Categoría: Militarismo y gastos improductivos

Obama II: la purga y el pacto

Dentro de la oligarquía norteamerica acostumbrada a dirigir y repartirse el poder político en Washington se ha desatado una confrontación inédita en donde todos los golpes bajos están permitidos, sean estos escándalos sexuales de famosos generales, misteriosos fallecimientos, atentados con bombas en el extranjero contra poderosos aliados árabes e incluso contra los mismos embajadores estadounidenses…. ( Leia mais » )

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¿Cómo Sobrevivirá La Humanidad ante um Mundo de Guerreros y Banqueros?

Leer libro de Wim Dierckxsens y Antonio Jarquín en: http://pt.calameo.com/read/000281290e7cc9d001e70

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Por qué Obama o Romney no serán los vencedores de la campaña electoral 2012 / El Estado nacional de seguridad (vuelve) a vencer

Ahora que Mitt Romney es el presunto candidato del Partido Republicano, los medios ya apuestan en grande a la elección presidencial y los sondeos de opinión con resultados cercanos se acumulan. Pero si el presidente Obama obtiene su segundo mandato o Romney entra al Despacho Oval, hay un tercer candidato al que nadie presta mucha… ( Leia mais » )

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¿Un mundo de confrontación de espectro completo?

Introducción del editor de Tom Dispatch En diciembre pasado, un súper-secreto RQ-170 Sentinel, parte de un extenso programa de vigilancia de drones de la CIA sobre Irán, descendió (o fue derribado, o secuestrado por ordenador y obligado a descender) y recuperado intacto por los militares iraníes. Esta semana, un general iraní anunció orgullosamente que expertos… ( Leia mais » )

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Usafricom y la militarización del continente africano: lucha contra la penetración económica de China

Leer este artículo aquí: http://www.mondialisation.ca/index.php?context=va&aid=30211

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La Cumbre de Seúl revela nuevos retos de la industria nuclear

La II Cumbre de Seguridad Nuclear, recién celebrada en Seúl, trajo como único fruto la adopción de una declaración de fórmulas imprecisas en la cual se insta a los países a renunciar al uso del uranio altamente enriquecido. Este llamamiento, aparte de representar un nuevo objetivo dentro de la no proliferación, podría servir de muestra… ( Leia mais » )

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Solo la fuerza militar multipolar puede evitar una guerra nuclear

Los intereses en dirección a una nueva guerra mundial son imparables. Los magnates capitalistas de diferentes países luchan por incrementar su lucro y arrastran a sus pueblos que esperan recibir una parte de la conquista. Lo único que puede detenerlos es otra guerra fría de equilibrio militar. El presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, fue claro:… ( Leia mais » )

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Irán aprieta, China entrena y Rusia se arma

“Irán atacará cualquier punto usado por las tropas enemigas”, declaró el vicejefe de la sección de elite del Ejército iraní, Hossein Salami. Sus palabras las transmitió la agencia persa de noticias Fars. “Cualquier punto usado por el enemigo para las operaciones hostiles contra Irán estará sujeto a la  respuesta de nuestras Fuerzas Armadas”, anunció. El… ( Leia mais » )

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Gasto Militar y Economía Mundial

Este artículo muestra que los gastos militares han tenido un crecimiento vertiginoso en los últimos 70 años. Hace un análisis económico de las causas de este aumento.

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Proyecto censurado 2011, No.23: Sociedad por la Paz" OTAN… guerrea en Afganistán

Agenpress, 19 de octubre de 2010
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se ha convertido en el primer ejército global de la historia humana. Nunca antes hubo soldados proveídos por tantos estados en el mismo teatro de guerra, mucho menos en la misma nación. En el octavo aniversario de la invasión de Estados Unidos a Afganistán, el mundo es testigo de un conflicto armado del siglo 21 emprendido por la coalición militar más grande de la historia.

Con los recientes avisos de nuevas tropas de diversas naciones, tales como Colombia, Mongolia, Armenia, Japón, Corea del Sur, Ucrania y Montenegro, que se unirán a las fuerzas de otros 45 países bajo el comando OTAN de la Fuerza Internacional de Asistencia y Seguridad (ISAF, por su sigla en inglés), pronto en Afganistán habrá personal militar de 50 naciones de 5 continentes sirviendo bajo una estructura de mando unificado.

La cumbre del 40º aniversario de la OTAN en Washington, D.C., 1999, dio la bienvenida a la primera expansión del único bloque militar del mundo en la era post guerra fría, con la absorción de los antiguos “enemigos” del Pacto de Varsovia República Checa, Hungría y Polonia. Dos años más tarde, después de los ataques del 11/9 en Nueva York y Washington, D.C., la OTAN activó el artículo 5, que reza: “Los miembros están de acuerdo en que un ataque armado contra uno o más de ellos, en Europa o en Norteamérica, será considerado un ataque contra todos ellos”.

El propósito principal, que invocó entonces la cláusula de ayuda mutua de la OTAN, fue reunir un bloque militar de 19 naciones para invadir y ocupar Afganistán, además de colocar tropas, aviones de combate y bases en el centro y sur de Asia, incluyendo Kirguistán, Paquistán, Tayikistán y Uzbekistán. También la OTAN consiguió los derechos de paso aéreo sobre Kazajistán y Turkmenistán, y adquirió nuevas bases aéreas en Bulgaria y Rumania, utilizadas desde entonces para el tránsito de tropas y armas a la zona de guerra afgana.

La guerra contra Yugoslavia en 1999 fue la primera operación aérea de la OTAN “fuera del área” es decir, fuera de Norteamérica y de las naciones europeas de la Alianza. La guerra en Afganistán marcó la transformación de la OTAN en una máquina de combate para la guerra global. Los funcionarios de la OTAN ahora emplean términos tales como OTAN global, OTAN expedicionaria y OTAN del siglo 21.

Los miembros de la OTAN con tropas desplegadas en Afganistán incluyen a Bulgaria, República Checa, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania Armenia, Azerbaiján, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán, y 10 naciones europeas que nunca antes habían sido parte de un bloque militar: Austria, Bosnia, Finlandia, Irlanda, Macedonia, Malta, Montenegro, Serbia, Suecia y Suiza. Los 28 miembros completos de la OTAN original también tienen tropas en Afganistán.

Todos los nuevos miembros fueron preparados para su completa adhesión a la OTAN bajo el programa “Sociedad por la Paz” (Partnership for Peace, PfP), que exige interoperabilidad entre armas (desechando como “enemigo” a la Rusia contemporánea y el fenecido Pacto de Varsovia, considerado antes amenaza para los occidentales); incrementaron el gasto militar de los futuros miembros al 2% su presupuesto nacional sin importar cómo afecte económicamente a la nación signataria; purgaron personal “políticamente no confiable” procedente de fuerzas militares, defensa y seguridad; dieron entrenamiento en academias militares OTAN en el extranjero; hospedaron ejercicios militares de Estados Unidos y la Alianza, e instruyeron al cuerpo de oficiales en un lenguaje común –el inglés– para las operaciones conjuntas de ultramar.

La OTAN también aumentó su diálogo mediterráneo, cuyos interlocutores son Argelia, Egipto, Israel, Jordania, Mauritania, Marruecos y Túnez; y desde la cumbre OTAN 2004 en Turquía, con la llamada Iniciativa de Cooperación de Estambul, también situaron infraestructura militar en los 6 miembros del Consejo de Cooperación del Golfo: Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, de los que el último nombrado es el único estado árabe que hasta la fecha tiene tropas en Afganistán.

La guerra afgana ha llevado a otra categoría de asociación OTAN, llamada Países de Contacto, que hasta ahora incluyen oficialmente a Australia, Japón, Nueva Zelandia y Corea del Sur.

La Alianza también tiene una Comisión Tripartita con Afganistán y Paquistán para la prosecución de una peligrosa expansión de la guerra en Asia del Sur y convocó a los líderes de defensa, militares y políticos de ambas naciones a participar regularmente en reuniones y directorios de las jefaturas OTAN en Bélgica. Entrenan a los soldados afganos y paquistaníes en bases de la OTAN en Europa.

Al cumplir el año nueve del calendario de guerra en Afganistán, y ahora con su extensión a Paquistán, el historial OTAN registra despliegues militares comunes, antiguos y actuales, en Bosnia, Albania, Kosovo, Macedonia, Djibouti, Iraq, Kuwait, Jordania, Sudán y en la costa de Somalia.
La OTAN tiene fuerzas en el Cuerno de África, sobre todo en Camp Lemonier, Djibouti, donde ha conducido operaciones de vigilancia marítima y de embarque. El otoño pasado, se desplegó el primer grupo de trabajo naval OTAN en la costa de Somalia.

El 20-24 de julio de 2009 un seminario de contraguerrilla reunió en Atlanta, Georgia, a líderes “senior” de las fuerzas armadas de Estados Unidos y Paquistán. El coronel Daniel Roper, director del Centro de Contrainsurgencia del Ejército y el Cuerpo del Marines, de Estados Unidos explicó los procedimientos: “Esta semana presentamos algunas doctas lecciones en contraguerrilla. Utilizamos esas lecciones para estimular la conversación y tomamos nuestras experiencias anteriores en Iraq y las aplicamos a nuestro estado actual. Intercambiamos nuestros puntos de vista sobre los desafíos en Afganistán, Paquistán y Asia del Sur en grande [at large]”. Asia del Sur “en grande” incluye no sólo a Afganistán y Paquistán, sino a la India, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka.

En la mayor guerra afgana de occidente no sólo está incluida “Asia del Sur at large “, sino también Asia Central y la Cuenca del Mar Caspio. En ambas áreas ya hay naciones actualmente involucradas en el abastecimiento de bases de fuerzas de Estados Unidos y OTAN (Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán) y esas tropas de abastecimiento y servicios auxiliares están comenzando a ser empujadas profundamente en la red de la OTAN.
La elevación de Kazajistán a miembro de la “Sociedad por la Paz”, empujada por el Pentágono y la OTAN, insertarán simultáneamente una presencia militar occidental hostil en las fronteras de Rusia y China. El 7 de agosto de 2009, el jefe del Pentágono, Robert Gates, expresó su satisfacción porque Kirguistán, que anteriormente y ese mismo año desahució a las tropas de Estados Unidos y OTAN de la base aérea de Manas pero, tras saborear el soborno, permiti

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Las guerras imperiales y las armas de hoy (Parte III)

Agenpress, jueves 14 de octubre de 2010

(especial para ARGENPRESS.info)

Con las armas nucleares ocurre como con los cartuchos para las pistolas: no basta con tener una bala o una bomba. De la cantidad de bombas disponibles depende la capacidad para batir simultáneamente decenas o cientos de blancos y para asestar un “segundo golpe”. Así se desató la carrera de armamentos, que es intensa cuando se trata de rivales concretos y simétricos y se atenúa cuando la bomba atómica es un elemento indicador del poderío y a lo sumo un disuasivo.

En el primer caso estuvieron la Unión Soviética y los Estados Unidos y esa situación es ahora la situación de la India y Pakistán, países fronterizos con niveles de desarrollo comparables y que han construido bombas atómicas para amenazarse uno a otro. En el segundo caso está China, que no tiene un adversario concreto a quien apuntar.

Durante la Guerra Fría nadie supo exactamente de cuántos silos nucleares, rampas móviles, submarinos atómicos, grandes buques y aviones estratégicos armados con cohetes portadores disponía cada una de las partes ni dónde estaban ubicados; tampoco se conocían otras “facilidades atómicas” como las armas tácticas ubicadas en bases militares en el extranjero y a bordo de buques y portaviones. Las incógnitas de la Unión Soviética respecto a Estados Unidos y viceversa, aludían también a los aliados.

El “botón nuclear” que de eso se trata el famoso “maletín” convertido en “vademécum” de los jefes de estado de las potencias nucleares, no es el disparador de un arma, sino la orden que desata andanadas de misiles y bombas sobre blancos seleccionados durante años y que cubren prácticamente a todo el mundo.

Entre los silos nucleares en territorio soviético y norteamericano y los principales blancos en unos y otros territorios mediaban entre cinco y diez mil kilómetros, distancia que un cohete podía tardar cierto tiempo en recorrer y antes, cuando no existían escudos o sistema antimisiles, todo se reducía a detectar los lanzamientos para lo cual primero se emplearon sismógrafos y luego sensores de emisiones de calor y detectores de vibraciones a bordo de los satélites o instalados en aviones y buques de exploración. Por la cercanía de sus presuntos adversarios, los países nucleares emergentes no tienen tales problemas.

Afortunadamente, durante años, la enorme distancia entre las superpotencias y la baja velocidad de los gigantescos misiles intercontinentales cuyo despegue no podía ser ocultado, eran circunstancias que otorgaban capacidad de reacción a unas y otras, impidiendo que pudiera realizarse una “guerra nuclear relámpago” que quedara sin respuesta. La falta de una opción ganadora evitó la guerra nuclear.

Ese no es hoy el caso, cuando existe la amenaza de que ciertos países utilicen las armas atómicas, incluso contra estados que no las poseen. Horroriza escuchar a líderes amenazar con desaparecer a algún país, poner a otro de rodillas o convertir a alguna ciudad en “un huracán de fuego”. Tales expresiones que a veces recuerdan bravuconadas, son expresión de tensiones y de peligros reales.

Para solucionar los problemas creados por la distancia y tratar de lograr ventajas, incluso aspirar a la sorpresa nuclear, aparecieron primero las bases militares en el extranjero dotadas de misiles de corto y mediano alcance, los aviones estratégicos y luego los silenciosos submarinos atómicos que pueden pasar meses y años sumergidos, aprovechando la circunstancia de que los reactores no necesitan ser reabastecidos de combustible, no emiten ruidos, no producen gases que sea necesario evacuar, potabilizan el agua, generan electricidad y son en realidad grandes bases atómicas sumergidas.

En realidad los actuales peligros atómicos no emanan de situaciones políticas nuevas ni generadas en los últimos cincuenta años, sino de antiguas rivalidades geopolíticas llevadas a puntos críticos por culpa de la irresponsabilidad de las grandes potencias, que facilitaron la proliferación nuclear: China, India, Pakistán, Sudáfrica e Israel alcanzaron el arma nuclear asistida por las potencias nucleares originales.

Tal vez por razones culturales, por características del sistema político y por una coyuntura marcada por la experiencia de la ocupación fascista y por las ansias de paz de los pueblos sobrevivientes de la guerra, en la Europa de la posguerra un grupo de países, entre ellos: Yugoslavia, Suecia, Noruega, Holanda, Finlandia y otros, así como Australia y Nueva Zelanda que contaban con potencial industrial y recursos económicos, voluntariamente, antes de que existiera el Tratado de no Proliferación, renunciaron a enrolarse en la carrera de armamentos nucleares.

Contradictoriamente por la misma época, en ciertos países del Tercer Mundo, envueltos en coyunturas políticas extraordinariamente conflictivas, se desarrolló la idea de que disponer de armas nucleares podía ser una solución. Algunos como Egipto y Libia y más recientemente Sudáfrica, renunciaron a sus respectivos programas nucleares; las bombas con las que alguna vez soñaron los dictadores de Argentina y Brasil no llegaron a fabricarse. La labor de México y la promoción del Tratado de Tlatelolco fue un importante aporte a la desnuclearización latinoamericana.

No hay manera de liberar a Ronald Reagan y a George Bush de su responsabilidad por haber desaprovechado las ofertas de Mijaíl Gorbachov, torpedeando la mejor oportunidad que tuvo la humanidad, no sólo para la reducción de los arsenales nucleares, el fin de las pruebas atómicas, la no proliferación, sino incluso para el desarme. En esa coyuntura el stablishment norteamericano cometió lo que puede ser uno de sus mayores errores estratégicos al tratar de obtener ventajas circunstanciales y de alcanzar con las armas y la guerra el liderazgo que la paz y la colaboración le hubieran regalado.

Para las corrientes políticas avanzadas, los estadistas esclarecidos, para los pueblos y las fuerzas amantes de la paz, ninguna frustración es mayor que haber asistido al absurdo de que el fin de la Guerra Fría no haya abierto el camino de la paz.

Por tortuosos caminos y por negarse a asimilar las enseñanzas terribles de Hiroshima y Nagasaki, la humanidad ha llegado al momento más absurdo de su existencia, en el cual puede incluso autodestruirse. Quien crea que con armas atómicas puede ganar, se equivoca. Allá nos vemos.

Ver también:
– Las guerras imperiales y las armas hoy (Parte II)
– Las guerras imperiales y las armas hoy (Parte I)

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El chantaje norteamericano mediante las armas del fin del mundo

ARGENPRESS, 28.07.2010
Si no hacen lo que nosotros queremos, los bombardeamos con armas nucleares! Esto, que son mis propias palabras, es lo que en esencia dicen los norteamericanos, claro está, no con estas mismas palabras, pero en la forma que lo digan es sólo un problema de forma.

El contenido es la frase que yo escribí. La esencia de todo esto es un chantaje, nada menos que un chantaje nuclear para obligar a un país menos fuerte y que carezca de armas poderosas a someterse a la geopolítica de USA. Por supuesto que ese chantaje no se puede hacer con países fuertes y bien armados, sobre todo si poseen también armas poderosas, como las bombas nucleares. Porque en caso, de llegar a suceder un ataque de esa índole, lo cual se ve como algo muy remoto, la respuesta sería contundente y en ese caso no habría ganadores, sólo perdedores.

El chantaje nuclear no tiene efecto, por la razón última de mi párrafo anterior, si el país o Estado es uno que está armado hasta los dientes y premunido de armas nucleares y de misiles de largo alcance capaces de llegar a la mayoría de los objetivos enemigos. Esa es la razón de fondo de impedir a toda costa que países como Irán lleguen a poseer armas nucleares. Se transformaría en una superpotencia, toda vez que es un país pujante y con muy buenas condiciones geoestratégicas: gran población, avance tecnológico, una economía sólida, y una educación en aumento. La catástrofe nuclear anunciada por el comandante Fidel Castro la veo como algo muy remota, sino imposible y no como algo inminente como lo sostiene en su artículo “Saber la verdad a tiempo”. Y más difícil, por no decir imposible, una guerra nuclear a escala mundial. No la hubo entre USA y la ex URSS cuando ocurrió la crisis de los cohetes en Cuba, en 1962, considerando que la ex URSS era un aliado de Cuba, no sólo en lo ideológico, también con fuertes intereses geoestratégicos en la Isla. Y que la ex URSS poseía en esa época un arsenal nuclear un poco mayor que el arsenal de USA. En esos dramáticos instantes, los soviéticos prefirieron retirar sus cohetes de Cuba y evitar así una confrontación militar con USA, que aunque se iniciase como una confrontación de guerra limitada terminaría en una guerra total. Me pregunto ahora, ¿qué interés podría tener la Federación Rusa o la República Popular China en inmiscuirse en una conflagración de esa envergadura? ¿Acaso, si llegase a producirse un ataque con armas nucleares a las plantas nucleares de Irán, motivaría a estos países a involucrarse en la guerra del fin del mundo? Parece algo descabellado y pienso que este peligro no es del todo real. Tampoco que Norcorea se vaya a inmiscuir en este litigio. No tiene nada que ganar. Norcorea pretende una paz duradera y hasta ahora, sólo existe un armisticio entre Norcorea y Sudcorea apoyada por USA. A Norcorea le interesa que Corea vuelva a ser una sola nación unida bajo su régimen político y no se perpetúe la división que es una tragedia para los coreanos.

Si como se dice en el artículo de Fidel Castro, que pueda estallar una guerra a nivel planetario, realmente existiese, sería como que el conflicto con Irán fuese sólo el motivo que todos están esperando para lanzarse al holocausto de la humanidad. No se ve como posible que la guerra que se veía como una posibilidad, remota por supuesto, durante la Guerra Fría tenga que realizarse ahora que ya no existe el campo socialista aunque existan divergencias y contradicciones entre USA, la UE y sus aliados con la Federación Rusa y la República Popular China. Me inclino a pensar que las contradicciones actuales son menos profundas y estas naciones que otrora eran enemigas hoy, si bien es cierto no son del todo amigas o aliados, comparten un mundo económico en que todas, sin exclusión aportan y se benefician del sistema.

Ni siquiera puedo pensar en una guerra de carácter limitada en la defensa de Irán. Por supuesto que tanto la Federación Rusa como la República Popular China se oponen a un ataque militar, así sea con armas convencionales, a Irán. Y esas potencias no se atreverían a involucrarse ni siquiera en una guerra convencional de carácter limitado, ya sea aportando armas y equipo militar o información, que es lo básico para enfrentar una situación armada, porque una guerra limitada entre estas grandes potencias, inevitablemente, se transformaría en una guerra total como lo sugirió correctamente el analista y consejero norteamericano (de nada menos que de tres gobiernos consecutivos) Henry Kissinger en su conocida obra “Armas nucleares y Política Internacional”. Y una guerra total entre grandes potencias tiene el enorme riesgo de ser una guerra con armas nucleares, por tanto no es posible pensar que hoy exista, ni el interés ni el deseo, de una guerra de esa naturaleza. Todos comprenden que el riesgo de la destrucción que eso implica presupone la carencia de vencedores, por tanto, desaparecería el objetivo de la guerra, cuál es: lograr una paz duradera cumpliendo con las metas de la política. Tal vez el primer principio de la guerra que enunció Mao Tse-tung en sus escritos militares viene al caso: conservar las propias fuerzas y destruir las del enemigo. Si no se cumple con este principio, pues, no hay que emplearse y sufrir una victoria pírrica (Pirro, rey de Epiro, una ciudad-estado de la Grecia antigua, al regreso de sus aventuras militares en Sicilia, aun cuando venció, llegó de regreso con muy pocos soldados). Y en una guerra nuclear no habría ni siquiera una victoria pírrica, sólo perdedores y el riesgo del fin de todas las formas de vida en este planeta. Al respecto, Kissinger sentía gran respeto por Mao y así lo dejó ver en su obra.

En el caso que estamos analizando, el posible ataque nuclear de USA e Israel a Irán, no a todo el país, sino a las instalaciones nucleares, produciría daños colaterales enormes, tanto a la economía mundial, como los daños ecológicos que podría afectar a Europa y Asia, debido a que Irán está ubicado entre esos dos continentes. Estos daños serían mayúsculos. No se ve que la UE pudiese compartir esa idea descabellada que pueden tenerla algunos congresistas norteamericanos, pero que seguramente no es compartida por el Pentágono, porque ellos saben de que se está hablando y conocen los resultados catastróficos de una acción de esa naturaleza. Por esa razón, Obama no ha dicho en ningún momento que se atacaría a Irán con armas nucleares. Y creo que muchos deben preguntarse la razón por la que el ex presidente Bush no dio la aprobación a Olmert de permitir el paso de la aviación israelí por el espacio aéreo de Irak en el último año de su mandato. Me parece que Bush, a pesar de no ser un hombre muy inteligente, estaba bien orientado (seguramente por su Estado Mayor) sobre las posibilidades de represalia por parte de Irán y sobre la catástrofe nuclear que podría suceder en aquella época. Y esas condiciones no han cambiado sustancialmente. Lo lógico de pensar hoy, es que el presidente Obama está orientado por los mismos consejeros militares del Pentágono que orientaron a Bush, y por consejeros civiles que conocen el planteamiento de Henry Kissinger, o por los sucesores de aquellos.

El despliegue de la flota norteamericana que está compuesta fundamentalmente de destructores, con uno o dos portaaviones, tiene un despliegue que no parece estar listo para un ataque a Irán. De los portaviones despegan los avion
es que atacan diariamente a los talibanes en Afganistán. Puede haber sí una estrategia de aproximación indirecta hacia Irán. Estrategia que sabemos apunta fundamentalmente a dislocar la mente del comandante enemigo, en este caso, del dirigente iraní Mahmud Ahmadineyad. Para eso se aplica lo que se llama en la doctrina militar, la guerra psicológica y también por otro lado y que es muy posible, para inhibir a Irán a romper con el bloqueo de tecnología, materiales y materias primas que son parte de las medidas económicas y geopolíticas tomadas contra Irán, en especial, aquellas que están apuntadas contra las fuerzas armadas políticas del régimen, la Guardia de la Revolución Islámica. ¿Hasta dónde Irán respondería militarmente contra el intento de estos barcos de detener en aguas internacionales a un barco mercante iraní o de otra nacionalidad que partan o se dirijan a puertos iraníes? No lo sabemos, pero no parece que el presidente iraní esté dispuesto a iniciar una guerra en este momento, y como es lo lógico de pensar, evitará por todos los medios responder militarmente a esas medidas, aunque se hagan declaraciones con una cierta liturgia y alegoría guerrera, como las declaraciones del ministro de defensa iraní, el general Ahmad Vahidi, que dijo que las Fuerzas Armadas de Irán se encuentran preparadas y dispuestas a defender su nación y que ellas se encuentran en buenas condiciones en término de equipo militar y de moral combativa. Tampoco es posible pensar que los norteamericanos estén esperando un ataque preventivo de los iraníes, ataque que tendría como objetivo hundir los barcos de la flota que USA tiene en el Golfo Pérsico. Primero, porque como bien se sabe, uno de los principios de la guerra es conservar la iniciativa y hasta aquí la tienen ellos y no es posible ni pensar siquiera que estén dispuestos a perderla. Un ataque sorpresivo por parte de Irán a la flota norteamericana, aunque hundiesen todos los barcos de la flota, sólo tendría un resultado parcial. Sería nada más ni menos que una especie de Pearl Harbor, que ocurriría en esta época y bajo otras condiciones. La represalia norteamericana no se haría esperar, y sería muy contundente y destructiva, si consideramos que USA tiene la superioridad en el espacio aéreo, aunque el castigo a las bases norteamericanas en Oriente Medio podría ser terrible y también a Israel, el aliado y promotor del litigio contra Irán. Y eso lo comprende perfectamente el mandatario iraní, que no tiene un pelo de tonto. La declaración del Congreso norteamericano apoyando una guerra preventiva de Israel contra Irán sólo tiene la fuerza del apoyo ideológico por cuanto quien decide el comienzo de ella es el presidente del país y hasta ahora Obama no ha dicho nada. Desde luego que la declaración del Congreso sirve a la guerra psicológica y con ello aumenta la tensión de los iraníes.

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Se filtran miles de documentos que prueban que los talibanes son "más poderosos que nunca"

Lainformacion.com, 26.07.2010
Los talibanes usan misiles Stinger americanos para derribar aviones o helicópteros norteamericanos. Tienen dinero para sobornar y convencer a oficiales afganos de que deserten y se pasen a sus filas. Los servicios secretos de la CIA subvencionan al cuerpo de espías de Afganistán, a los que consideran como una filial, pero que no son fiables.

Más de 92.000 documentos han sido filtrados hoy a tres medios internacionales por Wikileaks, la web altruista que se dedica a alojar toda clase de testimonios, documentos o archivos que están prohibidos en otros países, o son difíciles de publicar. Los medios escogidos han sido The New York Times, The Guardian y Der Spiegel.

Según The New York Times las autoridades militares no desdicen la veracidad de los documentos. Muchos de ellos son testimonios rutinarios de una guerra. Pero otros demuestran que después de gastar 300.000 millones de dólares en ese territorio para combatir a los talibanes y localizar a Bin Laden las cosas están como en el principio, incluso peor.

Los documentos fueron filtrados hace varias semanas a los tres medios de comunicación, y desde entonces, los reporteros han tratado de comprobar su veracidad. Hoy lunes, estos medios se pusieron de acuerdo para publicarlos, lo cual deja bastante dañada la imagen de la coalición de fuerzas internacionales que opera en ese país asiático. “Los talibanes son más poderosos que nunca desde 2001”, dice The New York Times, a la luz de los documentos.

Los documentos abarcan desde 2004 hasta 2009. Desde este último año hasta hoy no hay documentos y tampoco testimonios sobre si han cambiado las cosas. El presidente Obama aprobó el envío de 30.000 soldados adicionales, lo que demuestra que la situación no estaba controlada, y daría pie a creer que los documentos confirman la mala gestión de las fuerzas internacionales en Afganistán, dice el diario neoyorquino.

Los talibanes, por ejemplo, usan misiles guiados por calor lo que prueba que están mejor armados de lo que se filtra a la opinión pública. Lo que el ejército de EEUU califica de aviones o helicópteros derribados por armas convencionales, es más bien el efecto de misiles poderosos como el Stinger, que fueron donados por EEUU a los talibanes hace décadas, cuando estos insurgentes combatían contra las tropas soviéticas que invadieron el país.

Muchas operaciones como una realizada por la Task Force 373 han acabado en matanza de civiles, “lo cual crea un resentimiento entre los afganos”, dice el periódico.

Muchos aviones espías (drone) han funcionado mal o han sido derribados, cosa que se oculta a la opinión pública. Estos sucesos obligan a las fuerzas de la coalición a perpetrar operaciones de riesgo.

Los talibanes sabotean y roban constantemente, lo cual parece un arma tan eficiente como los hombres suicidas. Además, intimidan y presionan a los oficiales afganos. Han llegado a ofrecer hasta 100.000 dólares a los oficiales afganos para que deserten, dicen los documentos. También hostigan y aterrorizan a la población civil. “Los informes dan una imagen descorazonadora de la policía y los soldados afganos”, dice el periódico, “pues no son dignos de confianza”.

En suma, otro éxito periodístico de Wikileaks, al que se apuntan tres grandes medios mundiales. Ya en otra ocasión, Wikileaks filtró las imágenes de un helicóptero norteamericano abriendo fuego y matando a dos enviados de la agencia Reuters, imágenes que dieron la vuelta al mundo.

Para el gobierno de EEUU, Wikileaks se ha convertido en su mayor pesadilla. Sabiendo que se expone a sanciones por publicar estos documentos, The New York Times explicó en un artículo sus razones para darlos a la opinión pública.

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El pulso de Obama a la AIPAC

Para leer más vea Siglo XXI, 17 de julio de 2010

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Kosovo: Independencia para albergar la mayor base militar yanki del mundo

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Conflicto entre las dos Coreas y el tema central

Agenpress 27 de mayo de 2010

La tensión entre Corea del Sur y Corea del Norte aumenta debido al hundimiento de un barco de guerra de Corea del Sur por medio de un torpedo supuestamente lanzado desde un submarino de Corea del Norte. Una investigación está en curso mientras Estados Unidos desplaza su flota de portaviones en la zona enviando una concreta señal de que Corea del Norte sería atacada, de repetirse un incidente similar.

La secretaria de estado de Estados Unidos Hillary Clinton mientras viajaba a Beijing ha manifestado que “el apoyo de Estados Unidos a Corea del Sur es inequívoco”, según The New York Times del 25 de mayo. China a su vez, el primer sostén de Corea del Norte, no ha reconocido que el barco de Corea del Sur haya sido atacado por un torpedo norcoreano.

Ambas Coreas permanecen divididas desde una conflagración brutal finalizada en 1953 y que dejó varios millones de muertos e incalculables pérdidas, constituyendo el ápice de la Guerra Fría inaugurada en 1947 hasta la guerra de Vietnam. Con todo, la herida abierta en Occidente después de esa guerra no fue la división de la península de Corea, sino haber perdido a China definitivamente.

El barco de guerra norcoreano se encontraba en funciones de vigilancia del tráfico de armas y material nuclear que supuestamente efectúa Corea del Norte por la vía marítima.

El incidente donde perdieron la vida 46 marinos surcoreanos ha dejado a Corea del Norte al borde de nuevas sanciones que podrían ser adoptadas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Tanto Estados Unidos como la ONU a través del Secretario General, el surcoreano Ban Ki Moon, están calibrando en forma cautelosa una respuesta que signifique una llamada de atención enérgica a Corea del Norte, considerando las sanciones así como la vía diplomática.
¿Qué hay detrás del hundimiento del barco de guerra de Corea del Sur?

En apariencia es el supuesto tráfico de armas y material nuclear que Corea del Norte efectúa a través de su flota marítima. Este tráfico no ha sido bien controlado por Corea del Sur, mientras Estados Unidos hace escalar la guerra internacional contra el terrorismo y ha detectado fallas en el sistema de vigilancia en la zona para bloquear el intercambio de material nuclear que supuestamente lleva a cabo Corea del Norte con otras naciones.

Tanto Irán como Corea del Norte mantienen vínculos de intercambio nuclear que no han sido completamente comprobados por los organismos internacionales de control. Estados Unidos ha sostenido vehementemente desde la administración Bush que con Corea del Norte e Irán se ha formado un “eje del mal” de nuevo poderío nuclear que estaría alimentando redes terroristas.

China por su parte mantiene estrechas relaciones con ambas naciones de poderío nuclear ascendente. En la mirada larga, este incidente responde al objetivo de Estados Unidos y la alianza occidental para que China cese de apoyar a Irán y Corea del Norte.

Este conflicto y el tipo de negociación instalado, expresa una vez más que China se ha convertido en un actor clave para los equilibrios de poder en las relaciones internacionales, con un peso similar al de la ex Unión Soviética. Esta vez, sin la capacidad bélica nuclear que exhibía la gigantesca nación socialista, aunque con un poderío económico significativamente mayor.

En una era de agudas crisis económicas que se suceden década tras década, el peso económico chino a nivel mundial tiene mayor relevancia que la abundancia de ojivas nucleares que ostentaba el anterior poder soviético.

Más aún se ha visto a Rusia haciendo overturas políticas para pactar con la alianza occidental las sanciones que permitan desplomar el régimen islámico en Irán.

La lectura de las decisiones que inciden en las acciones internacionales de los países se hace cada vez más compleja. Lo que parece ser no es, y por general cuando una cuestión emerge como crítica entre los países o una región, por lo general el tema real y más profundo es otro. Gran parte de esta complejidad responde al hecho de que los Estados y sus políticas no han reconstituido su rol de gobernar distendidos de la presión que significó operar bajo una cultura de Guerra Fría cuyo eje es la supremacía a toda costa.

Los efectos reales de esta peculiar forma de competir por la supremacía no se han evaluado en toda su dimensión y una buena parte de políticos, académicos y comunicadores simplemente decretaron el fin de la Guerra Fría como si fuera un instrumento manipulable y no una cultura impregnada en el “hacer Estado”. Las relaciones internacionales principalmente han sido objeto de está distorsión, y a pesar de la aparente caída del sistema bipolar representado por la disputa entre la Ex URSS y los Estados Unidos, la estructura de Guerra Fría –estructura como una cultura- no se ha erradicado.

El conflicto entre las dos Coreas, no es más que eso: un regreso franco y directo de la política de la supremacía de un poder por sobre el otro. Estados Unidos y China, ambas naciones centrales en este conflicto, así como las alianzas que representan abiertamente o bajo cuerda, deberían definitivamente acercarse a una postura que les permita definir equilibrios de poder, aunque tengan que ceder frente a las necesidades de naciones emergentes, y el tema central que se evita debatir a toda costa: los equilibrios de poder apuntando hacia la eliminación del arsenal nuclear en el globo.

Foto: Corea del Sur – La proa del buque de guerra surcoreano Cheonan hundido en aguas del Mar Amarillo es levantada por una enorme grúa flotante instalada frente a la isla Baekryeongdo, cerca de la frontera marítima con la República Popular Democrática de Corea (RPDC). / Autor: XINHUA

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Etiquetas: China, Corea del Norte, Corea del Sur, Estados Unidos, Juan Francisco Coloane, opinión, RPDC

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La economía de guerra ante la Gran Depresión del siglo XXI: keynesianismo militar y complejo industrial militar

La economía de guerra ante la Gran Depresión del siglo XXI: keynesianismo militar y complejo industrial militar

En los últimos nueve años la producción industrial civil en los EE. UU. declinó en un 19%. Tomó en torno a cuatro años para que el sector manufacturero se repusiese y alcanzara de nuevo los niveles mostrados antes de la recesión de 2001. No obstante, estas ganancias se esfumaron por completo con la actual recesión. Al tiempo que la economía civil se contraía, el complejo industrial militar, en cambio, creció un 67% desde su nivel logrado en 1999 (véase el gráfico abajo). El gasto de defensa significa que el Gobierno genera una demanda artificial de productos bélicos al contraerse la economía civil en el ámbito de bienes y equipo o los llamados bienes de capital. En el corto plazo esta inversión puede indicar una demanda global sostenida, pero a mediano plazo resta dinámica a la economía con una pérdida de ritmo en el crecimiento, sobre todo si ello no sucede con impuestos previamente recaudados, sino incrementando la deuda pública (1).

Gráfico No. 1
Aumento porcentual del gasto militar en países seleccionados

El presupuesto militar estadounidense anunciado para el año 2010 es de 680 mil millones de dólares, y para 2011 andará por el billón. En realidad, afirma el experto en la materia Rick Rozoff (2), esto representa la mitad de los gastos militares efectivos. Con ello, ese gasto alcanzará el 9% del producto interno bruto (PIB) de los EE. UU., el presupuesto más elevado desde 1945, último año de la Segunda Guerra Mundial, tanto en términos nominales como reales. El presupuesto militar oficial estadounidense representa casi el 50% del gasto militar mundial y es seis veces mayor que el de China, que ocupa el segundo lugar, y diez veces mayor que el de Rusia, que hoy ha de conformarse con un modesto quinto lugar después de Francia y Gran Bretaña (3).

Si bien hay argumentos económicos para sostener la acumulación de capital en el sector de bienes y equipo o bienes de capital, esto no podría explicarse sin argumentos de orden geopolítico. Los EE. UU. se están preparando para eventualmente desencadenar una gran guerra con vistas a mantener su posición hegemónica en el mundo. Una consecuencia es que así se fuerza a los demás países a entrar en la lógica de una nueva carrera armamentista. Hasta países latinoamericanos como Brasil y Venezuela han entrado en dicha lógica y lo hacen como compradores netos, en especial en el caso venezolano. Los resultados serán negativos para las economías de las naciones que adquieren este gasto improductivo.

Ejemplo no muy lejano de una economía civil deteriorada por un abultado gasto militar, fue el caso de Nicaragua en los años ochenta del siglo pasado. Con guerra o sin guerra, el armamentismo actual implicará un deterioro de la economía civil, dado el abultado consumo improductivo de riqueza en nuevos armamentos. Con una eventual gran guerra, esta vez los EE. UU. asumirían la mayor parte de su gasto improductivo al no poder transferirlo a terceras naciones. Luego, de darse eventualmente la aventura los EE. UU. perderían de manera definitiva su hegemonía, y con ello la caída de otro imperio estaría a la vista. En palabras de Napoleón, solo hay una cosa más desastrosa que ganar una guerra: es perderla. Es una lección válida hoy para la élite estadounidense.

El economista británico John Maynard Keynes (1883-1946), considerado el fundador de la macroeconomía moderna, es el padre de la teoría del “capitalismo regulado” surgida a partir de la gran crisis de 1929 y los años treinta. La escuela keynesiana planteó que para proteger, conservar y desarrollar el sistema vigente, el Estado debía intervenir de modo constante y activo en la vida económica para asegurar altas tasas de ganancia a los capitales más grandes y a los monopolios, arguyendo que la inversión de éstos mantendría el empleo y el crecimiento ascendente. Con la misma lógica se proponía elevar los impuestos y aumentar la productividad del trabajo, impulsar políticas fiscales y monetarias estrictas, y estimular la demanda efectiva a través del consumo y la inversión en el sector público, que incluye al militar. Esto elevaría las ganancias del gran capital y, por ende, la estabilidad del sistema como tal. De lo último brotó lo que se ha dado en llamar el “keynesianismo militar”.
Hoy, de nuevo se hace referencia al keynesianismo militar como una de las recetas principales para enfrentar la crisis actual de la misma forma que, supuestamente, sirvió como salida de la crisis de los años treinta y que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Para defender el ‘keynesianismo militar’, muchos se refieren a la crisis de 1929 en los EE. UU. y a su situación económica durante la Segunda Guerra. Es cierto que ésta representó para ese país su definitiva hegemonía mundial, sin embargo existen algunas diferencias entre el escenario de aquel entonces y la situación estadounidense actual. En efecto, durante gran parte de la Segunda Guerra los EE. UU. se enriquecieron por ser el taller mundial de armas y productos civiles para las potencias en conflicto. Por eso, no les interesaría inmiscuirse en el conflicto sino hacia el final del mismo, para así emerger como potencia triunfante en la guerra y líder indiscutible de la economía mundial. Su territorio además no sufrió, como Eurasia, los efectos destructivos de la guerra.

Con todo, de hecho no fue sino hasta los años cincuenta que se estabilizaron los mercados después de la Gran Depresión. Pero en ese momento el endeudamiento estadounidense total ya era el doble de su ingreso total, brecha que solo creció desde entonces. El siguiente gráfico muestra el progresivo “gap” de los últimos cincuenta años entre la deuda total y los ingresos totales de los EE. UU. La Guerra Fría brindó luego un escenario favorable para seguir vendiendo armas a los aliados, tanto del Norte como del Sur. Europa destruida, el Plan Marshall en operación, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en desarrollo, así fue arrastrada al posible escenario y teatro de operaciones de una guerra nuclear limitada. Los permanentes conflictos en Medio Oriente aumentaron la demanda efectiva de armas, con un simultáneo reciclaje de petro-dólares hacia los EE. UU. Luego, siempre con el pretexto de la Guerra Fría, más de dos mil conflictos militares de baja intensidad en el Tercer Mundo, con participación directa o indirecta estadounidense, aseguraron una constante demanda de armamentos. El daño en vidas humanas superó los veinte millones de personas, y los daños a los ecosistemas y economías de los países víctimas son aún incuantificables. Vietnam y Nicaragua son un ejemplo. Este último país, en la guerra de los años ochenta con los EE. UU., sufrió un daño equivalente a 84 años de su PIB (4). A la Guerra Fría la han seguido la guerra contra el narcotráfico y después la guerra contra el terrorismo. En fin, la guerra permanente parece ser parte del capitalismo.
Luci: aquí va el gráfico No. 2 (tomarlo del archivo original que anexo)

Gráfico No. 2
Deuda total estadounidense (federal, empresarial, financiero, hogares) frente al PIB (1957-2008)

La Segunda Guerra Mundial habrá consolidado la hegemonía estadounidense en el mundo, igual que las élites podrían pensar en conservarla en me
dio de la crisis actual, pero si en ese entonces dejó una gran deuda, más voluminosa todavía sería la deuda con una gran guerra en estos tiempos. Ya en los años cincuenta el general David Eisenhower alertó acerca de que el complejo militar industrial podría salirse de control, y hoy ciertamente se encuentra fuera de control. La medicina tóxica del pasado usada por los presidentes Franklin Roosevelt y Harry Truman es la misma de ahora, solo que más venenosa. Las balas de la Segunda Guerra eran de plomo, las actuales son de plutonio radioactivo, garantía de extinción de la vida en el planeta.
1. Gasto militar y crecimiento económico

La deuda total de los EE. UU. (privada y pública juntas) alcanza el 350% de su PIB, y en especial el gasto militar aumenta la pública. Esto tiene consecuencias estratégicas para la hegemonía estadounidense. En efecto, China con un PIB que crece al ritmo del 8% anual puede duplicar su gasto anual de defensa cada nueve años (entre 1999 y 2008 lo aumentó un 194%), sin que nada cambie en la relación relativa entre gasto de defensa y PIB. Los EE. UU. en cambio, al incrementar su gasto de defensa un 67% con tasas de crecimiento negativo, verán que este gasto improductivo impactará cada vez más negativamente en el crecimiento económico. En otras palabras, por basar su economía en el trabajo productivo China aún puede permitirse el lujo de entrar a la carrera armamentista, mientras para los EE. UU. ello implica una profundización de su crisis. Un gasto de defensa ascendente sustentado a puro crédito en una época de recesión prolongada conlleva una espiral descendente de la economía civil, que en última instancia se expresa en tasas más negativas de crecimiento. Los EE. UU., por consiguiente, están cavando su propia tumba, tal como lo hizo la Unión Soviética unas décadas atrás.

La gran diferencia entre las economías de los EE. UU. y la de China es que, durante décadas, este país ha invertido su capital fundamentalmente en la economía real, esto es en el ámbito productivo. De ahí que en los últimos decenios China se transformó en el taller mundial por excelencia. Con una economía civil pujante, el país muestra elevadas tasas sostenidas de crecimiento económico. Los EE. UU., por el contrario, han concentrado muchas de sus inversiones en el ámbito financiero y especulativo, es decir, desarrollando sobre todo capital ficticio. El gasto militar, por su contenido, constituye un gasto improductivo, y esto ha sido válido tanto para el llamado socialismo real que colapsó en los años noventa, como para el capitalismo actual en plena crisis.

En vez de alentar de manera directa el crecimiento de la economía civil, el gasto militar tiende a la reproducción limitada de ésta, o sea, al traspasar ciertos límites es causa de crecimiento negativo. Toda inversión realizada en la economía de guerra significa una inversión y un producto extraído al proceso reproductivo y de crecimiento real de la sociedad, que limita la capacidad expansiva de la economía civil y la creación de nueva riqueza. Como ya señalamos, dicha contracción económica no necesariamente se observará en el corto plazo, pues una fuerte inversión en el complejo industrial militar suele generar, en el corto plazo, empleo, producto y crecimiento, lo mismo que expansión de la tecnología y el conocimiento, sin olvidar lo esencial: ganancias extraordinarias para el capital activo en este sector. Un “keynesianismo militar”, por tanto, podría impulsar el crecimiento en el corto plazo, pero no a mediano y largo plazo. Esta fue una de las principales causas del hundimiento y la desmembración de la Unión Soviética, de lo que los EE. UU. no están exentos. Hoy, esta potencia corre el riesgo de estar fomentando su propio derrumbe.

Gráfico No. 3
Gasto militar de los EE. UU. en el contexto mundial, 2008

Como el producto final del complejo industrial militar es extraído a la economía, el armamentismo limita la capacidad expansiva de la economía en su conjunto. En el mejor de los casos el producto final no se utiliza, como suele ser el caso de las armas nucleares, aunque su eventual uso no está descartado. Al no haber sido aún usadas en guerras convencionales después de Hiroshima y Nagasaki, los programas de desarme nuclear responden probablemente a políticas de sustitución de armas nucleares obsoletas por otras más modernas, letales y estratégicas. No apuntan, en otras palabras, a una política de reconversión de la economía militar en otra civil. Una política de armamentismo prolongado —caso de la guerra permanente— implica una pérdida de dinámica del crecimiento económico, y al ocupar el complejo industrial militar una proporción creciente de la capacidad instalada del parque industrial, éste en su conjunto se vuelve siempre más improductivo. Esto dificulta cada vez más la reconversión de la industria militar en civil. Lo anterior, que pasó ya en la antigua Unión Soviética dos décadas atrás, está comprometiendo hoy a los EE. UU. (5).
2. El momento de la perestroika revisitado

En los años ochenta los EE. UU. gastaban en materia de defensa y en términos absolutos más que la Unión Soviética de ese entonces. Aun así, por ser una economía dos a tres veces más pequeña, el gasto militar como porcentaje del PIB alcanzaba en la Unión Soviética en 1984 un 14%, más del doble que los EE. UU. En dichos años los EE. UU. aumentaron su gasto de defensa, y la Unión Soviética acompañó esta carrera armamentista. El resultado fue que el crecimiento económico soviético se tornó negativo para el 40% de los productos industriales de la economía civil, con lo que el consumo per cápita mostró un crecimiento negativo. Un incremento del gasto militar en una economía que decrece, supone un crecimiento cada vez más negativo de la economía de una nación. La economía soviética se encontraba en un ciclo vicioso hacia el derrumbe y la conversión de la economía militar en civil se hizo necesaria. En este contexto, en tiempos de Mijail Gorbachov, la Unión Soviética se vio obligada a introducir su política conocida como la ‘perestroika’.
El levantamiento de la economía civil soviética requería una mayor descentralización y, por tanto, un mayor grado de autonomía y de democratización para las repúblicas de la Unión. La economía basada en el pesado complejo industrial militar había llevado a una fuerte centralización económica a costa de los planes de desarrollo de las repúblicas. Pero la ‘perestroika’ tuvo como resultado no esperado el fomento de sentimientos nacionalistas que fortalecieron los poderes locales en las repúblicas, y con ello la separación del poder central. Fue un claro fenómeno de desacople o desconexión. La caída del Muro de Berlín simbolizó esta desintegración del bloque socialista, y con ello la caída del socialismo real. Con el derrumbe se abrió el camino para la comprensión de los grandes problemas, errores y contradicciones acumuladas en la Unión Soviética desde los tiempos de José Stalin, los cuales habían carcomido los cimientos del socialismo real, de la sociedad soviética y del Pacto de Varsovia. Se derrumbaba así este proyecto alternativo al capitalismo propuesto en ese período histórico

Con la crisis del socialismo a finales del decenio de los ochenta, todo indicaba que el capitalismo era el único sistema p
osible para la humanidad, que por naturaleza parecía ser eterno. Esta perspectiva, promovida por Francis Fukuyama, significaba que se cerraba cualquier alternativa de desarrollo para los países del Sur, y tuvo como consecuencia su virtual subordinación a las grandes potencias durante la era de la globalización neoliberal. Estas potencias en su conjunto, aunque sobre todo los EE. UU., se presentaron como gloriosos triunfadores de la Guerra Fría. Esta lectura sin embargo adecía de un g e error, porque el capitalismo se hallaba ya al borde de su propio derrumbe desde su mismo centro de poder, derrumbe que hoy es una realidad. De hecho nadie ganó la Guerra Fría, puesto que primero se hundió la Unión Soviética y ahora se está hundiendo Occidente, ambos víctimas en gran medida del capital ficticio, la corrupción, el derroche y, no en último lugar, el abultado gasto militar. Fracasó el socialismo del siglo XX y hoy fracasa también el capitalismo del siglo XX, dejando al mundo sin claras opciones, salvo las experiencias buenas y malas del pasado para intentar reconstruir al mundo de forma distinta y más justa.
3. La necesidad de una perestroika en Occidente

Al celebrarse en noviembre de 2009 el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, el expresidente soviético Mijail Gorbachov se refirió a la caída de otro muro, esta vez en Nueva York (“Wall Street”). Con ello, de hecho, aludió a la crisis sistémica del capitalismo y afirmó que Estados Unidos “necesita su propia Perestroika”. Esto quiere decir que frente a la amenaza de las crónicas tasas de crecimiento negativas, los EE. UU. necesitan, en primer lugar, la conversión de su economía militar en una civil.

Una reconversión de tal naturaleza, sin embargo, no es fácil ni puede hacerse rápidamente. En el pasado hemos recomendado la reconversión del complejo industrial militar en un complejo industrial civil para la cooperación internacional y la paz, pero aun con toda la buena voluntad —que dudamos exista en las élites estadounidenses— tomaría bastante tiempo, quizás décadas. Con todo, un colapso del sistema de globalización implicaría la desconexión de amplias regiones que buscan mayor soberanía en sus proyectos de sociedad. En el caso de una carrera armamentista frente a China, por ejemplo, los EE. UU. llevarían las de perder en términos económicos y esto aceleraría el proceso de desconexión en el mundo y hacia lo interno, como ocurrió en su momento con el bloque soviético.

Refiriéndose al proceso de descentralización y mayor soberanía de las economías periféricas, el expresidente soviético añadió que hay vientos de cambio que favorecen a todo el mundo. Al expresarse de esta manera sobre el tema de la desconexión, Gorbachov pidió “más transparencia y más apertura” (‘glasnost’). Finalmente expresó su esperanza de que al presidente Barack Obama “le vaya bien”, vale decir, que se prepare ante una eventual desintegración de todo su imperio y hasta de los propios EE. UU. En un reciente libro (6) ya habíamos mencionado la posibilidad de una perestroika para Occidente, el peligro de una eventual desintegración de la Unión Europea (UE) e incluso de la misma Unión Americana.

El único modo de que en la actual carrera armamentista los EE. UU. puedan escapar al fenómeno regresivo de su economía y evitar su colapso eventual, es mediante la transferencia del improductivo gasto militar a terceras naciones, fomentando, entre otros mecanismos, las exportaciones de armas. La Guerra Fría y la amenaza de guerras son formas por excelencia para acrecentar la demanda efectiva de armas. Pareciera entonces que la actual política estadounidense con sus guerras reales en Irak, Afganistán y por lo pronto Pakistán, Yemen o Irán, etc., sería la forma de dinamizar la economía de los EE. UU. mediante el saqueo, por un lado, obstruyendo a sus contrincantes principales como China el abastecimiento de recursos energéticos y, por otro, doblando el brazo a sus competidores en el poder geopolítico como China o Rusia. En todo caso, las posibles transferencias del gasto militar hacia sus aliados y el saqueo durante cada invasión, son claramente insuficientes para compensar sus muy profundos desajustes económicos. Frente a la situación extrema de perder su hegemonía, los imperios suelen optar por el desencadenamiento de una última gran guerra, lo que podría volverse imperativo para las élites estadounidenses.

La capacidad de transferir el gasto militar improductivo se refleja en las exportaciones de armas de un país. Las cifras en el cuadro de arriba indican que las exportaciones estadounidenses de armas no subieron durante la década pasada, lo que implica que los EE. UU. han de asumir internamente el incremento del gasto improductivo de defensa durante esos años, o lo que en realidad hace a partir del crédito que procura obtener de sus propios contrincantes (China y Rusia, sobre todo). No pudiendo exportar más armas que en el pasado, los efectos de ese gasto improductivo-destructivo lo busca ‘exportar’ a través del eventual no pago de su deuda a China y Rusia. Eventualmente, un conflicto con estas naciones le serviría a los EE. UU. de argumento para no pagar dicha deuda.

Muy al disgusto de los EE. UU., sus aliados europeos no se muestran muy inclinados a compartir ese gasto. Los cinco mayores países exportadores de armas de la UE (Alemania, Francia, Holanda, Gran Bretaña e Italia) superan con creces a los EE. UU. en esta materia. Esto podría ser indicativo de una creciente reticencia en los demás países centrales para dejarse arrastrar a las aventuras militares del complejo militar industrial estadounidense. La UE posee su propio complejo industrial militar, con una mayor capacidad de transferencia del gasto improductivo a través de las exportaciones que los EE. UU. Por consiguiente, una creciente disputa entre los países centrales en torno al quehacer frente a la crisis no es una abstracción, y forma parte de un escenario favorable a la desconexión de los países periféricos.
4. El efecto ‘bumerang’ en la teoría del dominó de la geopolítica

Si bien el negocio de los dueños del complejo industrial militar ha sido cuantioso, el precio también lo ha sido para los países periféricos escenario de esta política de guerra permanente, que el expresidente Richard Nixon llamara las “Primeras escaramuzas de la Tercera Guerra Mundial”. De manera sistemática se ha ido destruyendo el Sur del planeta y abriendo el camino, más allá de una crisis estructural del capitalismo, a una crisis de la civilización. El militarismo unido a la teoría del dominó o \’efecto bola de nieve\’ aplicable a la geopolítica, según la cual una ideología y un sistema político en un país arrastraría a sus vecinos a los mismos, ha sido atribuida a John Foster Dulles y al presidente Harry Truman. Luego fue defendida, entre otros, por Henry Kissinger, cuando los sucesos de Vietnam y el sudeste de Asia para justificar la intervención estadounidense. A final de cuentas pareciera que la teoría sí funcionó, pero no como sus defensores pronosticaron, sino a la inversa: como un “efecto boomerang” (7), al acumularse sus contradicciones en los principales centros de poder mundiales, la Unión Soviética primero, y los EE. UU. después. Esto se observa con la intervención estadounidense en Vietnam y otros países, la
soviética en Afganistán, y ahora con la de los EE. UU. en Iraq, Afganistán, etc. Tal parece que la potencia que se atreve a practicar dicha teoría, termina pagando el precio.

Figura No. 1
La teoría del dominó llegó a demostrarse, pero:

Las distintas operaciones militares y de desestabilización de países y regiones enteras, parte misma de la Guerra Fría, provocaron ese efecto de “boomerang” negativo sobre los propios países centrales. Esto se expresa hoy en su acumulación a lo largo de décadas, hasta explotar en la actual crisis en conjunto con otros factores de ésta.

En el decenio de los ochenta no fueron los países del Norte, sino los países del Sur y de modo particular los productores de petróleo, los que absorbieron el 80% de las importaciones de armas a nivel mundial. Después de la Guerra Fría, las posibilidades de transferencia del gasto militar disminuyeron de forma dramática para los EE. UU. Este país necesitaba de más guerras y pretextos para ellas, las cuales ya no podían seguirse justificando con una guerra fría con la Unión Soviética. Por ende, era imprescindible construir nuevos enemigos para dar sostén al ‘keynesianismo militar’ y a la guerra permanente. En este nuevo contexto surgió primero la guerra del golfo Pérsico en 1990, luego la guerra contra el narcotráfico y más tarde la guerra contra el terrorismo, a partir de la caída de las ‘Torres Gemelas’ de Nueva York en 2001.
Durante casi toda la historia del capitalismo, las potencias han recurrido al gasto militar en tiempos de crisis. En tales tiempos, las presiones políticas de los mayores consorcios en bienes y equipos son encaminadas a avivar el complejo industrial militar. No extraña que los grandes ciclos económicos sean acompañados de grandes guerras. Y es que ante la incapacidad de vender sus medios de producción o bienes de capital, el Estado, como garante de la demanda de su producto final, aumenta el gasto militar y convierte la economía civil en militar en beneficio del capital improductivo activo en el complejo industrial y militar. En la actualidad este gasto de defensa ya no se financia con los impuestos recaudados entre los ciudadanos estadounidenses, lo que restaría fuerza al potencial de crecimiento. El gobierno de los EE. UU. financia la guerra a puro crédito obtenido en el exterior de sus principales contrincantes (China y Rusia) o con la impresión de dólares sin respaldo, moneda universal aún aceptada.

Podría preguntarse si China, por ejemplo, no se encuentra hoy obligada a incrementar su gasto de defensa por motivos económicos. La crisis económica en China no se manifiesta por una sobreproducción en los bienes y equipos, sino por la contracción del mercado de medios de consumo. Ésta se resuelve de otra forma. Al caer las importaciones estadounidenses de bienes de consumo chinos, China y Japón han intensificado el comercio entre sí en esta época de crisis pues de esta manera se liberan de los dólares o bonos sin valor. Además, China intenta sustituir la demanda externa de dichos bienes por una demanda interna. Con la caída de las exportaciones de los países del Sur, la sustitución de importaciones se convierte en una política general de las economías periféricas.

La caída en las exportaciones de los países más industrializados y en especial de los EE. UU., en cambio, implica una caída de bienes y equipo o medios de producción. La sustitución de esta baja en la demanda civil se da mediante el aumento del gasto de defensa y la consecuente ampliación del complejo industrial militar. Esta aparente solución, sin embargo, profundizará la crisis económica ya existente, a menos que se consiga una significativa transferencia del gasto militar a terceras naciones, esto es, con la ampliación de la guerra. En nuestra opinión, esto es lo que cabe esperar. En primera instancia la guerra se dirigiría hacia aquellas naciones con capacidad de pago, o sea, hacia aquellos países con más recursos energéticos y recursos naturales que todos necesitan y consumen. No obstante, una ‘gran guerra’ se dirigiría principalmente hacia aquellas potencias que podrían significar una amenaza para el actual orden establecido, a saber, China y Rusia.

Con Sara Flounders (8) creemos que la crisis económica de los EE. UU. es esta vez tan grande y sus gastos militares tan insoportables, que las posibilidades de transferirlos a terceras naciones son limitadas. La última figura para transferir este enorme gasto militar a crédito es declarar una cesación de pagos, cuya coyuntura óptima sería en el contexto de una guerra. Este intento de transferencia, en lugar de significar una solución, podría más bien implicar el entierro definitivo de la economía estadounidense.

Notas
(1) Véase Washington\’s Blog, “The Military-Industrial Complex is Ruining the Economy” (www.globalresearch.ca).
(2) Rick Rozoff, “Nobel Comité celebrates war as peace” (completar)
(3) Véase el anuario de The Economist, “The world in 2010”, s. f., pág. 113.
(4) Medipaz, “Nicaragua, Guerra de Baja Intensidad”, 1994 (completar)
(5) Véase Wim Dierckxsens, De la globalización a la perestroika occidental. San José, DEI, 1994, pág. 84.
(6) Observatorio Internacional de la Crisis, La gran depresión del siglo XXI: causas, carácter, perspectivas. San José, DEI, 2009, pág. 103.
(7) Medipaz, op. cit.
(8) Sara Flounders, “The Pentagon Budget: Largest ever and growing”, en www.globalresearch.ca, 19.11.2009.

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¿Qué pasó con la Unasur?

Agenpress, lunes 12 de abril de 2010
Durante el último semestre del 2009, Suramérica estaba escandalizada por el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos, que permitió la ocupación de siete bases militares colombianas por parte de Washington y abrió la puerta a la expansión militarista imperial más grande de toda la historia en ésta región. La entidad que más alzó su voz y convocó reunión tras reunión para aclarar los términos del acuerdo entre Washington y Bogotá, y también para protestar contra su realización, fue la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur.

No obstante, la Unasur nunca logró aclarar el acuerdo entre Colombia y Washington y tampoco concretó una protesta colectiva y contundente en su contra. Luego de las presiones de la administración Obama, varios países de la región bajaron su tono y retiraron sus comentarios.

Dos de ellos son Brasil y Perú, países a punto de firmar acuerdos de cooperación militar durante esta próxima semana. El propio Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, visitará a Colombia, Perú y Brasil esta semana, para concretar y consolidar la cooperación militar con Washington.

La Cancillería de Brasil ha declarado que su acuerdo no tiene nada que ver con el de Colombia, no obstante, significa una presencia y un acceso militar de Washington en su país. El acuerdo con Perú también implica el uso del Pentágono de instalaciones militares y civiles ya existentes en el país andino.

La actual estrategia de Washington no esta fundamentada en el establecimiento de nuevas bases militares en el mundo, sino el uso de las instalaciones ya presentes en países con alguna importancia geoestratégica y una ubicación que permita el alcance de amplio espectro de las fuerzas militares estadounidenses por toda la región.

¿Y, dónde está la Unasur frente a estas nuevas revelaciones sobre acuerdos militares con Brasil y Perú ?. Si la Unasur no reaccione de igual manera como fue con el caso de Colombia, cesaría de ser una entidad con credibilidad regional y se convertiría en simplemente una pieza más de Washington en la región.

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Publicado por ARGENPRESS en 13:22:00

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La agenda de Bariloche: Repercusiones de la Cumbre de UNASUR

1. La cumbre hizo evidente la preocupación de todos los gobiernos que integran Unasur sobre los alcances del convenio de cooperación militar entre Estados Unidos y Colombia, en términos de estabilidad política, seguridad, integridad territorial, soberanía, armamentismo y paz. En este sentido se explica la convocatoria a una reunión del Consejo Sudamericano de Seguridad, la intención de monitoreo y verificación del convenio entre Estados Unidos y Colombia y la implementación de un mecanismo de transparencia, que garantice que no habrán bases militares extranjeras en territorios de los países de América del Sur. Pese a su molestia, el gobierno colombiano cedió en este punto, aun cuando reafirmó que el acuerdo ya está finiquitado y no es sujeto de modificación alguna. Fue clave la intervención del presidente Hugo Chávez para identificar los peligros del convenió de cooperación en términos estratégicos de seguridad del gobierno de Estados Unidos. El presidente Correa de Ecuador demostró que no se necesitan esos acuerdos para combatir el narcotráfico y puso en evidencia el compromiso de su gobierno en la frontera con Colombia. 2. El armamentismo fue tema obligado en la cumbre, así como otros tratados y convenios militares que van a ser objeto de monitoreo por el Consejo Sudamericano de Defensa. El presidente Chávez se adelantó a ofrecer toda la información sobre el convenio militar suscrito por Venezuela con Rusia y con Irán. 3. Es la primera vez en Sudamérica que un tema de cooperación militar se discute en un espacio multilateral, antes los tratados militares se imponían sin ninguna posibilidad de discusión. Hay un nuevo escenario político en la región y se reafirma el rol de Unasur, que sale fortalecida de la reunión de Bariloche. La presidenta Bachelete hizo énfasis en la agenda tradicional y la nueva agenda de seguridad en la región y reafirmó la transparencia en el tema de armas y recursos de seguridad y en la cooperación multilateral. 4. Quedó clara la necesidad de un diálogo político entre Unasur y el gobierno de los Estados Unidos en torno a los temas de seguridad regional y lucha contra las drogas. La propuesta del presidente Lula tuvo acogida entre los mandatarios que integran la Unasur, aun cuando es significativa la oposición del presidente de Colombia. Si se mantiene el espíritu de “alianza entre iguales” expresado por el presidente Obama en Trinidad y Tobago, este diálogo es posible. 5. Avanza una propuesta cooperación regional y multilateral en la lucha contra el narcotráfico, previa evaluación de la eficacia de la militarización y la estrategia implementada mediante el Plan Colombia. El rol principal estará a cargo del Consejo Sudamericano de lucha contra el narcotráfico. Este será un nuevo escenario de debate público que demanda una decidida participación de la sociedad civil. 6. A pesar de las preocupaciones expresadas por el presidente Lula, la transmisión en directo por televisión contribuyó a moderar el lenguaje de los mandatarios y, al final, a las espontáneas manifestaciones de aprecio y respeto entre los presidentes de Colombia y Ecuador, como antesala de un eventual diálogo entre los dos gobiernos. 7. Fue muy importante la contribución de la presidenta Cristina Fernández para moderar la reunión en momentos críticos y asegurar un resultado positivo de la cumbre. Este pedido de la presidenta de Argentina, así como las gestiones previas del presidente Lula, ayudaron en esta dirección. 8. El presidente Uribe logró incluir a la OEA en los mecanismos que adopte el Consejo Sudamericano de Defensa, así como un consenso en torno a la necesidad de combatir el terrorismo y a los grupos ilegales, que no tuvo objeción en la cumbre. En cambio no fue bien recibida la propuesta de Uribe de declarar terroristas a los grupos guerrilleros colombianos y penalizar el consumo de drogas en los países sudamericanos. 9. Cada vez más se posesiona la interlocución de Unasur con la sociedad civil, en virtud del artículo 18 del organismo que asegura la participación ciudadana en las deliberaciones y decisiones. La Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz de Colombia logró hacer saber de todos los mandatarios y ministro de relaciones exteriores sus propuestas y reflexiones en torno a la crisis diplomática entre Colombia, Venezuela y Ecuador, la ampliación del convenio de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos y la urgencia de avanzar hacia una solución no militar del conflicto armado en Colombia. 10. Justamente el tema de la paz en Colombia, premisa necesaria para asegurar la integración, evitar la regionalización del conflicto y evitar más roces diplomáticos, fue planteado al final por el presidente Hugo Chávez y abre la posibilidad de que Unasur asuma un liderazgo en esta dirección. Jorge RojasAsamblea Permanente de la Sociedad Civil por la PazDiplomacia Ciudadana por la PazSan Carlos de Bariloche, 28 de agosto de 2009

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