Categoría: Crisis del capitalismo y desmantelamiento del Estado de Bienestar

Elecciones en Europa:  Globalismo, Continentalismo y Universalismo

  Wim Dierckxsens y Walter Formento, 19 de Abril de 2017. Introducción En los grandes medios de comunicación se habla y publica mucho sobre las derrotas de Trump: en su política migratoria, en torno al proyecto ´ObamaCare´, en la salida tal o cual secretario, entre otras cosa. Pero estos mismos grandes medios, parte de la… ( Leia mais » )

También publicado en Crisis global y crisis de la civilización, Unión Europea y la crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

Elecciones en EUA 2016: Ganó la profundización de la Crisis Global

Introducción La elección presidencial en EUA con la victoria de Donald Trump ha llevado la confrontación y pujas de poder dentro de EUA (Estados Unidos de América). Esta confrontación profundiza la crisis y la extiende a todos los planos de la realidad. Esta crisis que se profundiza en la medida en que se profundiza la… ( Leia mais » )

También publicado en - Artículos del Equipo, Crisis global y crisis de la civilización, Sobre la actual etapa capitalista | autor: | Dejar un comentario

Hacia un mundo multipolar en medio de amenazas de guerra

El Yuan chino frente al dólar, ¿hacia un gobierno global? El 1 de octubre el Yuan chino ha sido incluido oficialmente en la canasta de los Derechos Especiales de Giro (DEG´s) del Fondo Monetario Internacional (FMI). Al mismo tiempo bonos denominados en Derechos Especiales de Giro (DEG´s) fueron introducidos. Es un hecho que los bonos… ( Leia mais » )

También publicado en - Artículos del Equipo, Crisis global y crisis de la civilización, Unión Europea y la crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

Romney supera a Obama entre el electorado con intención de votar según encuesta

El candidato presidencial del Partido Republicano, Mitt Romney, supera en preferencias al presidente en ejercicio, Barack Obama, entre los votantes con intención de participar en las elecciones presidenciales del 6 de noviembre, según una encuesta realizada por Pew Research Center. De acuerdo con el estudio, el 49% de los encuestados apoyaría a Romney mientras que… ( Leia mais » )

También publicado en Crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

Declaraciones del exjefe del Banco Central Europeo: “Si los Parlamentos no nos dan lo que queremos, los invalidaremos”

Si queda alguien que duda de que la lucha contra la austeridad es fundamentalmente una lucha por la democracia, la escalofriante propuesta revelada el martes del exjefe del Banco Central Europeo Jean-Claude Trichet sobre cómo resolver la crisis europea, debería poner fin rápidamente a un enfoque tan microscópico. Trichet ha propuesto lo que llama “federación… ( Leia mais » )

También publicado en Unión Europea y la crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

Salir de la austeridad

“La mejor fortaleza de los tiranos, es la inacción de los pueblos”. Maquiavelo Como una sensación de asfixia. Es lo que padecen muchos ciudadanos en varios países de la Unión Europea (UE), afectados por tanta reducción, tanto recorte y tanto ajuste. Una sensación agudizada por la comprobación de que la alternancia política no modifica la… ( Leia mais » )

También publicado en Capitalismo y crisis financiera, Crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

De la no desarticulación de Eurolandia a la desarticulación del Reino Unido

GEAB N°60 17 de deciembre de 2011 Continua la integración de Eurolandia con la aceleración y el fortalecimiento de las integración presupuestaria y financiera y el esbozo de una integración fiscal. Los gobiernos de la Eurozona, con Alemania en primer lugar, confirmaron su voluntad de ir hasta el final de este proceso, contrariamente a todos… ( Leia mais » )

También publicado en Unión Europea y la crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

Audacia, más audacia

Las circunstancias históricas creadas por la implosión del capitalismo contemporáneo requieren de una izquierda radical, tanto en el Norte como en el Sur, que sea capaz de formular una alternativa política al sistema existente. El propósito de este artículo es mostrar por qué es necesaria la audacia y lo que esta significa. ¿Por qué audacia?… ( Leia mais » )

También publicado en Alternativas | autor: | Dejar un comentario

La City y Wall Street rehipotecan los fondos de sus clientes, sin su consentimiento, para atacar a los PIIGS (ENG)

Mf Global’s denuncia un escándalo financiero, Wall Street y la City londinense rehipotecan los fondos de sus clientes sin su consentimiento, para apostar a la baja en los bonos de paises como Italia, España, Bélgica y Portugal. Mientras en Wall Street existe “cierta” regulación sobre las rehipotecas, en la City no existe ningún tipo de… ( Leia mais » )

También publicado en Implicaciones geopolíticas de la crisis capitalismo, Perspectivas del capitalismo, poscapitalismo y sujeto histórico | autor: | Dejar un comentario

Italia: de las administrativas al referéndum, la fuerza de Internet – Diez años después vuelven a ondear las banderas de los foros sociales

Es un mundo nuevo el que esbozan los referéndums. Un mundo en el que el papel ineludible de los medios personales de comunicación de masas hacen de Internet, y ya no de Porta a Porta (1), la tercera cámara del país. Pero también es un mundo antiguo en el que triunfan las razones de los… ( Leia mais » )

También publicado en Formas de Estado y democracia, Unión Europea y la crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

Unión Europea: cuando la guerra de los países acreedores contra los países deudores troca en guerra de clases

El execonomista de Wall Street Michael Hudson, uno de los más sagaces analistas de la actual crisis económica y financiera, ve en el reciente discurso del presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, el programa de un verdadero golpe de estado financiero contra la democracia europea. Poco después de que el Partido Socialista ganara las elecciones a… ( Leia mais » )

También publicado en Unión Europea y la crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

La estrategia del arriba

Cualquier plan de acción de los movimientos antisistémicos debe partir de una comprensión lo más completa y abarcativa posible de los objetivos estratégicos que persiguen los grupos dominantes, o sea la tecnoburocracia que maneja los principales hilos del poder global. No se trata de erigir una estrategia alternativa en relación de simetría, sino de comprender… ( Leia mais » )

Publicado en Crisis del capitalismo y desmantelamiento del Estado de Bienestar | autor: | Dejar un comentario

Los “”indignados”” y la Comuna de París

Tal vez por una de esas sorpresas de la historia el gran levantamiento popular que hoy conmueve a España (y que comienza a reverberar en el resto de Europa) estalla en coincidencia con el 140º aniversario de la Comuna de París, una gesta heroica en la cual la demanda fundamental también era la democracia. Pero… ( Leia mais » )

También publicado en Crisis global y crisis de la civilización | autor: | Dejar un comentario

Bienestar sostenible

Rebelion, 27.07.2010
Todo el mundo parece estar de acuerdo en que, debido al envejecimiento, el Estado del bienestar (EB) es insostenible y debe reducirse. Puede pensarse que esta aparente unanimidad se debe a que mantener el EB va a requerir una cantidad desorbitada de recursos adicionales. Pero no es así. Según las proyecciones de la Comisión Europea, entre 2007 y 2050 el envejecimiento tendrá un coste adicional de 9 puntos del PIB. Esto es, de cada 100 euros de renta, habrá que dedicar 9 más que ahora al EB. El gasto en protección social (pensiones, sanidad y dependencia) alcanzará el 23,9% del PIB y, lejos de ser el más alto de la UE, será sólo un punto superior al promedio. Para poner estas cifras en perspectiva, cabe señalar que incluso si sumáramos esos 9 puntos del PIB a los niveles actuales de gasto e impuestos, España seguiría gastando y recaudando menos que lo que hoy gastan y recaudan varios países de la UE. Además, hay países que gastan ya en protección social sólo algo menos de lo que gastará España en 2050.

Si el EB es sostenible, ¿por qué tantas organizaciones supranacionales (OCDE, FMI, UE) piden a España que lo reduzca? La respuesta es que estas instituciones no son organismos técnicos asépticos. Creen en el libre mercado, el equilibrio presupuestario permanente, que los impuestos son perjudiciales para el crecimiento y que la sostenibilidad vía menos gasto es mejor que vía más ingreso. Y muchas veces revisten de técnica lo que son posiciones ideológicas. Esta visión liberal subyace también a muchas recomendaciones de expertos y políticos. En los políticos se añade una cierta falta de valor y visión, porque es más fácil bajar el gasto que asumir los riesgos y costes de mantener el EB.

La crisis actual se ha utilizado para justificar la reducción del EB; en particular de las pensiones. La relación entre reducir el déficit actual y bajar pensiones que se pagarán dentro de 20 años es dudosa. En todo caso, conviene señalar que buena parte del déficit actual de España se debe a una caída de ingresos sin parangón en la UE. Entre 2007 y 2009, a pesar de que el PIB ha caído menos que en el promedio de la UE, los ingresos públicos en España casi han colapsado, cayendo seis veces más (6,4 puntos del PIB) que en el promedio de la UE. Por eso en 2009 los ingresos públicos eran casi 10 puntos inferiores al promedio de la UE. Si los ingresos en España hubieran caído como en el promedio, el déficit en 2009 hubiera sido el 5,8% del PIB en vez del 11,4%. Casi toda la caída de ingresos se ha debido a que se ha recaudado menos. La pérdida recaudatoria se ha acentuado por las reformas fiscales recientes (dualización, eliminación de patrimonio, rebajas en IRPF y Sociedades) y porque que se ha favorecido la elusión y se ha sido tolerante con el fraude.

Como será más caro, el EB sólo se podrá mantener (incluso a niveles más bajos) subiendo los impuestos. Si no se suben se irá a una sociedad envejecida, empobrecida y con menos protección. Las pensiones podrían bajar hasta un 45% (el Gobierno, aunque luego lo retiró, incluyó en el programa de estabilidad un recorte de pensiones del 25% que probablemente era insuficiente para garantizarlas sin aportar impuestos), las prestaciones de la Sanidad serían menores y la Ley de Dependencia tendría problemas de aplicación. La aportación de recursos privados sería de poca ayuda. Por ejemplo, la mayoría de la población no tiene recursos para acumular pensiones privadas suficientes y los que lo hagan es probable que en el futuro se encuentren con rentabilidades muy bajas (puede que negativas). Los copagos, por su parte, son injustos e ineficientes tanto para obtener ingresos como para moderar la demanda.

Para aumentar los impuestos y que la sociedad lo acepte, son necesarias dos tipos de medidas. Primero hay que reevaluar la justificación de ciertos gastos, reorganizar el sector público y establecer mecanismos de control de la eficacia de los resultados. Segundo, hay que realizar una reforma fiscal centrada en que tributen quienes por defectos de gestión (fraude) o por decisión política (exenciones, bonificaciones y vías de elusión) no contribuyen según su capacidad. Esto implicará reformar los impuestos directos, crear nuevos impuestos (sobre entidades financieras y riqueza) y reformar la inspección.

Habrá quien diga que los impuestos ralentizan el crecimiento y que no se puede hacer pagar a los ricos porque habrá deslocalizaciones. Estos argumentos son tan interesados como, en gran medida, falsos. El argumento del crecimiento ignora los efectos expansivos del gasto público y sobreestima la reacción de los agentes económicos a los impuestos. El de la deslocalización no toma en cuenta que los impuestos son sólo un factor en la decisión de ubicación de personas y empresas, y que deslocalizarse tiene costes altos. El capital financiero se puede controlar por métodos indirectos y, en todo caso, renunciar a gravarlo no es la mejor opción económica ni ética.

En suma, el EB es sostenible si la sociedad está dispuesta a pagar en impuestos su coste adicional, que no es muy alto. El aumento de impuestos será asumible socialmente si se racionalizan las prestaciones y la gestión del gasto y se establece un sistema fiscal justo que trate igual a todos los niveles (ricos y pobres) y tipos (capital y trabajo) de rentas y que luche de forma efectiva contra el fraude.

Ignacio Zubiri es Catedrático de Hacienda de la Universidad del País Vasco

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/2182/una-lectura-politica-de-la-sentencia-del-estatut/

También publicado en Capitalismo y crisis financiera, w. Otros artículos | autor: | Dejar un comentario

La crisis griega golpea al Estado español

También publicado en Unión Europea y la crisis del capitalismo | autor: | Dejar un comentario

EL NUEVO MERCADO: EL CAPITALISMO INTENTA CONVERTIR EN ";RENTABLE"; LA POBREZA

l sistema capitalista no sólo arroja al hambre, la marginalidad, la desprotección social, las privaciones y las enfermedades, a miles de millones de seres humanos en el planeta, sino que ahora, además, sus expertos andan estudiando la manera de reciclar esa masa mayoritaria de desecho humano y social que deja la explotación del hombre por el hombre, en nuevos mercados con “potencialidad de desarrollo” y vetas de rentabilidad asegurada

Dentro de los parámetros funcionales del sistema capitalista (establecido como “civilización única”) la “población sobrante” son las masas expulsadas del circuito del consumo como emergente de la dinámica de concentración de riqueza en pocas manos.

Estas masas, que se multiplican por las periferias de Asia, áfrica y América Latina, no reúnen los estándares del consumo básico (supervivencia mínima) que requiere la estructura funcional del sistema para generar rentabilidad y nuevos ciclos de concentración de activos empresariales y fortunas personales.

Además, esa masas expulsadas del circuito del consumo, requieren (para darle una pantalla “compasiva” al sistema) de una estructura “asistencialista” compuesta por la ONU y las organizaciones internacionales que representan una carga y un “pasivo indeseable” en los balances de gobiernos y empresas trasnacionales a escala global.

Hasta ahora los pobres solamente revisten rentabilidad electoral para los políticos del sistema.

Mediante las politicas asistencialistas “clientelistas” los políticos consiguen un mercado electoral cautivo con la pobreza. De hecho, el modelo capitalista vigente ha industrializado el “mercado de la pobreza” como estrategia para conseguir votos y contener los estallidos sociales.

Paralelamente (Líbano, Irak, Gaza, Afganistán, Pakistán, Sudán, Somalía, y Sry Lanka, entre otros) se han convertido en teatros experimentales de exterminio militar en masa de “población sobrante” que funcionan bajo la carátula operativa de la “guerra contra el terrorismo”.

Fuera de la órbita del “asistencialismo” electoralista, o de una posible “solución final” maltusiana con el exterminio militar, la pobreza, la masa mundial de “población sobrante”, no parece tener cabida en los planes del capitalismo.

Según la ONU, con “menos del 1%” de los fondos económicos que han utilizado los gobiernos capitalistas centrales para salvar al sistema financiero global (bancos y empresas que han desatado la crisis económica), se podría resolver la calamidad y el sufrimiento de miles de millones de personas (más de la mitad de la población mundial) que son víctimas de la hambruna a escala mundial.
¿Y porqué no se hace? Por una razón de fondo: Los pobres, los desamparados, la “población sobrante”, no son un “producto rentable” para el sistema capitalista.

No obstante, no son pocos los expertos que, desde el sistema capitalista, estudian y diseñan (aunque parezca una fantasía increíble) proyectos para reciclar la pobreza (la masa de “población sobrante”) en un mercado segmentado rentable con baja inversión.

Reciclando “población sobrante”

En un artículo titulado “La mejor forma de vender a la base de la pirámide”, The Wall Street Journal en español señala este viernes que ” Alrededor del mundo, cuatro mil millones de personas viven en la pobreza. Y las compañías occidentales están batallando por convertirlas en clientes”.

Los visionarios de los negocios -continúa- llevan una década argumentando que estas personas, conocidas como la base de la pirámide, conforman un mercado inmenso e infrautilizado. Algunas de las mayores y más astutas empresas han querido responder a sus necesidades básicas vendiéndoles desde agua limpia a electricidad.

Sin embargo, una y otra vez, las iniciativas han desaparecido sin dejar huella. ¿Por qué? Porque estas compañías tenían una visión completamente equivocada, afirma el diario en su artículo.

Para decirlo de modo sencillo, añade: la base de la pirámide no es, en realidad, un mercado. Es cierto que esos miles de millones de personas de bajos recursos tienen mucho en común. Y no han adaptado sus comportamientos y presupuestos para dar cabida a los productos en sus vidas. Un mercado de consumo es nada más y nada menos que un estilo de vida construido en torno a un producto.

Usemos como ejemplo un caso conocido, señala el artículo del Journal: En los años 70, el agua embotellada era una idea extraña para la mayoría de los estadounidenses. No era parte del estilo de vida del consumidor de ese país. Tomó décadas para que un gran número de consumidores aceptara la idea de comprar algo que puede obtenerse gratuitamente del grifo, y convertir el agua embotellada en un gran negocio.
¿La respuesta?, se pregunta. Las compañías deben crear mercados -nuevos estilos de vida- para los consumidores pobres. Deben hacer que la idea de pagar por los productos parezca natural, deben inducir a los consumidores a que incorporen esos bienes a sus hábitos. Eso significa trabajar de cerca con comunidades locales en el desarrollo de productos y negocios, para lograr que la compra de esos productos sea interesante para los consumidores. Las compañías, además, deben adoptar una perspectiva de marketing amplia, para darles a los compradores el mayor número de motivos posible para probar los productos.
¿Cómo salvar la inercia en la base de la pirámide (léase pobreza mayoritaria) ?, se pregunta el autor del artículo. La estrategia típica de tratar de convencer a la gente con una campaña informativa con frecuencia es una lucha larga y ardua.

En cambio -señala-, las compañías deberían empezar involucrando a la comunidad (de “población sobrante”) en el proceso de crear, implementar y dar forma al negocio. La sensación de propiedad que esto comporta ayuda a asegurar que el interés en el producto de la compañía será amplio y sostenido.

La tesis (increíble y pesadillesca), publicada en el más influyente vocero periodístico del sionismo financiero de Wall Street, lanza una consideración final: al tratar de venderle a la base de la pirámide, las compañías deberían enviar mensajes positivos. En vez de decir que el producto aliviará sus penas, la empresa debe enfatizar cómo el producto hará que sus vidas sean más agradables.

Pero los proyectos para reciclar la pobreza en mercancía rentable no son privativos de las corporaciones privadas y de sus “tanques de pensamiento”.

Una “oportunidad de negocios”

En un informe publicado en el 2007, titulado “Los próximos cuatro mil millones: mercado y estrategia de negocios en la base de la pirámide”, el Instituto de Recursos Mundiales y la Corporación Internacional de Finanzas, la rama del Grupo Banco Mundial dedicada al sector privado, advierte que el segmento de la población del planeta ubicada en la base de la pirámide económica (BOP por sus siglas en inglés), representa un mercado potencial de unos cinco billones de dólares.

De acuerdo con los expertos del Banco Mundial el sector privado está descuidando la gran oportunidad de negocios que representan los 4.000 millones de pobres que hay en el mundo.

Se trata del primer estudio de este tipo en base a datos obtenidos a través de encuestas realizadas en hogares de unos 110 países.

El objetivo -según sus a
utores- es ayudar a las empresas a pensar más creativamente sobre la posibilidad de nuevos modelos de negocios que cubran las necesidades de mercados desatendidos (léase, la masa de pobreza generada por el propio capitalismo) y al mismo tiempo contribuyan con el desarrollo de los que menos tienen (¿¿??).

El informe del Banco Mundial, se ocupa de la masa de hombres y mujeres de Asia, áfrica, Europa del Este, América Latina y el Caribe cuyos ingresos están por debajo de la línea de pobreza de las sociedades occidentales, pero que sumados representan un excelente potencial de negocios.

La mayoría de estas personas -según el documento- viven con menos de cuatro dólares diarios, no tienen acceso a servicios básicos, propiedad, cuentas bancarias o servicios financieros.
“Lograr que la población BOP ingrese a la economía formal debe constituir un elemento crítico para cualquier estrategia tendiente a generar riqueza y crecimiento inclusivo”, dice el informe sin ruborizarse.

En tal sentido, sugiere atender las necesidades no satisfechas de este mercado como paso esencial para aumentar el bienestar, la productividad y el ingreso, ayudando así a las familias a encontrar un camino de salida de la pobreza. (¿¿??).
“Considerar a los pobres, que también son productores y distribuidores de una inmensa gama de bienes, no es un acto de caridad, sino una oportunidad de negocios”, señala Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, aportando su granito de arena las tesis del reciclamiento rentable de la pobreza.

Casi la mitad de la población del planeta -según la ONU- sobrevive en estado de pobreza o por debajo de la escala de supervivencia, sin satisfacer sus necesidades básicas de alimentación.

Según el organismo, en el mundo ya hay más de 1.000 millones de personas que padecen hambre, la cifra más alta de la historia, y en todo el planeta hay 3.000 millones de desnutridos.

Todo indica que el “gran desafío” para los tanques de pensamiento del capitalismo europeo y estadounidense, consiste en reciclar esa masa mayoritaria de desecho humano y social que deja la explotación del hombre por el hombre, en nuevos mercados con “potencialidad de desarrollo” y vetas de rentabilidad asegurada.

La pobreza también es rentable, parece ser el nuevo eslogan implícito en las propuestas y proyectos que los expertos del sistema capitalista (generador de pobreza y “población sobrante”) comienzan a desarrollar mediante tesis y teorías que parecen sacadas de un libro de psiquiatría.
¿Demencia decadente o realidad? El capitalismo sionista sigue su ruta.

Fuente: http://www.iarnoticias.com/2009/secciones/contrainformacion/0080_pobreza_rentable_06nov09.html

También publicado en Crisis global y crisis de la civilización, Formas de Estado y democracia, Perspectivas del capitalismo, poscapitalismo y sujeto histórico | autor: | Dejar un comentario

Vuelta a la realidad. La recesión no ha terminado, ni por asomo

La campaña de “cháchara alegre” en los medios de EE.UU. y proveniente de la Casa Blanca, no es más que eso: Cháchara alegre.

Para obtener una idea real de lo que sucede en esta economía, hay que considerar algunas cosas.

Sí, la tasa de caída en la actividad económica ha bajado. Pero es lo que se podía esperar. Cuando una economía iba a todo vapor, como lo hacía la economía de EE.UU. a principios de 2007, una ralentización de algún significado produce cifras inmensas, en términos de baja de la producción, baja de la utilización de fábricas, baja de las ventas de coches o, esta vez, baja de los precios de las casas.

Pero una vez que se llega al mismo período en 2008, ya se está en una profunda recesión, y realmente ya no queda mucho terreno para caer. Si, por ejemplo, los fabricantes de coche han cerrado básicamente en el otoño de 2008, y sólo están liquidando inmensos inventarios, no habrá muchos cierres de fábricas y más reducciones en la producción. (¿Cómo se baja la producción por debajo de cero?).

Se puede decir lo mismo sobre el desempleo, aunque en ello haya uno o dos aspectos más. Sí, los inmensos despidos que hicieron que la cantidad de nuevos desocupados aumentara entre 600.000 y 700.000 por mes a principios de este año, parecen haber pasado, y ahora el nuevo desempleo aumenta “sólo” en 500.000 por mes o algo así, pero eso es porque todos los principales empleadores ya han cerrado o han eliminado turnos enteros. Ya no queda tanta gente que despedir, por lo menos en grandes grupos. Esto se presenta como “el ritmo de despidos disminuye,” como si fuera una buena noticia, pero es todo lo contrario.

Pero también hay más trucos y desinformación respecto a las estadísticas de desempleo. Uno tiene que ver con la frecuente afirmación de que la cantidad de personas que cobran prestaciones de desempleo está disminuyendo – especialmente los desempleados a largo plazo. Pero la razón para esto no significa que la gente finalmente esté encontrando puestos de trabajo. Es que se terminan las prestaciones de desempleo. El límite superior para cobrar prestaciones de desempleo en EE.UU. es de 79 semanas, y es sólo en algunos Estados donde el desempleo es particularmente elevado. En otros Estados es de sólo 72 semanas o incluso de hasta 59 semanas.

También se pierden las prestaciones de desempleo, que según se dice promedian 300 dólares por semana, pero que pueden ser mucho menos según dónde una persona en particular ha trabajado y en qué Estado él o ella vive, si una persona hace trabajo a tiempo parcial, y ya que nadie puede mantener una familia con 300 dólares por semana, muchas familias con prestaciones de desempleo terminan consiguiendo trabajos a tiempo parcial y pierden sus prestaciones de desempleo. Tampoco es una buena señal.

Finalmente, las prestaciones de desempleo cubren sólo a aproximadamente la mitad de los trabajadores estadounidenses. El resto, porque ya han logrado encontrar sólo empleos a tiempo parcial, o porque han estado trabajando “sin ser contabilizados”, o porque son así llamados “contratistas independientes” – gente como jardineros, escritores independientes, abogados, consultores, fontaneros, etc. – no están cubiertos por el seguro de desempleo. Cuando son despedidos, siguen por cuenta propia. Y cada vez más, los despidos y las pérdidas de puesto de empleo recaen en gente en esta categoría. Los primeros despidos fueron hechos por las administraciones de grandes compañías que miraron hacia el futuro, vieron la depresión, e implementaron medidas de “reducción de costes”, que significaban reducir la producción y despedir trabajadores. Los trabajadores independientes y los pequeños negocios, cuyos propietarios son afectados personalmente cuando tienen que cerrar la producción o sus operaciones, se han esforzado por permanecer en el negocio lo más posible, pero ahora se suman a las nóminas de desocupados a un ritmo acelerado.

Pero, y es un punto crucial, muchos de ellos simplemente no son registrados como desempleados por los estadísticos del gobierno. Cualquiera que trabaje aunque sea sólo unas pocas horas por semana en algún puesto de trabajo, o gratis en un negocio familiar, no es contado. Cualquiera que no ve perspectivas de trabajo y simplemente abandona, no es contado. Cualquiera que encuentre un trabajo a media jornada, pero necesita un trabajo a tiempo completo, es contado como empleado. No solía ser así. En tiempos más honestos, hace más de tres décadas, esa gente era contada como desempleada, pero los políticos presionaron para excluirlos a fin de que las cifras oficiales de desempleo parecieran más bajas. Si toda esa gente fuera agregada a las tasas de desempleo, tendríamos un desempleo de más de 18% en EE.UU. y posiblemente más cercano a un 20%. Eso es uno de cada cinco estadounidenses sin trabajo.

Y hay que recordar, a pesar de que ahora estamos en una economía que funciona a un nivel deprimido, todavía sigue bajando, y esas cifras de desempleo aumentan, no se estabilizan.

Hay que agregar eso al hecho de que los estadounidenses han perdido colectivamente 14 billones de dólares en riqueza. Han perdido ahorros invertidos, que han disminuido casi un 20% de donde estaban hace un año, y no parece probable que se vayan a recuperar en un futuro cercano. (Hay que recordar que, incluso si el mercado bursátil cae un 40% y luego sube un 40%, seguirá siendo bajo. Considere: si ha invertido 1.000 dólares en un índice amplio como el S&P, y bajó un 40% como pasó en el otoño pasado, usted perdió 400 dólares, y le quedan sólo 600 dólares. Si entonces el mercado se hubiera recuperado en un 40%, sin embargo, lo que no ha hecho ni por mucho menos, sólo ganaría un 40% de 600 dólares, o sea 240 dólares, de modo que su inversión sigue siendo sólo 840 dólares.) Esos 14 billones de dólares también incluyen el valor perdido de las casas de la gente, que hasta 2008 era utilizado para mejorar los niveles de vida ya que la gente pedía prestado sobre la base del valor creciente de su propiedad. Ahora, cuando los valores de las casas en gran parte del país han bajado algo como entre un 20% y un 80%, muchas casas valen ahora menos que el monto de dinero que todavía se debe por las hipotecas de la gente. No pueden vender, y a menudo, no pueden pagar la cuenta de la hipoteca.

¿De dónde se supone que provengan los gastos de consumo que solían representar un impresionante 70% de la actividad económica en un EE.UU. que hace tiempo que dejó de fabricar cosas? La respuesta es: de ninguna parte. La cantidad de riqueza perdida convierte en un chiste el celebrado plan de estímulo de Obama, que fue menos de 1 billón de dólares, y que se extiende durante dos años.

Simplemente no existe el dinero para reanimar la orgía de gastos de consumo que mantuvo a flote la economía de EE.UU. durante tanto tiempo.

La gente ni siquiera puede pedir prestado si lo desea. Los bancos no prestan, porque saben que la cháchara alegre no tiene sentido, y no quieren prestar dinero a gente y negocios que probablemente irán a la bancarrota a medida que la recesión continúa. Por eso las compañías de tarjetas como American Express y muchos proveedores de Visa y Mastercard, en lugar de cobrar una multa por factura atrasada cuando los poseedo
res de tarjetas no pagan un mes dentro del plazo, como lo hacían en el pasado, sino aumentan la tasa de interés que cobran – en el caso de American Express ¡a un 28% o sea más de un 2% por mes! No es la acción de un banco que espera que un cliente valioso le pague – es la acción extorsionadora de un usurero que quiere extraer todo el dinero que sea posible de un prestatario del que espera que vaya a la quiebra. Los bancos también están anulando líneas de crédito personales y empresariales a diestra y siniestra, convirtiendo en un chiste la afirmación del gobierno de Obama de que ha rescatado a los bancos para que puedan “comenzar a prestar de nuevo.”

Incluso la cháchara alegre de que están mejorando las ventas de casas es engañosa. El motivo de que suceda es que tantas casas han sido embargadas que la venta de casas embargadas por los bancos forma ahora parte importante del mercado inmobiliario.

Una y otra vez, gran parte de la “cháchara alegre” que escuchamos, si es analizada de cerca, resulta ser malas noticias que son malinterpretadas, a menudo deliberadamente.

Finalmente, habría que agregar que debido al masivo desempleo, que se acerca a niveles no vistos desde la Gran Depresión, y debido a la masiva pérdida de riqueza personal, no es probable que esta recesión actúe como alguna de las otras recesiones de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. Todas han sido asuntos en forma de “U” o de “V”, en los cuales la economía bajaba y luego, después de estar poco tiempo a bajo nivel, se recuperaba rápidamente, como en una “V”. Esta vez, es más probable que veamos una recesión en forma de “L”, en la cual la economía llega al fondo en algún momento, y luego opera durante años a un nivel mucho más bajo. La parte baja de esa “L” podrá subir lentamente, pero no mucho. En ese caso, seguiríamos viendo continuos niveles elevados de desempleo, salarios bajos, y ninguna recuperación de la riqueza personal.

De modo que si queremos tomar decisiones políticas correctas, para no hablar de las decisiones políticas y las decisiones financieras y vitales básicas correctas, dejemos de lado la cháchara alegre, y comencemos a ver la realidad.

…………

Dave Lindorff es un periodista y columnista basado en Filadelfia. Su último libro es: “The Case for Impeachment” (St. Martin’s Press, 2006, que ahora apareció en edición rústica). Para contactos, escriba a:

Publicado en Crisis del capitalismo y desmantelamiento del Estado de Bienestar | autor: | Dejar un comentario

Llega la deflación por sobreendeudamiento

Las informaciones económicas de los medios de comunicación entrenados en poner al mal tiempo buena cara recogen con su sesgo positivo habitual las estadísticas de deflación por sobreendeudamiento dadas a conocer el pasado viernes [26 de junio]. Los NIPA (Commerce Department’s National Income and Product Accounts) de mayo muestran que los “ahorros” estadounidenses están absorbiendo ahora el 6,9% del ingreso.

Pongo la palabra “ahorros” entre comillas, porque este 6,9% no es lo que el grueso de la gente cree que son ahorros. No es dinero guardado en el banco para situaciones de emergencia, como perder el puesto de trabajo, algo que les ocurre a diario ahora a miles de personas. La estadística significa que el 6,9% del ingreso nacional está ahora inexorablemente destinado a satisfacer deudas: la mayor tasa de ahorro de los últimos 15 años, que contrasta vivamente con la tasa negativa de ahorro –que eso es lo que significaba vivir a crédito— de hace unos pocos años.(1) Esos ahorros son sólo “dinero en el banco” en el sentido de que son pagos realizados por los consumidores a sus bancos y a sus compañías de tarjetas de crédito.

El ingreso que se destina a satisfacer deudas no está disponible para ser gastado en bienes y servicios. Contribuye a encoger la economía, agravando la depresión. Así pues, ¿a qué tanta alegría con las buenas noticias del “ahorro”?

Desde luego que es buena cosa para los consumidores quitarse de encima las deudas. Pero los medios de comunicación están dando a este desvío del ingreso un tratamiento como si fuera un indicio de confianza en que la recesión está tocando a su fin y el plan de “estímulos” de Obama, funcionando. El Wall Street Journal informa de que los afiliados a la Seguridad Social que se benefician de los pagos directos del gobierno “parecen incapaces de gastar el dinero recibido”, mientras que en The New York Times se observa que “mucha gente guarda el dinero, en vez de gastarlo”. Es como si la gente pudiera permitirse un mayor ahorro.

La verdad es que el grueso de los consumidores no tienen otra opción que la de satisfacer sus deudas. Incapaces de seguir endeudándose a medida que los bancos cortan las líneas de crédito, no tienen otra “opción” que la de pagar su hipoteca y las facturas de su tarjeta de crédito cada mes, o perder sus hogares y ver drásticamente recortado su margen de maniobra con las tarjetas de crédito, con unas penalizaciones en forma de tasas de interés rayanas en el 20%. Para evitar semejante destino, las familias se están echando al consumo de alimentos más baratos y menos nutritivos, comiendo menos o acudiendo a restaurantes de comida rápida, y recortando o suprimiendo el gasto de las vacaciones. De modo que parece contradictorio aplaudir esos “ahorros” (es decir, la devolución de dinero adeudado) estadísticamente registrados como si se tratara de un indicio de que la economía puede salir de la depresión en los próximos meses. Acercándose el desempleo a una tasa del 10% y con anuncios de despidos una semana tras otra, ¿no está asumiendo riesgos demasiado altos la administración Obama al decirles a sus electores que el plan de estímulos está funcionando? ¿Qué pensará la gente este próximo invierno, cuando los mercados sigan encogiéndose? ¿Qué espesor tiene la película de Teflon de Obama?

Entre los desechos de la burbuja de Greenspan

Hace sólo dos años los consumidores compraban tantos bienes a crédito, que la tasa nacional de ahorro era cero. La financiación del presupuesto público estadounidense mediante el reciclaje, por parte de bancos centrales extranjeros, de los dólares del déficit de la balanza de pagos lo que produjo realmente fue una tasa negativa de ahorro del menos 2 por ciento. Mientras duró esa burbuja, los ahorros del 10% más rico de la población encontraron su contrapartida en la deuda en que incurrió el 90% de la población con menos ingresos. En efecto, los ricos prestaban sus ingresos excedentes a una economía más y más endeudada.

Hoy, los propietarios de vivienda no pueden ya seguir refinanciando sus hipotecas para compensar unos salarios más y más reducidos por la vía de tomar prestado con el colateral de unos precios inmobiliarios que no dejaban de crecer. Ha llegado la hora de devolver el dinero tomado a préstamo, de satisfacer unas deudas bancarias, cuyo volumen se ha hinchado al punto de incluir acrecidos cargos por intereses y penalizaciones. El préstamo bancario solicitado ahora choca con la presente limitación de la actividad bancaria a pasar el rastrillo por la amortización y los intereses sobre las hipotecas existentes, las tarjetas de crédito y los préstamos personales.

Muchas familias sólo consiguen mantenerse financieramente a flote por la vía de tirar de sus ahorros personales y recortar sus gastos a fin de evitar la bancarrota. Ese desvío del ingreso hacia la satisfacción de las deudas contraídas explica por qué el volumen de las ventas al detalle, de las ventas de automóviles y otras cifras de estadísticas comerciales se están desplomando casi en picado, mientras que las tasas de desempleo se disparan a niveles de dos dígitos. La capacidad del grueso de la gente para gastar a los ritmos de antes ha tocado techo. Un mismo ingreso no puede usarse para dos propósitos distintos. No puede usarse para satisfacer deudas y, al mismo tiempo, para gastarlo en bienes y servicios. Una de dos. Así que cada vez más superficies y centros comerciales cierran cada mes. Y a diferencia de los propietarios de vivienda, los inversores en propiedad inmobiliaria absentista tienen pocas posibilidades de deshacerse de la propiedad y escapar a una situación de quiebra técnica dimanante de la caída del valor de sus activos (cuando lo que se debe a los acreedores es más de lo que vale la propiedad hipotecada).

Más de dos tercios de la población estadounidense son propietarios de vivienda, y los economistas especializados en bienes raíces estiman que cerca de una cuarta parte de los hogares norteamericanos se hallan ahora en situación de quiebra técnica, en la medida en que los precios de mercado de los activos inmobiliarios caen por debajo de las hipotecas asociadas a esos activos. Esa es la situación en que se encontraron Citigroup y AIG el año pasado, como muchas otras instituciones de Wall Street. Pero, mientras que el gobierno resolvió absorber las pérdidas de esas instituciones “para lograr que la economía volviera a ponerse en marcha” (o lo hicieran, cuando menos, los mayores contribuyentes a las campañas electorales de los congresistas), quienes tienen deudas personales distan por mucho de hallarse en posiciones tan ventajosas. El papel que se les ha asignado es el de ayudar a reflotar los bancos satisfaciendo las deudas que con esos bancos contrajeron a fin de mantener unos niveles adquisitivos que los menguantes o estancados salarios no eran ya capaces de mantener.

Por su parte, los bancos están endureciendo las limitaciones al uso de las tarjetas de crédito, incrementando los intereses y los cargos y penalizaciones. (Yo no veo muchas posibilidades de que el Congreso apruebe la creación –promovida por Obama a modo de compensación por su reciente programa de rescates bancarios— de una Agencia de Productos Financieros de los Consumidores.) El problema es que las tasas de morosidad están creciendo rápidamente. Y eso ha llevado a muchos bancos a cerrar tratos con sus clientes más endeudados, a fin de cuadrar cuentas hasta por la mitad del monto nominal de la deuda (buena parte del cual, huelga decirlo, había crecido como consecuencia de cargos y penalizaciones). Los
bancos compiten ahora, no para ganar clientes, sino para librarse de ellos. El plan consiste en ofrecer descuentos lo suficientemente poco atractivos como para hacer que los peores riesgos pasen a bancos rivales y que éstos carguen con la morosidad cuando, finalmente, abandonen la lucha para mantenerse en niveles de solvencia.

Los billones de dólares con que la administración Obama ha obsequiado a Wall Street habrían bastado para sufragar buena parte de las hipotecas que ahora se hallan en situación morosa, unas hipotecas que rebasan con mucho la capacidad de pago de muchos deudores. El gobierno habría podido aprobar una ley que limpiara esas deudas, financiando la medida con la reintroducción de una fiscalidad progresiva que restaurara los impuestos sobre las ganancias de capital con tipos marginales iguales a los que gravan los ingresos ganados (salarios y beneficios empresariales) y sellando los resquicios fiscales que, en la práctica, liberan de impuestos al sector de las finanzas, las aseguradoras y los bienes raíces [FIRE, por sus siglas en inglés]. En cambio, lo que ha hecho el gobierno es eximir prácticamente de impuestos a Wall Street y trocar bonos del Tesoro por billones de dólares de hipotecas basura y deuda tóxica. Las perspectivas de un crecimiento económico “real” son sacrificadas en el altar de los gastos financieros.

Los bancos y las compañías de tarjetas de crédito se preparan para el encogimiento económico. Después de todo, fue anticipándose a eso que, a partir de 1998, presionaron tanto para conseguir lo que finalmente consiguieron en 2005 con unas leyes de quiebra tan favorables a los acreedores y tan crueles para los deudores que convertían a la quiebra personal en un verdadero infierno económico y jurídico.

Así pues, y para evitar ese destino, lo que está haciendo la gente es desviar dinero, pero no para ponerlo en cuentas de ahorro. Lo depositan, efectivamente, en los bancos, pero en forma de pago de deudas. Para los contables que repasan balances los ahorros representan un incremento de valor neto. En otros tiempos, eso era el resultado de una formación de fondos líquidos. Pero el dinero que se ahorra ahora no está disponible para el gasto. Sirve sólo para reducir la carga de la deuda soportada por los individuos. A diferencia de Citigroup, [la aseguradora] AIG y otras instituciones de Wall Street, esos individuos no ven desaparecer sus deudas de los libros contables. El gobierno no es lo bastante amigable como para comprarles unas inversiones que han perdido la mitad de su valor en un año. Tales rescates se reservan para los acreedores y para los gestores de dinero, no para los deudores.

La historia que deberían estar contando los medios de comunicación es ésta: cómo la actual economía posburbuja ha vuelto del revés la noción de ahorro.

No es esto lo que la gente esperaba hace medio siglo. Los economistas escribían entonces sobre los aumentos de productividad que generaría la tecnología, sobre las condiciones casi utópicas en que viviría la gente en el año 2000. Es preciso reescribir los libros de texto.

La eversión de la teoría económica keynesiana

La mayoría de personas y de empresas salieron de la II Guerra Mundial, en 1945, prácticamente libres de deuda y sometidas a un régimen fiscal progresivo. Los economistas anticipaban –en realidad, temían— que unos ingresos crecientes llevarían a unas tasas de ahorro más elevadas. El punto de vista más influyente fue el de John Maynard Keynes. Enfrentado a los problemas planteados por la Gran Depresión, Keynes advirtió en 1936, en su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, de que la gente ahorraría relativamente más a medida que crecieran sus ingresos. De lo que se seguiría un descenso del gasto en bienes de consumo y la consiguiente ralentización del crecimiento de los mercados, y por ende, de la inversión y del empleo.

Desde esa perspectiva, la propensión al ahorro a partir salarios y beneficios desviaría el flujo circular de pagos entre productores y consumidores. El principal nubarrón divisable en el horizonte, según temían los keynesianos, era que la gente llegara a tal grado de prosperidad, que no gastara su dinero. Su receta para evitar tal subconsumo era que las economías se movieran en la dirección de un mayor ocio y de una distribución más equitativa del ingreso,

Las actuales dinámicas del ahorro –y de la grávida deuda en que se invierten los ahorros— son harto distintas –y harto peores— que las esperadas por Keynes. El grueso de los ahorros financieros se destina al préstamo, no a la formación de capital tangible y a la industria. El grueso de la nueva inversión en bienes y estructuras de capital tangible procede de ingresos empresariales retenidos, no de ahorros que pasen por intermediarios financieros. En tales circunstancias, mayores tasas de ahorro reflejan mayor endeudamiento. Por eso la tasa de ahorro ha llegado a caer al nivel cero. Una proporción creciente del ahorro tiene ahora su contrapartida en el endeudamiento de otras personas; no se usa para financiar nuevas inversiones directas.

Cada nueva recuperación de ciclo económico desde la II Guerra Mundial ha venido acompañada por una tasa de endeudamiento más elevada. Lo cierto es que el ahorro interfiere en el consumo, pero no como resultado de mayores ingresos y de una mayor prosperidad general. Una tasa creciente de ahorro refleja meramente el grado en que una economía subviene a sus gastos de endeudamiento. Es “ahorro” en forma de satisfacción de la deuda en una economía en proceso de encogimiento. El resultado es una distopía financiera, no la utopía tecnológica que parecía al alcance de la mano en 1945, hace sesenta y cinco años. En vez de una economía del ocio amiga del consumidor, lo que tenemos es servidumbre por deudas.

Para hacerse una idea de lo realmente opresiva que es la carga de la deuda, basta con observar que la actual tasa de ahorro de un 6,9% ni siquiera refleja el 16% de la economía que según el informe de la NIPA gira en torno al pago de intereses para sostener esa deuda, o las cargas penalizadoras que ahora reportan tanto como los intereses a las compañías de tarjetas de crédito (o los billones de dólares de los rescates gubernamentales destinados a mantener a flote este insostenible sistema). Cómo una economía puede aspirar a competir en los mercados globales de producción industrial con tamaño gasto financiero gravitando sobre el coste de la vida y cómo pueden hacerse negocios así, es asunto para tratado aparte.

NOTA: (1) Jack Healy, “As Incomes Rebound, Saving Hits Highest Rate in 15 Years,” The New York Times, 27 de junio de 2009.

Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.), Arthur Anderson y después en el Hudson Institute. En 1990 colaboró en el establecimiento del primer fondo soberano de deuda del mundo para Scudder Stevens & Clark. El Dr. Hudson fue asesor económico en jefe de Dennis Kucinich en la reciente campaña primaria presidencial demócrata y ha asesorado a los gobiernos de los EEUU, Canadá, México y Letonia, así como al Instituto de Naciones Unidas para la Formación y la Investigación. Distinguido profesor investigador en la Universidad de Missouri de la ciudad de Kansas, es autor de numerosos libros, entre ellos Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire.

Traducción para www.sinpermiso.i
nfo: Mínima Estrella
ttp://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2691

También publicado en Capitalismo y crisis financiera | autor: | Dejar un comentario

El fin del neoliberalismo y el futuro de la democracia: por una política económica alternativa para la izquierda en Europa

También publicado en Formas de Estado y democracia | autor: | Dejar un comentario