta”.

Asimismo, d\’Escoto nombró cinco principios éticos para mantener viva la realidad dinámica y en construcción del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra: el respecto, el cuidado, la compasión, la responsabilidad universal y la cooperación.

Para concluir, expresó la profunda convicción de que el escenario actual no es de tragedia sino de crisis. “La tragedia termina mal con una Tierra desvastada pero que puede continuar sin nosotros.
El actual dolor no es el estertor de un moribundo, sino el dolor de un nuevo parto”, declaró. Y recordó a los representantes de los gobiernos que “para poder aprovechar las oportunidades que la actual crisis nos presenta, tendremos que deponer actitudes egoístas. Estas, en verdad, sólo buscan preservar un sistema que, supuestamente, beneficia a una minoría y claramente tiene nefastas consecuencias para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta”.

* Ver el texto completo del discurso de Miguel d\’Escoto: http://alainet.org/active/31207

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El ALBA pondrá en funcionamiento el SUCRE antes de finales de 2009 Un adoquín en el estanque del G20 y el FMI…

Entre la cumbre del G20 y la de los siete miembros (1) del ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) (2), la disposición, obviamente, no es la misma, ni mucho menos. Sin embargo, es inevitable comparar los resultados de esos dos encuentros celebrados con quince días de diferencia: el primero, el 2 de abril en Londres, el otro en Cumaná los días 16 y 17 de abril, en el estado venezolano de Sucre, la víspera de la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago. Lo que salta a la vista es el carácter totalmente opuesto de las conclusiones de ambos.

A la sombra de la City, el planteamiento era la salvación de un modelo capitalista neoliberal que se hunde, pero sin renunciar, a pesar de todo, a sus dogmas fundamentales –que son el origen de la crisis sistémica actual- y que actúan en nombre de la libertad de circulación del capital y del libre comercio. Unos dogmas que, de paso hay que recordarlo, tienen el estatuto de «libertades fundamentales» de la Unión Europea, como lo recalca el Tratado de Lisboa. Más allá de una serie de declaraciones de intención dirigidas tímidamente a volver a regular la locura financiera y algunos de sus «agujeros negros» -los paraísos fiscales-, la principal medida concreta de la Cumbre de Londres consiste en reforzar la capacidad intervencionista del FMI triplicando los fondos que tiene a su disposición, pero sin cambiar sus «condicionamientos». Su director general, el «socialista» Dominique Strauss-Kahn –a quien su amigo Nicolas Sarkozy contempló como un primer ministro potencial-, se encargará de la operación de salvamento.

En Cumaná, el tono de las intervenciones y la declaración final han sido muy diferentes. Para seguir en el terreno económico (3), el ALBA rechaza categóricamente al G20 como instancia representativa mundial y propone otra institución en su lugar: sencillamente la ONU. Así, los dirigentes de los Estados miembros del ALBA responden afirmativamente a la invitación del Padre Miguel d’Escoto, presidente (nicaragüense) en ejercicio de la Asamblea General de las Naciones Unidas, para participar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera mundial y sus efectos sobre el desarrollo, que se celebrará en Nueva York del 1 al 3 de junio de 2009. Es exclusivamente la ONU, y no el G8 o el G20, quien debe tomar las decisiones que afectan a sus 192 miembros.

De la misma forma, el ALBA rechaza las políticas e incluso existencia del FMI, el Banco Mundial y la OMC. Sobre todo, se tomó una decisión principal: la de establecer, antes de finales del presente año 2009, las estructura del Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE) (4), cuyas líneas maestras se adoptaron en la Cumbre anterior del ALBA, en noviembre de 2008. Con la presencia, como invitado, de Fernando Lugo, el presidente de Paraguay, los siete Estados miembros del ALBA, así como Ecuador, firmaron un acuerdo marco para la creación de las cuatro estructuras del SUCRE: Un Consejo monetario regional; una unidad monetaria común que funcionará como una moneda virtual, con la perspectiva de convertirse en moneda física; una Cámara Central de Compensación y un Fondo de Reserva y Compensación Regional.

Esta iniciativa de integración monetaria no tiene precedentes en el mundo, aparte –ciertamente con un espíritu muy distinto- de la creación en Europa del ECU y después el euro (5). Dicha integración monetaria tiene como objetivo, gracias un fondo de reserva bien dotado, la protección de los ocho estados participantes contra los riesgos de una crisis económica desestabilizadora, en un proceso de solidaridad regional, y los transforma en «territorios libres del FMI». También permitirá, por la solidaridad y la complementariedad, y no por la competitividad, un fuerte desarrollo de los intercambios en el ámbito de la zona, liberados de la dictadura del dólar. Finalmente, la iniciativa sigue abierta a los demás Estados que el presidente Chávez denomina suramericanos, es decir, América Latina y las islas del Caribe.

Hay que señalar que el banco del ALBA (entidad distinta del SUCRE) ha desbloqueado los créditos, entre otros, para los proyectos de alfabetización y desarrollo agrícola en Haití (con un apartado para alfabetización en este país), así como en Honduras, Surinam, Guyana, Jamaica, San Vicente y las Granadinas, Nicaragua y Belice. También hay que señalar que cinco de estos países no son, o no todavía, miembros del ALBA.

ALBA y SUCRE, dos estructuras regionales, pero con un eco internacional emblemático, que deberían estar en el centro de todos los debates sobre las alternativas concretas al neoliberalismo. Ciertamente hay que denunciar al G20, el FMI, etcétera. Pero en definitiva se les dejará campo libre si no se estudian, difunden y apoyan las iniciativas de los gobiernos de pequeños países que, manos a la obra, se esfuerzan para llevar a cabo otras rupturas distintas de las retóricas.

Notas
(1) La Cumbre de Cumaná ratificó la adhesión al ALBA de un nuevo miembro, San Vicente y las Granadinas, un Estado anglófono de 120.000 habitantes, de las Pequeñas Antillas. Los otros seis miembros son Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela.
(2) La denominación oficial es ALBA/TCP, estas tres últimas iniciales en referencia al «Tratado de Comercio entre los Pueblos».
(3) La declaración final de la Cumbre del ALBA da una gran importancia a la solidaridad con Cuba y, en víspera de la Cumbre de las Américas, exigía el fin inmediato y unilateral del bloqueo estadounidense.
(4) Cumaná no se eligió al azar para acoger la Cumbre: En esta ciudad nació José Antonio de Sucre «el gran mariscal de Ayacucho» hermano de armas de Simón Bolívar.
(5) Aunque las modalidades del cálculo del importe de cada moneda nacional de las que componen la «cesta» que será el SUCRE como moneda virtual y después, eventualmente, como moneda única, están en vías de definición, nadie se imagina que esa decisión se pueda confiar a una autoridad «independiente» de los gobiernos. Y dicha moneda se pondrá al servicio de un proyecto político y social de solidaridad regional. Es decir, lo contrario que las misiones y reglas de funcionamiento del Banco Central Europeo.

Rebelión

Traducido para Rebelión por Caty R.

Texto original en francés: http://www.medelu.org/spip.php?article211

Bernard Cassen es miembro de «Attac France» y de la asociación «Mémoire des Luttes». Ha escrito, en colaboración con Christophe Ventura, el libro: En finir avec l’eurolibéralisme, Editions des 1001 Nuits, París, 2008.

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Hegemonía del valor de uso social avanzado: clave para superar las sociedades actuales

Valores de uso colectivos predominaban en los primordios de la humanidad, cuando aún no había comercio ni, prácticamente, valores en circulación. Con la emergencia de un comercio aún incipiente, surge la mercancía, pero el valor de uso de la misma aún domina el valor. En la era del capitalismo, de la social-democracia y del socialismo, con la universalización del comercio y el control de los medios de producción por sus dueños o por los administradores de empresas estatales y socialistas, el valor pasa a subyugar el valor de uso de las mercancías. A pesar de muchos avances indiscutibles, esta situación histórica crea innumerables problemas y un malestar persistente para la humanidad y debe ser superada. Aquí se defiende que el secreto para entender lo esencial de una sociedad futura más justa, igualitaria y sostenible ética, económica y ecológicamente está escondido en los cambios históricos que ocurrieron y que van a ocurrir aún en la relación entre valor de uso y valor.

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Eco-socialismo o barbarie

Desde los primeros Informes para el Desarrollo Humano publicados desde 1997 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNDU) leíamos, en la carta de buenas intenciones para el fin del milenio, algunas recetas para erradicar la pobreza en la que destacaban: igualdad de género, crecimiento en beneficio de los pobres, participación del Estado en la alianza entre la política y el mercado, entre otras. Sin embargo la situación de marginalización, desigualdad estructural y exclusión social se ha agudizado. Actualmente en 2008 el PNDU informa que: más de 1000 millones de seres humanos viven con menos de un dólar al día, que el 20% de la población mundial acapara el 90% de los recursos (todavía en 2003 se decía que era el 80%), que las mujeres ganan 25% menos que los hombres en competencias similares, que 30 000 niños de menos de 5 años mueren al día a causa de enfermedades que pudieron ser evitadas.

El sistema capitalista, actualmente en una crisis estructural sin precedentes[3], no puede seguir paliando sus contradicciones[4], día a día, muestra a través de gobiernos ilegítimos y de organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio sus mecanismos de exclusión. El libre mercado, al que nuestros políticos rastreros le han apostado, sólo ha servido para seguir sumiendo al pueblo en la pobreza. Sin embargo, cuando se trata de rescates bancarios (FOBAPROA, IPAB) o reformas energéticas la “mano del Estado” actúa en beneficio de los “de arriba”.

Por otra parte, el precepto básico de “progreso” emanado de una cerrazón evolucionista debe ser erradicado. Su falacia naturalista debe ser increpada por un enfoque historicista y de corte libertario que permita develar los intereses ocultos de las clases dominantes. En otras palabras, necesitamos confrontar teórica y políticamente los mitos, las imágenes y las figuras discursivas del poder. De ahí que sea fundamental una perspectiva que cuestione radicalmente conceptos y categorías que no sólo encubren la explotación sino que además consolidan la matriz ideológica del sistema.

El “pecado estructural” -llamado así por los teólogos de la liberación- y el grito de la Tierra -para usar la expresión de Boff- deben ser tomados en cuenta de manera radical en todo proyecto político, es decir, se debe ir a la raíz de los problemas sociales y ambientales. En este sentido, el eco-socialismo es un proyecto emancipatorio que parte de ciertas premisas como son: la exigencia de la propiedad colectiva de los medios de producción, la satisfacción de las necesidades sociales en armonía con la naturaleza, la complementariedad del principio de responsabilidad (H.Jonas) con el principio de esperanza (E.Bloch) y la ruptura con el paradigma productivista[5].

No faltará quien, por razones ideológico-políticas, intente ligar socialismo con aparatos represivos, partido único, Gulags, entre otros, para denostar la carga revolucionaria y emancipatoria que encierra ese proyecto utópico. Indudablemente no se debe confundir “el terrorismo de estado” practicado por los malogrados gobiernos soviéticos (Leszek Koł;akowski), como tampoco se debe entender “santa inquisición” como sinónimo de cristianismo (Hans Küng) o “el crimen sionista” como expresión ética del humanismo semita (Enrique Dussel).

La defensa de la naturaleza no puede estar desarticulada sin la lucha contra el capital, ya que sólo una actitud revolucionaria puede transformar de manera convincente las secuelas del modelo de civilización. Por tanto argüimos que el “discursillo arribista” de nuestros partidos verdes y que los proyectos de eco-desarrollo o eco-turismo enarbolados por las ONG´s colonialistas no puedan ser una solución sino, al contrario, son mecanismos de reificación de los problemas que padecemos: crisis económicas, sociales y ecológicas.

Hoy, más que nunca, es fundamental un cambio de paradigma y de horizonte civilizatorio. Grupos radicales del movimiento “sin tierra” en Brasil, de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador y del movimiento zapatista en Chiapas siguen nutriendo la puesta en marcha de proyectos comunitarios de autogestión bajo una exigencia ética de liberación por parte de nuestros pueblos.

Aunque en algunas ocasiones a nuestras “buenas consciencias” latinoamericanas les guste blanquearse y soslayen nuestro lugar como economías coloniales en el sistema internacional y a ochenta años de la publicación de los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, sostenemos con Mariátegui que: “el destino del hombre es la creación. Y el trabajo es creación, vale decir liberación”.
[1] Texto publicado en el suplemento “Definitivamente Jueves” del diario mexicano El columnista el 15 de enero de 2009.
[2] Sociólogo mexicano.
[3] Immanuel Wallerstein utiliza los ciclos de Kondratieff para explicar las etapas relativamente largas del sistema-mundo en una fase de expansión y una de concentración de la economía (fases A y B). La duración de cada fase es aproximadamente de 25 a 30 años. Las fases se distinguen notablemente por la primacía del pleno empleo o el desempleo, la preponderancia de la producción o las inversiones financieras como fuente principal de beneficio, el perfeccionamiento de las técnicas existentes o la innovación en la producción. La transición en la que se encuentra el sistema-mundo es, quizá, la más significativa desde hace más de cinco siglos. Cfr., Después del liberalismo, Siglo XXI, México,1999.
[4] Indudablemente nos referimos a la inmanente entre capital/trabajo, pero también a la analizada por James O´Connor que refiere a las condiciones de producción (tierra, suelo, naturaleza, etc.) demostrando que el capitalismo es un sistema ecocida. Cfr., Natural Causes. Essays in Ecological Marxism, The Guilford Press, New York&London,1998. [5] Cfr. Michael Löwy, Ecologia y socialismo, Cortez Editora, São Paulo, 2005.

AndradeRebelión

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Los límites de la sustitución energética demanda de otra civilización

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DES/COLONIALIDAD DEL PODER: EL HORIZONTE ALTERNATIVO

Desde mediados de 1973, el patrón de poder global colonial/moderno(1) inició un proceso de radical reconfiguración que tiene carácter contrarrevolucionario. Mediante el desempleo masivo llevó a los trabajadores a una derrota mundial, y con la desintegración del despotismo burocrático (llamado “campo socialista”) y la implosión final de la URSS, eliminó a sus rivales en la hegemonía mundial, lo que también produjo la desintegración de los movimientos y organizaciones que le eran realmente críticas y antagonistas. De ese modo, las más profundas tendencias que le son inherentes, en este contexto histórico pudieron ser desarrolladas virtualmente sin resistencia hasta mediados de la década final del siglo xx.

Este proceso implica todo un nuevo período histórico, cuya significación es equivalente a lo que ocurrió con la llamada “revolución industrial burguesa”, pero que lleva a la actual existencia social en un sentido histórico virtualmente inverso al que fue entonces producido. No solo las formas de dominación, de discriminación, de explotación serán, son ya en realidad, cada vez más brutales y violentas Llevarán a la destrucción de las condiciones de vida en nuestro planeta, a la deliberada polarización social extrema y a la extinción por hambre de una gran parte de nuestra especie. Peor aún, mucho peor, está logrando imponer, sobre todo en las nuevas capas medias, la hegemonía de un extremo pragmatismo, como un sentido común que lleva a conformarse y a convivir con todo eso mientras pueda usarlo y consumirlo. Es decir, básicamente contrario al que fue el proyecto central de la colonial/modernidad.

Al mismo tiempo el capitalismo colonial/moderno ha logrado producir un desarrollo científico/tecnológico que permite obtener mayor provecho de la nueva inteligencia de la especie, individual y asociada, como recurso para una producción material e inmaterial sin límites previos, en escala mundial. Eso ha generado en el capital un nivel donde ya no se produce empleo asalariado, que opera por medio de una nueva forma de acumulación financiera y requiere el máximo control de la subjetividad y de la autoridad.

Así, pues, el capitalismo colonial/moderno ya no produce, ni producirá, más empleo, ni más salario, salvo “precarizado” y “flexibilizado”, ni más servicios públicos, ni más libertades civiles. Todo lo contrario. Por eso, la esclavitud y la servidumbre están en plena re-expansión, con su perversa ética social ahora explícita de nuevo, siempre al servicio del capitalismo.

Los deseos y las necesidades de poder y de lucro de los controladores de este poder son, cada vez más, ilimitados y perversos. Todo recurso es, en ese sentido, instrumental para esos fines. Eso lleva a la destrucción de nuestra casa común, el planeta, y a matarnos entre nosotros. De ese modo, en su fase actual este patrón de poder es el mayor peligro global.

Ahora comenzamos a saber, sin embargo, que esa misma tecnología también permitiría producir todo lo que la población del mundo necesita sin recurrir a la dominación/discriminación/explotación/violencia. Eso implica que el capitalismo no solo es peligroso, sino que ya no es útil, ni necesario. Es, por el contrario, prescindible. Y dada su peligrosidad, prescindir del capitalismo colonial/moderno es una necesidad urgente. El actual nuevo período implica, en esta perspectiva, el conflicto más profundo del capitalismo colonial/moderno y nos coloca a todos en una auténtica encrucijada histórica.

No es, pues, ya suficiente resistir a la globalización neoliberal. Las conquistas que nos han sido quitadas en los últimos 40 años no serán restauradas. Ya no basta luchar con el imperialismo unipolar de los Estados Unidos, ya que comenzamos a tener otro multipolar (con la adición de la Unión Europea, China, India, Rusia, Brasil), que de ningún modo será menos brutal y violento. Ahora es necesario, urgente en verdad, pasar de la resistencia a la alternativa. Y eso es, precisamente, lo que estamos haciendo. América Latina es el centro mismo de esta nueva etapa del movimiento mundial de la sociedad contra el capitalismo colonial/moderno.

A las luchas de los dominados y los explotados del mundo industrial/urbano, por resistir al neoliberalismo globalizado (en defensa de empleo, salario, seguridad, servicios públicos, ciudadanía), se suman ahora, en primer término, las luchas de los indígenas de todo el mundo, los más dominados entre las víctimas de la colonialidad del poder global, en defensa de sus recursos de sobrevivencia, que son precisamente tales mal llamados “recursos naturales” desde la perspectiva eurocéntrica de “explotación de la naturaleza” (el agua, el oxígeno, las florestas, los demás seres vivos, las plantas alimenticias y medicinales, en fin todo lo que los indígenas han usado, producido y reproducido por miles de años, y todos los materiales que permiten la producción de la existencia social). Por eso, ahora los indígenas, y de modo creciente todos los demás sectores de la población mundial, comenzando por la comunidad científica mundial y los intelectuales y profesionales críticos, así como los trabajadores de todo el mundo industrial/urbano, están descubriendo que, dadas las tendencias destructivas del capitalismo actual, esos recursos de sobrevivencia de los indígenas son nada menos que recursos de la defensa de la vida misma en el planeta y que son, precisamente, los que el capitalismo colonial/moderno está llevando a la destrucción total.

Está emergiendo una vasta coalición social que puede ser, de hecho es, un nuevo movimiento mundial de la sociedad. Parte de la comprobación continua de que el actual capitalismo colonial/moderno es un riesgo inminente de destrucción de la vida en nuestro planeta. Pero, al mismo tiempo también comienza a descubrir que por su propio desarrollo científico/tecnológico, este patrón de poder es no solo peligroso, sino finalmente innecesario e inútil.

Ha comenzado así un proceso de des/colonialidad de la existencia social. Un nuevo horizonte histórico está emergiendo. Eso implica, en primer término, nuestra emancipación del eurocentrismo, esa forma de producir subjetividad (imaginario social, memoria histórica y conocimiento) de modo distorsionado y distorsionante, que, aparte de la violencia, es el más eficaz instrumento de control que el capitalismo colonial/moderno tiene para mantener la existencia social de la especie humana dentro de este patrón de poder. Esa emancipación es, precisamente, lo que está ocurriendo; eso es lo que significa descubrir que los recursos de sobrevivencia de los indígenas del mundo son los mismos recursos de la vida en el planeta, y descubrir al mismo tiempo, en el mismo movimiento de nuestras luchas, que ya tenemos la tecnología social para prescindir del capitalismo.

Estamos también aprendiendo a organizarnos y a movilizarnos desde esa misma perspectiva: produciendo ya nuestras propias formas de existencia social, liberadas de dominación, de discriminaciónracista/etnicista/sexista;produciendo nuevas formas de comunidad, como nuestra principal forma de autoridad política; produciendo libertad y autonomía para cada individuo, como una expresión de la diversidad social y de la solidaridad; decidiendo democ
ráticamente lo que necesitamos y queremos producir; acudiendo a y usando los máximos niveles de la tecnología para producir los bienes y valores que necesitemos; expandiendo la reciprocidad en la distribución de trabajo, de productos, de servicios; produciendo desde ese piso social la ética social alternativa a la del mercado y del lucro colonial/capitalista. Eso es lo que significa la producción democrática de una sociedad democrática.

Estas son las disyuntivas históricas de este período histórico que estamos viviendo y configurando con nuestras luchas y con nuestro movimiento. Es un tiempo de luchas y de opciones. América Latina fue el espacio original y el momento inicial de formación del capitalismo colonial/moderno. Hoy es, por fin, el centro mismo de la resistencia mundial y de la producción de alternativas contra este patrón de poder.

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Notas

(1) El debate sobre esta cuestión fue abierto con “Colonialidad y Modernidad/Racionalidad” (Perú Indígena, vol. 13, No. 29, 1991, pp.11-20, Lima, Perú, y “La Americanidad como concepto o las Américas en el Moderno Sistema-Mundo”, en coautoría con Immanuel Wallerstein, en Internacional Journal of Social Sciences, 134, noviembre de 1992, París, Francia.

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