autor Archivos: Raúl Zibechi

El comienzo del nuevo orden mundial: Asiacentrismo

Aunque las crisis en Medio Oriente y Ucrania se roban los titulares mediáticos, son apenas los emergentes de un movimiento telúrico mucho mayor: el nacimiento de un nuevo orden mundial pos-estadounidense, centrado en Asia, en base a la triple alianza China-Rusia-India.  Uno de los núcleos del colonialismo y del imperialismo, consiste en prohibirle hacer a… ( Leia mais » )

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Los desafíos de la Alianza del Pacífico / Soberanía regional o periferia de lujo

ALAI AMLATINA, 18/06/2013.- Dos proyectos de asociación regional se enfrentan en América del Sur: la Alianza del Pacífico y la UNASUR. Ambas son incompatibles, responden a intereses geopolíticos opuestos que colocan a cada uno de los países de la región ante una disyuntiva. Ya no quedan espacios ni para ingenuidades ni para distracciones. “Existe una… ( Leia mais » )

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Cuando los emergentes diseñan el nuevo mundo / Los BRICS y la caída de otro muro

El sistema creado en Bretton Woods hace siete décadas está a punto de colapsar. No se trata de un hundimiento abrupto sino de la lenta erosión de su legitimidad y de la capacidad para dirigir los asuntos globales. En su lugar viene pugnando por nacer un nuevo orden cuyos cimientos comenzó a construir la IV… ( Leia mais » )

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Bolivia: La obstinada potencia de la descolonización

No es fácil encontrar un presidente que pida disculpas en público ante su pueblo, por las razones que sean, y menos aún cuando a los que solicita el perdón se oponen a un proyecto defendido con vehemencia por la máxima autoridad. Evo Morales es el único presidente que lo ha hecho en los últimos años,… ( Leia mais » )

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Perú: Nuevo centro del conflicto geopolítico regional

El triunfo de Ollanta Humala coloca al Perú en el ojo de una tormenta geopolítica entre el proyecto hegemonizado por Washington, la Alianza del Pacífico, y la Unasur y el Mercosur donde Brasil juega un papel determinante. Rose Likins, embajadora de Washington en Lima, jugó un activo papel en la campaña electoral a favor de… ( Leia mais » )

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La estrategia del arriba

Cualquier plan de acción de los movimientos antisistémicos debe partir de una comprensión lo más completa y abarcativa posible de los objetivos estratégicos que persiguen los grupos dominantes, o sea la tecnoburocracia que maneja los principales hilos del poder global. No se trata de erigir una estrategia alternativa en relación de simetría, sino de comprender… ( Leia mais » )

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La revuelta árabe y el pensamiento crítico

– – – Servicio Informativo “Alai-amlatina” – – – La revuelta árabe y el pensamiento estratégico Raúl Zibechi ALAI AMLATINA, 04/02/2011.- Las rebeliones en Túnez y Egipto, así como las que despuntan en otros países de la región, perfilan un cambio sistémico en la relaciones internacionales que se puede resumir en la desarticulación del papel… ( Leia mais » )

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Grietas en el bloque occidental

ALAI, América Latina en Movimiento
2010-03-19
La crisis financiera y económica de 2008 está modificando el mapamundi. Al sacudón inicial sucede un lento pero persistente reacomodo del tablero global, que muestra un serio deterioro del poder de la otrora única superpotencia. Turquía, Alemania, Japón y Brasil toman distancias, y comienzan a tejer nuevas alianzas.

Las ondas concéntricas que formó la crisis con epicentro en Estados Unidos, van alcanzando, con diferente intensidad, a cada región. En algunos casos se trata apenas de pequeñas olas -como se jactara un año atrás el presidente de Brasil- pero en otros esas ondas tienen la potencia de fuertes marejadas, capaces de destruir viejas alianzas y abrir el juego a nuevos actores. La década que recién comienza promete grandes cambios, algunos de los cuales ya se avizoran.

El caso más notable, y en el que todos los observadores coinciden, es el vigoroso ascenso de China como única potencia capaz de desplazar a los Estados Unidos. A la vez se suceden otros cambios menos visibles, no tan contundentes, pero que representan cargas de profundidad al sistema de alianzas en el que se asentó la hegemonía occidental en el último medio siglo, o sea desde que en 1945 finalizó la Segunda Guerra Mundial.

Alemania profundiza su alejamiento de Washington y se acerca a Rusia; Turquía hace lo mismo, pero también se aleja de Israel, y se aproxima a Siria e Irán; Japón entra en colisión con la política militar del Pentágono y tiende la mano a China. Más aún: sectores de la Unión Europea piden el ingreso de Rusia a la OTAN y Brasil ya tiene un verdadero conflicto con la Casa Blanca. Según todos los datos, esto es apenas el comienzo de un profundo reajuste que no dejará nada en su lugar. Un ejemplo: el reciente ataque especulativo de los hedge funds al euro ha provocado una creciente desconfianza de los europeos hacia Wall Street, al punto que Alemania y Francia se plantean crear el Fondo Monetario Europeo.

Turquía despierta

Durante la guerra fría Turquía fueel principal aliado de occidente en Medio Oriente (junto a Israel), cuya misión asignada y aceptada consistía en contener a la Unión Soviética. La presencia militar estadounidense en Turquía siempre fue un elemento considerado estratégico por el Pentágono. Este papel comenzó un lento deshielo desde que en el 1989 se derrumbó la Unión Soviética y desaparecieron así las amenazas provenientes del este que mantuvieron al país amarrado a Washington. En los últimos meses este proceso se aceleró al punto de constituir “la más profunda revisión efectuada por Ankara desde su entrada a la otan en 1952″*.

El ataque israelí a la Franja de Gaza en diciembre de 2008 fue, según el geab, el acontecimiento que aceleró el cambio de orientación turco. Luego vino la decisión de revocar la autorización a la aviación israelí para realizar entrenamientos en el espacio aéreo turco. En octubre de 2009 Ankara rechazó la participación de Israel en maniobras de la otan y anunció la realización de maniobras conjuntas con Siria.

Si lo anterior significa un cambio a contramano de lo que Estados Unidos espera de un aliado, las cosas fueron más lejos cuando el primer ministro turco, Recep Erdogan, se definió públicamente como amigo del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, sellando la negativa a acompañar las sanciones a Irán por su programa nuclear. Las crecientes dificultades para el ingreso de Turquía en la Unión Europea es otro punto de fricción con los países occidentales. Las condiciones de la ue para aceptar la adhesión han sido mal recibidas en Turquía, tanto por el gobierno como por una opinión pública sensible a cualquier intromisión foránea, ya que se va abriendo paso la percepción de que son rechazados por los europeos.

El último conflicto se desató a comienzos de marzo cuando la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes aprobó una declaración que califica de “genocidio” las masacres de armenios durante el Imperio Otomano. La resolución irritó al gobierno turco porque, en su opinión, demuestra que el gobierno estadounidense “no insistió suficientemente” en sus esfuerzos para impedir su adopción. El ministro de Relaciones Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, agregó que su gobierno estaba “sumamente afectado” (afp, 5 de marzo). Los armenios presionan en Estados Unidos para que sean reconocidas como “genocidio” las masacres y deportaciones en las que más de un millón y medio de armenios perdieron la vida entre 1915 y 1917. Por su parte, Turquía reconoce la muerte de 300.000 a 500.000 personas, pero alega que no fueron víctimas de una campaña de exterminio sino del caos de los últimos años del Imperio Otomano. La polémica está servida y la Casa Blanca no podrá conformar a ambas partes, en tanto Hillary Clinton aseguró que “trabajaremos muy duro” para evitar que el proyecto llegue al plenario de la Cámara de Representantes.

Este viraje de Turquía fuera del campo occidental sucede mientras gobierna un partido religioso, el akp, y se debilita el poder de los militares, que siempre fueron el sector más pro-occidental del país. En febrero fueron detenidos 67 altos mandos militares, de los cuales 31 han sido enviados a prisión provisional, acusados de haber tramado un golpe de Estado en 2003, un año después de que fuera elegido el actual gobierno.

Alemania y Japón

A fines de febrero el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, pidió a Estados Unidos que retire las armas nucleares que mantiene en ese país (Der Spiegel, 25 de febrero). El ministro alemán siguió los pasos de Noruega, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, que enviaron una misiva el secretario general de la otan, Anders Fogh Rasmusssen, para que la próxima conferencia del organismo discuta la desnuclearización de Europa.

Alemania alberga 20 de los 200 misiles nucleares que el Pentágono tiene estacionados en Europa. Aunque Westerwelle viene solicitando desde hace algunos meses una medida de ese tipo, algunos analistas estiman que trata de utilizar el tema para sintonizar con una opinión pública que desde hace años rechaza las armas nucleares y exige vehementemente su retirada. Sea como fuere, hay dos hechos incontrastables: Alemania consolida su autonomía de Estados Unidos, algo que viene aconteciendo desde que el canciller Willy Brandt lanzó a comienzos de la década de 1970 la Ostpolitik para afianzar relaciones pacíficas con la Unión Soviética. Esa autonomía fue más visible aún cuando Alemania, Francia y Rusia se negaron a acompañar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a Estados Unidos en su escalada para invadir Irak, en 2003. El segundo, es la dura reacción de Washington. Una vez más correspondió a la señora Clinton llamar las cosas por su nombre: “Este mundo peligroso aún necesita la disuasión”, dijo, y pidió que “no haya ninguna medida precipitada que la socave”.

Un paso más lo están dando Alemania y Francia (ambos con gobiernos conservadores) al proponer a la Comisión Europea la creación de un Fondo Monetario Europeo, como reacción ante el feroz ataque especulativo de Wall Street contra Grecia y España (Le Monde, 8 de marzo). Fue el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble quien vinculó el tema a al estabilidad del euro, aclarando de modo muy significativo que “la zona del euro es capaz de solucionar sus problemas por sí sola”, rechazando la inter
vención del fmi.

El contencioso entre Estados Unidos y Japón es más reciente pero puede afectar toda la arquitectura de la superpotencia en el Pacífico. El 31 de marzo el Partido Demócrata desplazó al Partido Liberal por vez primera en 55 años. Washington perdió un aliado, algo que fue visible cuando el nuevo primer ministro, Yukio Hatoyama, encaró de forma diferente el viejo litigio sobre las bases estadounidenses en Okinawa.

Hasta ese momento se venía negociando un acuerdo por el que se pudieran transferir parte de las tropas estacionadas en la isla de Okinawa a Guam, y reubicar la base en otra zona de la misma isla. Sin embargo el gobierno de Hatoyama pide, sin vueltas, que todas las tropas se retiren. El contencioso se fue agriando cuando salieron a la luz, esta última semana, datos que revelan que el Partido Liberal y Estados Unidos tenían pactos secretos que violaban las leyes japonesas y engañaron a la opinión pública.

En efecto, la Constitución nipona establece -como consecuencia de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki- los principios de no poseer, no producir y no permitir armas nucleares. Una comisión especial del Ministerio de Relaciones Exteriores acaba de difundir que hubo acuerdos para que, por ejemplo, los barcos estadounidenses con armamento nuclear pudieran entrar en puertos japoneses, ya que en los años 60 y 70 el gobierno mantuvo un programa nuclear secreto con Estados Unidos que le permitía a ese país trasladar armamento atómico por el territorio nacional sin necesidad de una consulta previa.

Lo grave es que esos acuerdos fueron negados durante décadas por los gobiernos pro estadounidenses. La revelación de estos documentos, “puede tensar aún más las degradadas relaciones bilaterales con Estados Unidos” (La Vanguardia, 10 de marzo). La señora Clinton se mostró molesta con Japón y dijo que su país no está dispuesto a modificar los acuerdos militares. Para empeorar las cosas, Hatoyama hizo un llamado para la creación de la Comunidad de Asia Oriental, incluyendo a China, Corea del Sur y Japón, pero sin Estados Unidos. Sin duda habrá marchas atrás y al costado, pero parece evidente que Japón ya no volverá a ser un fiel e incondicional aliado del Pentágono en la región más caliente del planeta. Immanuel Wallerstein evalúa los pasos dados por alemanes y japoneses: “Mientras Alemania y Francia se acercan a Rusia, y Japón y Corea del Sur se acercan más a China, Estados Unidos ya no puede contar, de ningún modo, con las dos rocas sólidas sobre las cuales construyó su estrategia geopolítica como potencia (alguna vez hegemónica) del sistema-mundo” (La Jornada, 10 de enero).

Brasil ahonda la crisis

La profundidad de la crisis en curso debilita el papel de Estados Unidos en el mundo, a tal punto que toda la red de alianzas tejida desde 1945 está haciendo ruido. Los crujidos se escuchan en los rincones más inesperados del planeta, y aunque no tienen la envergadura de los tres casos detallados arriba, merecen un seguimiento para confirmar un crecimiento de la tensión en las relaciones internacionales. Cuatro sucesos recientes confirman que vivimos en un mundo más inestable.

La reciente visita del vicepresidente Joe Biden a Israel muestra un distanciamiento sin precedentes entre ambos aliados. Biden viajó para entrevistarse con Benjamín Netanyahu y convencerlo de instalar una mesa de negociaciones con los palestinos, ya que Barack Obama considera que la resolución del conflicto en Medio Oriente es la pieza calve en su objetivo de mejorar las relaciones con el mundo árabe. Pero Biden fue recibido con la noticia de la construcción de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén Este. En contraste, Lula consiguió impactar en su reciente visita a Israel, cuando no sólo se mantuvo firme en su condena a cualquier ataque contra Irán sino9 que se mostró como posible “puente” en el conflicto como señala Pepe Escobar (Asia Times, 18 de marzo).

Pese a que Biden y Netanyahu son amigos desde hace dos décadas, la Casa Blanca consideró la noticia como una ofensa, al punto que Obama lo tomó como un insulto personal. La pequeña venganza de Biden fue llegar una hora y media tarde a la cena con el primer ministro israelí. Es improbable que las cosas vayan más lejos, en vistas de la potencia del lobby judío en Estados Unidos, pero en el Congreso no son pocos los que creen que ha llegado la hora de iniciar un “procedimiento de castigo” contra Israel (El País, 12 de marzo).

El 8 de marzo cuatro importante personalidades alemanas publicaron una carta abierta en varios medios exigiendo el ingreso de Rusia en la OTAN. Se trata de Rühe Volker, ministro de Defensa de 1992 a 1998, el general retirado Klaus Naumann, ex presidente del Comité Militar de la otan, el embajador Frank Elbe, director de Planificación en la cancillería, y el vicealmirante y ex director del Planificación de la Defensa, Ulrich Weisser. Estiman que la otan necesita a Rusia para resolver los problemas en Afganistán y Oriente Medio y para garantizar la seguridad energética (Der Spiegel, 8 de marzo). Este posicionamiento colectivo refuerza la percepción de la dirección que están tomando los intereses alemanes y, por añadidura, franceses.

Las relaciones entre China y Estados Unidos no dejan de deteriorarse por motivos militares, económicos y políticos. Luego del cuestionado encuentro entre Obama y el Dalai Lama, Washington anunció la venta de un paquete de armas a Taiwán valorado en 6.400 millones de dólares mientras Beijing anunciaba represalias a las empresas involucradas. En todo caso, lo más significativo es una viraje en la política china de compra de bonos del Tesoro estadounidense, que se traduce en la venta 45.000 millones de dólares de esos títulos en los últimos cinco meses.

Diario del Pueblo, órgano del partido Comunista, fue muy claro en su edición del 24 de febrero. “La cuantiosa deuda y el déficit presupuestario del gobierno estadounidense, sólo pueden controlarse con la emisión de dólares, lo que llevaría a la devaluación de los activos denominados en esa moneda”. Hasta fines de 2009 China era el principal tenedor de bonos estadounidenses, lugar que ahora ocupa Japón. El periódico estima que con una deuda del 90 pro ciento del pib y un déficit fiscal cercano al 11 por ciento del pib, los inversores están “secuestrados” por el dólar. Para romper esa situación, “China debe acelerar el tránsito hacia la internacionalización de al moneda china, el renminbi, reducir su demanda de dólares y el coeficiente de dólares en sus superávits de pago, para aliviar así la creciente presión económica derivada de la influencia que ejerce el desequilibro externo del país”.

Por último, las relaciones entre la Casa Blanca y Brasil se vienen deteriorando mes a mes, como lo atestigua la reciente visita de la señora Clinton al presidente Lula. Los puntos en disputa son muy variados y algunos han estado en el tapete en los últimos meses: las sanciones a Irán, la reconstrucción de Haití, la democracia en Honduras, las bases en Colombia y la disputa comercial. Lula fue muy claro y dijo que imponer sanciones a Irán puede ser perjudicial para el diálogo con ese país y a la vez defendió el derecho de cualquier país de enriquecer uranio al 20 pro ciento como autoriza el Tratado de No Proliferación Nuclear. En todo caso, fue uno de los temas más espinosos en la agenda. El otro es la decisión de Brasil de aplicar sanciones comerciales a Estados Unidos por 560 millones d
e dólares, por subvenciones a sus productores de algodón. El canciller Celso Amorim dijo que Brasil prefiere no ingresar en la vía del contencioso legal, pero que el país “no se va a doblar” ante naciones más fuertes. Pero el mensaje va mucho más allá: Estados Unidos no está en condiciones de imponer su voluntad en la región, que alguna vez fue su patio trasero.

* “El despertar de Turquía: la progresiva salida del campo occidental”, GEAB No. 39, del Laboratorio europeo de AnticipacPolítica, 17 de noviembre d 2009.

– Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.
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Décimo Foro Social Mundial: síntomas de decadencia

Rebelion
Una década es tiempo suficiente –en el terreno políticosocial- para el crecimiento, madurez y, tal vez, decadencia de un “movimiento de movimientos” que se propuso cambiar el mundo. Aunque su declinación es un dato de la realidad, sus mentores pueden contentarse con que su oponente, el Foro Económico de Davos, atraviesa dificultades aún mayores.

Los síntomas son bien conocidos: debatir hasta el cansancio si lo que se está haciendo tiene sentido, si debe continuarse el mismo camino o torcer el rumbo en alguna dirección que permita encontrar soluciones a los males y malestares que se perciben. En efecto, tanto el seminario “10 años después” realizado en Porto Alegre, como el Foro Temático, con sede en Salvador, dedicaron buena parte de su tiempo a constatar la pérdida de vitalidad de un movimiento que pretendió ser la alternativa a la globalización neoliberal.

Este año, el Foro Social Mundial no contó con un evento central sino que realizó actividades en una veintena de ciudades de diferentes partes del mundo, entre ellas las dos capitales estatales brasileñas. La opción por la descentralización es un indicador de que los grandes eventos de decenas de miles de personas jugaron un papel importante en su momento, a comienzos de la década, pero en esta etapa no tendría sentido repetirlos ya que, según se pudo constatar en las últimas ediciones, el formato se fue desgastando.

El evento de Porto Alegre, a partir del 25 de enero, consistió en un conjunto de debates entre intelectuales y miembros de ONG, con escasa participación de los movimientos sociales que son, en los hechos, la razón de ser del Foro. Por cierto, no era la intención de los organizadores apostar por la masividad que arrastró a más de 150 mil personas en las ediciones anteriores, pero los debates atrajeron ahora a menos del diez por ciento del anterior pico de participación.

En Salvador, por el contrario, en el Foro Temático realizado entre el 29 y el 31 de enero, la presencia de los movimientos era esperada con cierta expectativa. La opción por descentralizar el evento, con mesas de debates en hoteles de la ciudad y las actividades de los movimientos relegadas al recinto de la Universidad Católica, tuvo un efecto negativo para la participación social. A diferencia de lo que sucedía en Porto Alegre años atrás, cuando la ciudad giraba por unos días en torno al Foro, en la capital de Bahía la gente no se enteró del evento altermundialista.

Buscando nuevos rumbos

El viraje en la situación política mundial y en América Latina, parece estar en la base de un cierto desconcierto que se plasma en la aparición de propuestas notoriamente divergentes. En las primeras ediciones de los Foros, se registraba un fuerte ascenso del conservadurismo comandado por George W Bush, a caballo de las invasiones a Irak y Afganistán. En este continente, se estaban estrenando los gobiernos del cambio y se registraba aún una oleada de movilización social que desembarcó con sus múltiples colores en los eventos multitudinarios de Porto Alegre.

La crisis mundial, el ascenso de Barack Obama a la Casa Blanca, el otoño de los gobiernos progresistas y de izquierda de la región y la creciente desmovilización social, pautan una coyuntura bien distinta. El tono de la Carta de Bahía, documento final aprobado por una asamblea de movimientos, delata el nuevo clima. La declaración enfatiza en el rechazo a “la presencia de bases extranjeras en el continente sudamericano”, la defensa de la soberanía y de los grandes yacimientos de petróleo descubiertos en el litoral brasileño.

La Carta hace una defensa cerrada del gobierno de Lula. “En Brasil, muchos avances fueron conquistados por el pueblo durante los siete años del gobierno Lula”. Menciona que aún falta realizar reformas estructurales, pero llama a apoyar a los diversos oficialismos “en este período de embate político que se aproxima”, en clara alusión a los procesos electorales venideros.

En este punto, aparecen fuertes divergencias. El Movimiento Sin Tierra, muy crítico con Lula por no haber hecho la reforma agraria prometida, no movilizó sus bases hacia el Foro como en ocasiones anteriores. En Salvador, el movimiento más potente es el de los Sin Techo, que en diferentes talleres mostró claras distancias tanto con el gobierno federal como con el estatal, comandado por el petista Jacques Wagner.

La distancia, social antes que política, entre movimientos y gobiernos fue una de las características del Foro de Salvador. Uno de los “intercambios” con los movimientos se realizó en un hotel de cinco estrellas, con la participación del gobernador Wagner, el ministro de Desarrollo Social Patrus Ananias y el Secretario Especial para Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Samuel Pinheiro. No era ese el mejor ambiente para movimientos de base que, como los de Salvador, están integrados en su inmensa mayoría por negros pobres que viven en favelas, que son sistemáticamente rechazados en esos espacios.

En la visita que realizamos a tres ocupaciones urbanas de los Sin Techo, pudimos comprobar que las bases de esos movimientos no tenían la menor idea de lo que sucedía en el centro de la ciudad, ni mostraban intención de asistir cuando se les informaba que debían registrarse en otro hotel, también de cinco estrellas, ubicado en el corazón elitista de la ciudad racista. Si alguna vez los foros fueron un genuino encuentro de movimientos sociales, en los hechos se convirtieron en encuentros de elites, intelectuales, miembros de ONG y representantes de organizaciones sociales.

En palabras de Eric Toussaint, miembro del Consejo Internacional del FSM, un dato central es que el encuentro “fue patrocinado por Petrobrás, Caixa, Banco do Brasil, Itaipú Binacional y con fuerte presencia de gobiernos”. O sea, grandes multinacionales que están también en el encuentro empresarial de Davos, donde Lula fue proclamado “estadista global”. En su opinión, el núcleo histórico de fundadores del Foro, donde tienen especial presencia brasileños vinculados al gobierno, son los más reacios a buscar otros formatos, que “se apoyen en fuerzas militantes voluntarias y se alojen en casas de activistas”.

Cuestión de Estado

En cuanto al formato, las propuestas son muy variadas. El portugués Boaventura de Sousa Santos, cree que el Foro fracasó en Europa, Asia y África al no haber conseguido “conquistar la imaginación de los movimientos sociales y los líderes políticos” como sucedió en América Latina. Cree que el FSM debería haber acudido con una posición propia a la cumbre de Copenhague y que el próximo encuentro, a realizarse en Dakar (Senegal), deberá “promover algunas acciones colectivas” en la dirección de buscar “una nueva articulación entre partidos y movimientos”.

Toussaint va más lejos y aspira a que los movimientos recojan la propuesta lanzada por Hugo Chávez de crear una Quinta Internacional, que sería un “instrumento de convergencia para la acción y para la elaboración de un modelo alternativo”. En el otro extremo, el sociólogo brasileño Emir Sader cree que el Foro ya fracasó porque al no estrechar vínculos con los gobiernos progresistas, “quedó girando en el vacío”.

Dos temas siguen estando en el centro de los debates, como estas posturas manifiestan: la rel
ación entre gobiernos y movimientos y el grado de centralización y de organización que debe dotarse el Foro. Hay quienes, como Toussaint, defienden un modelo tradicional, que se resume en “un frente permanente de partidos, movimientos sociales y redes internacionales”, porque es la mejor forma de impulsar la movilización. Cree, por añadidura, que el golpe de Estado en Honduras se consolidó porque la movilización “fue totalmente insuficiente”.

De Sousa Santos echa más leña al fuego al abordar el otro tema en debate. Sostiene que “ahora existe un novísimo movimiento social que es el propio Estado”. Defiende su tesis señalando que si al Estado se lo deja librado a su lógica, “es capturado por la burocracia y por los intereses económicos dominantes”. Pero si los movimientos, que siempre han trabajado por fuera de los estados, lo toman en cuenta como “un recurso importante”, ese Estado “puede ser apropiado por las clases populares como está ocurriendo en el continente latinoamericano”.

En su comunicación al seminario “10 años después”, Immanuel Wallerstein presentó una perspectiva que incluye una variante más, estirando las diferencias entre los militantes. Sostuvo que los impactos mayores de la crisis vendrán en los próximos cinco años, con un posible default de la deuda de los Estados Unidos, la caída del dólar y la aparición de regímenes autoritarios, incluyendo algunos países de América Latina, y la creciente demonización de Obama en Estados Unidos. Cree que se están formando varios bloques geopolíticos que excluyen a Washington: Europa Occidental-Rusia; China-Japón-Corea del Sur; Sudamérica liderada por Brasil.

En ese escenario, opina que en las dos próximas décadas la izquierda social y la política irán percibiendo que “la cuestión central no es poner fin al capitalismo, sino organizar un sistema que lo suceda”. En ese lapso, la confrontación entre derechas e izquierdas, cuyas fuerzas se han expandido a todo el mundo, será inevitable, pero no será una batalla entre estados sino “entre las fuerzas sociales mundiales”. Y cree, además, que a las izquierdas y a los movimientos “les falta una visión estratégica de medio plazo”. Esto último se ha mostrado enteramente cierto, por lo menos en el último Foro Social Mundial.

Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.

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Se acelera la retirada imperial

La Jornada
En pocos días se sucedieron dos hechos que revelan, en pequeños países latinoamericanos antes subordinados a Washington, que la ex superpotencia ya no controla siquiera aquellos que fueron sus sólidos aliados durante décadas. Los recientes acontecimientos de Paraguay y Honduras revelan que la retirada imperial de su patio trasero se acelera durante la presente crisis sistémica.

El gobierno de Fernando Lugo decidió suspender el programa Nuevos Horizontes del Comando Sur, que preveía desplegar 400 soldados estadunidenses en acciones humanitarias. La presencia militar extranjera en Paraguay fue siempre rechazada por los movimientos campesinos y sociales, pero también por la diplomacia brasileña que nunca vio con buenos ojos la realización de maniobras en zonas calientes como la fronteriza represa de Itaipú, responsable de 20 por ciento de la energía que consume la octava potencia industrial del planeta.

La decisión de Lugo fue explicada en virtud del nuevo escenario internacional en términos de defensa, seguridad y soberanía, y el propio presidente aseguró la impronta que tuvieron los debates en el seno de Unasur en su decisión, donde dijo que “fue muy cuestionada la presencia de soldados americanos en la región”.

La respuesta de la embajadora de Washington en Asunción, Liliana Ayalde, quien calificó de lamentable la decisión, refleja la impotencia imperial en el que fuera uno de sus más serviles aliados durante ocho décadas. Se limitó a desmentir que la presencia de tropas estadunidenses en Paraguay tenga relación con trabajos de inteligencia vinculados con el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Tampoco tuvieron resonancia sus menciones a las obras sociales que construyen los soldados del Comando Sur ni a sus operativos sanitarios.

La Campaña por la Desmilitarización de las Américas (CADA) y Serpaj-Paraguay denunciaron los operativos Medrete (Ejercicio de Entrenamiento de Aptitud Médica, por sus siglas en inglés) como una forma de injerencia en el país. Grupos de medio centenar de soldados del Comando Sur se adentraban hasta remotas aldeas, en particular en las zonas conflictivas en la lucha por la tierra, donde además de repartir medicinas y anteojos interrogaban a la población y entrenaban a las guardias rurales vinculadas con los terratenientes. La presencia militar estadunidense en Paraguay fue interpretada como parte de un vasto plan de control de una zona estratégica que llevó a Washington, en la década de 1980, a construir, a sólo 200 kilómetros de Bolivia, la base de Mariscal Estigarribia, donde pueden operar aviones B-52, C-130 Hércules y C-5 Galaxy. Con la decisión de Lugo se terminaron las maniobras con soldados que gozaban de impunidad diplomática, y el acceso de Washington a la región da un paso atrás.

El sorpresivo retorno de Manuel Zelaya a Tegucigalpa y su ingreso a la embajada de Brasil colocan al país de Lula en el lugar más destacado en la crisis provocada por los golpistas. Se trata de un éxito notable de la diplomacia brasileña que deja mal parado al gobierno de Barack Obama, que naufraga entre la impotencia y la tolerancia hacia los golpistas.

Lula llevó el tema a la asamblea de las Naciones Unidas y se permitió convocar al Consejo de Seguridad para que tome cartas en el asunto. La acción conjunta Zelaya-Itamaraty (con apoyo venezolano) movió el escenario político regional y el hondureño, colocó por primera vez a la defensiva a los golpistas, que comienzan a cometer errores fruto de la desesperación, y forzó a la comunidad internacional a activarse luego de semanas de peligroso letargo.

En el plano interno, el pueblo hondureño, principal actor en la resolución de esta crisis, parece haber tomado buena nota de las dificultades por las que atraviesan los golpistas y ha incrementado sus movilizaciones, forzando a los usurpadores a mostrar su faceta más gorila y represiva. En el plano internacional, el cerco pasivo de semanas anteriores está dando paso a condenas e iniciativas más contundentes.

El destacado papel de Brasil, colocado ahora en el centro del escenario internacional, contrasta con el pobre papel jugado por la administración Obama que se limitó a dar simples declaraciones y medidas simbólicas como la negativa a conceder visas a los golpistas. Obama parece doblemente amarrado: por la situación interna de su país, donde las derechas más recalcitrantes obstruyen su gobierno y amenazan bloquear reformas básicas como la de la salud, y por su creciente deterioro como potencia global. A Estados Unidos lo desconocen tanto las derechas golpistas como los gobiernos democráticos, porque su legitimidad para diseñar el orden global está en cuestión.

La imagen de Zelaya saludando a su pueblo desde el balcón de la embajada de Brasil es tan imborrable como los unánimes aplausos que cosechó Lula en la Asamblea General de la ONU. Detrás de la demanda de reposición inmediata del presidente hondureño se alinearon la Unión Europea, los gobiernos más tibios de la región y hasta la Casa Blanca. Independientemente de cómo se resuelva la crisis hondureña, Lula y el canciller Celso Amorim saldrán fortalecidos y con ellos el papel de potencia de Brasil.

Es evidente que los huecos que va dejando el declinante papel de Estados Unidos en la región los comienza a ocupar la estrella ascendente de Brasil. Los acuerdos políticos y militares alcanzados con Francia le permiten ahora contar con un sólido aliado para alcanzar el deseado asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ese nuevo papel tiene también sus costos. Brasil seguirá siendo un aliado de Washington, con el que no tiene la menor intención de romper, para afianzar su autonomía y tener las manos más libres en la región sudamericana sin sufrir la obstrucción frontal de Estados Unidos. Para muchos de sus vecinos, el cambio será apenas perceptible, toda vez que la potencia ascendente se comporta como un subimperialismo, como señaló Rui Mauro Marini hace ya tres décadas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/09/25/index.php?section=opinion&article=024a1pol

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La Unasur acosada

http://www.jornada.unam.mx/2009/08/28/
Una de las peores consecuencias de la ofensiva de Estados Unidos en la región sudamericana es que la desvía de los objetivos que se había trazado: integración y creciente autonomía a través de un banco, una moneda y un consejo de defensa regionales. La ampliación de la presencia militar del Comando Sur en Colombia mediante un acuerdo que permite al Pentágono utilizar siete bases, dos de ellas navales, puede suponer un giro tan decisivo en el balance militar de la región, que los demás países no pueden sino colocar el asunto en lugar destacado de sus agendas, como sucede estos días en la cumbre de Unasur en Bariloche, Argentina.

Hacía años que la diplomacia de Brasil no hablaba tan claro. Por lo menos desde que encabezó la resistencia al ALCA, en la cumbre de Mar del Plata de noviembre de 2005. Ahora el canciller Celso Amorim levantó la voz para pedir explicaciones sobre las bases en Colombia, y el presidente Lula pidió “garantías formales, jurídicamente válidas, de que los equipos y el personal no serán utilizados fuera del estricto propósito del combate a las FARC”. Brasil sostiene que los aviones que utilizarán la base de Palanquero, en el centro de Colombia, tendrán un radio de acción muy superior al necesario para combatir el narctoráfico.

Días atrás se difundió un cruce telefónico entre Lula y Barack Obama que refleja el clima imperante. El presidente de Brasil, quien se empeñó en convocar la reunión de Bariloche que no estaba agendada, pidió al inquilino de la Casa Blanca que acudiera a la cumbre de Unasur a dar garantías sobre las bases en suelo colombiano. Con esa jugada pretendió colocar a la unión regional como interlocutora directa de la administración estadunidense. Obama rechazó el convite, ya que en su estrategia no figura dar carta de ciudadanía a un proyecto de integración que no ve con buenos ojos, ya que se está construyendo sobre los vacíos dejados por Estados Unidos en su ex patio trasero.

Aunque Obama reafirmó el deseo de su país de trabajar en conjunto con Brasilia, los desacuerdos no pueden ser mayores. Si una de las partes está pidiendo garantías juríricas es porque no tiene la menor confianza en la otra. Pero hay hechos más elocuentes aún: estos días se habla de una carrera armamentista en la región que casi todos los medios atribuyen a Venezuela. Sin embargo, la carrera de militarización fue lanzada por Colombia con la excusa del combate a las FARC.

Según el Balance militar 2008, publicado por el Instituto Nueva Mayoría de Argentina, los mayores ejércitos de tierra de la región son los de Brasil y Colombia, ambos con 217 mil efectivos. Sin embargo, Brasil tiene que cubrir un territorio de 8.5 millones de kilómetros cuadrados y 17 mil kilómetros de fronteras; Colombia tiene una superficie ocho veces menor, cuenta con 44 millones de habitantes frente a los 190 millones de Brasil. También existe un agudo desbalance con sus vecinos: Ecuador tiene 47 mil efectivos en el ejército y Venezuela 63 mil, lo que hace que Colombia duplique la fuerza de tierra de sus dos vecinos juntos.

Las fuerzas armadas colombianas son, en términos relativos, las mayores y mejor equipadas de la región. Mientras Brasil dedica 1.5 por ciento de su PIB a defensa y Argentina 1.1 por ciento, oficialmente Colombia da 3.8 por ciento, aunque estimaciones independientes elevan la cifra a 6.5 por ciento, muy superior a los gastos de defensa de Estados Unidos. Es también el país que más rubros destina a equipamiento (25 por ciento del presupuesto de defensa) por encima de Chile, país que más ha modernizado su equipamiento militar, y de Brasil, y es casi 10 veces mayor que Venezuela (2.3 por ciento del presupuesto de defensa), aunque según los grandes medios sería el que más armamento está comprando.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la progresión del ejército colombiano. La tropa pasó de 86 mil efectivos en 1986 a 120 mil en 1994, pero se duplicó en sólo 15 años con la implementación del Plan Colombia, llegando a los 217 mil soldados actuales. No obstante, si se suman los efectivos totales de defensa, seguridad y policía se llega a 460 mil efectivos. En suma, Colombia cuenta con el ejército más numeroso y mejor entrenado (de hecho combate las 24 horas), con el mayor presupuesto y tiene el apoyo logístico directo de la mayor potencia militar del planeta que desde el año 2000 le ha traspasado en ayuda militar más de 6 mil millones de dólares.

Semejante intensificación de la potencia militar colombiana ha provocado un agudo desbalance en la región. Ése fue siempre el objetivo no declarado del Plan Colombia: introducir una cuña que al modificar la relación de fuerzas impida el desarrollo autónomo del subcontinente, la diversificación de alianzas extrarregionales, muy en particular entre Brasil y China, y corte en seco las crecientes tendencias a una integración que ponga distancias de las potencias del norte. De esta manera Washington impone una agenda que no estaba en el orden del día de los países de la región, y lo hace en el terreno militar, el único en el que se siente fuerte.

Hasta el primero de marzo de 2008, cuando el ataque a Ecuador por el ejército colombiano, se discutía sobre la implementación del Banco del Sur como primer paso para establecer la autonomía financiera que, en algún momento no muy lejano, debía desembocar en la creación de una moneda común. Ahora todo ha cambiado. Las prioridades son, por un lado, evitar una mayor división en la región que beneficia al imperio. De ahí que varios países, con Brasil y Argentina a la cabeza, se empeñen en evitar una condena al presidente Álvaro Uribe.

Pero los buenos modos diplomáticos también tienen sus límites: dejar pasar la masiva utilización del territorio colombiano por el Comando Sur sería tanto como aceptar la política militarista de Washinton que fragmentará la región. Brasil aún no ha jugado todas sus cartas, entre las que cuentan sus estratégicas alianzas con Rusia y China.

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Sudamérica: Las bases en Colombia y la disputa por los bienes comunes

El inminente acuerdo entre Estados Unidos y Colombia para la utilización de siete bases por el Comando Sur, forma parte de la feroz disputa por los bienes comunes que atraviesa la región sudamericana.

Primero algunas informaciones recientes:

Venezuela alcanzó el primer lugar en reservas probadas de petróleo del orbe al cuantificar 314.000 millones de barriles en la Faja Petrolífera del Orinoco, anunció la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). A partir de ahora Venezuela ocupa el primer lugar en reservas probadas de petróleo a nivel mundial, bajando a Arabia Saudita al segundo lugar, con 264.000 millones de barriles, según PDVSA1.

Fatih Birol, economista jefe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), afirma que la crisis del petróleo llegará mucho antes de lo previsto. “El mundo se dirige a una catastrófica crisis energética que podría perjudicar una recuperación económica mundial debido a que la mayoría de los principales campos de petróleo en el mundo han pasado su pico de producción”. Birol sostiene que los datos que había manejado hasta ahora la AIE eran errados y anticipa en diez años (2020 en vez de 2030) la llegada del pico de producción.
“La primera evaluación detallada de más de 800 campos de petróleo en el mundo, que abarcan las tres cuartas partes de las reservas mundiales, ha encontrado que la mayoría ya llegó a su punto máximo y que la tasa de disminución es casi el doble del ritmo calculado hace apenas dos años”, señala Birol. Esa tasa de decrecimiento es del 6,7 por ciento frente al 3,7 por ciento de 20072.

Hace unos 20 años, China era el decimosegundo socio de América Latina, con un volumen comercial que apenas superaba los 8.000 millones de dólares, pero desde 2007 ocupó la segunda posición, multiplicando por trece aquella cifra y ahora sobrepasa los 100.000 millones de dólares. China ha establecido asociaciones estratégicas con Brasil desde los años 90 y, posteriormente con Venezuela, México, Argentina, Chile y con Perú.

Este año, China ha negociado acuerdos que duplicarían un fondo de desarrollo en Venezuela a 12.000 millones de dólares, le prestaría unos 1.000 millones de dólares a Ecuador para construir una planta hidroeléctrica, le dará acceso a Argentina a más de 10.000 millones de dólares para proyectos y otros 10.000 millones a la empresa estatal del petróleo en Brasil.Según cifras oficiales brasileñas, el volumen de comercio bilateral entre Brasil y China alcanzó 36.440 millones de dólares en 2008, lo que supuso 55,9 por ciento de incremento con respecto al año anterior. En abril de este año, China se convirtió en el primer socio comercial de Brasil, superando a Estados Unidos. El ingreso de China como país donante en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en abril pasado, tras quince años de negociaciones, fue una fuerte señal de su creciente compromiso para ahondar sus vínculos con la región3.

Se estaría produciendo un importante viraje de la política económica de Brasil respecto a Estados Unidos. Desde agosto de 2008 hasta mayo de este año, o sea cuando se dispara la crisis económica mundial, Brasil redujo un 17 por ciento sus inversiones en títulos estadounidenses. Es la mayor reducción entre los 15 mayores acreedores de Washington. En contraste, Rusia aumentó un 20 por ciento sus compras de títulos de la Reserva Federal y China un 40 por ciento en el mismo lapso4.

La empresa estatal china de petróleo (CNPC) decidió acelerar sus adquisiciones en África y América Latina porque “los precios relativamente bajos de los activos ofrecen este año oportunidades sin precedentes para la compañía”. Una de esas oportunidades sería la compra del 84 por ciento de las acciones de Repsol YPF en Argentina en una alianza con la tercera mayor empresa china, la CNOOC, por 17.000 millones de dólares. De concretarse, sería la mayor inversión petrolífera de China en el exterior5.

Las informaciones anteriores, recogidas apenas en la prensa internacional de la última semana, permiten inferir que en la región se está produciendo una fuerte competencia por recursos naturales con la participación de potencias extracontinentales. En paralelo, los países más importantes (Argentina, Brasil, Venezuela) comienzan a realizar sus intercambios en otras monedas diferentes al dólar y establecen alianzas con países asiáticos y con potencias emergentes.

El peso que los factores económicos vinculados a la hegemonía tengan en la decisión de incrementar la presencia militar de Estados Unidos en Colombia, podrán observarse de modo más claro a medida que Obama vaya tomando más y más decisiones estratégicas.

Contra quién van las bases

Según Estados Unidos se trata básicamente de sustituir el papel que venía jugando la base de Manta, en Ecuador, que debe abandonar en noviembre pero de la cual de hecho ya se ha retirado. Para el presidente Álvaro Uribe, se trata de seguir adelante con el Plan Colombia, o sea continuar la guerra contra las FARC hasta ganarla, y perseguir al narcotráfico. En este punto la coincidencia entre Bogotá y Washington es completa, más allá que para las cúpulas colombianas el ampliar la presencia militar estadounidense es una buena forma de resolver cualquier posible dificultad en las relaciones entre ambos países.

El despliegue de la IV Flota decidido el año pasado, se ve ahora completado por un rosario de siete bases que el Comando Sur puede utilizar cuando lo considere conveniente. Por cierto, la Casa Blanca y el Palacio de Nariño están empeñados en el argumento de que no habrá bases militares estadounidenses porque todas seguirán siendo controladas por el Estado y las fuerzas armadas colombianas, y que los 800 militares y 600 contratistas que operan actualmente en Colombia no se verán incrementados.

El argumento es sólo parcialmente cierto. En las nuevas condiciones de la guerra, el tipo de bases militares que existieron durante la Guerra Fría, grandes concentraciones humanas y de aparatos, fijas e inmóviles, están dando paso a un modelo más flexible como se desprende del informe “Global en Route Strategy” de abril de 2009 de la fuerza aérea de Estados Unidos. Se trata de poder contar con el uso de instalaciones sobre todo para el tránsito aéreo, que hagan posible el control a distancia y la disuasión, dejando la intervención directa para situaciones excepcionalmente críticas. En ese sentido, lo que más interesa a la superpotencia es contar con la cooperación de los gobiernos de la región, permitiendo instalar radares y sistemas de vigilancia, el uso de aeropuertos y puertos, cuestión mucho más decisiva que la presencia militar directa que, con la tecnología actual, puede concretarse en cuestión de horas.

Sin embargo, el nuevo despliegue del Comando Sur apunta en otra dirección. Para Juan Gabriel Tokatlián, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella, “el mensaje principal es para Brasil y no para Venezuela”6. Tiene razón, pero debe agregarse un par de detalles. Decir Brasil, desde la lógica imperante en Washington, es decir Amazonia, o sea, recursos naturales. En segundo lugar, el inminente acuerdo para la utilización de siete bases militares colombianas por el Comando Sur, puede estar relacionado con la creciente alianza entre China y Brasil, cuyo comercio debe realizarse a través de la cordillera andina.

La es
trategia del cerco

Las cosas son según el lugar desde el cual se observen. Por eso en Brasil la decisión de ampliar la presencia militar del Comando Sur en la región cayó como una patada. El canciller Celso Amorim y el asesor para asuntos internacionales Marco Aurelio García, fueron muy explícitos. “Lo que preocupa a Brasil es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad pueden ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia”, dijo Amorim a Folha de Sao Paulo. Agregó que hay una contradicción entre la afirmación de Bogotá de que las FARC están prácticamente aniquiladas y el aumento de la presencia militar estadounidense para combatirlas. “En la región, es importante tener transparencia y claridad. Eso tal vez haya faltado. Uno puede tener, por ejemplo, garantías formales sobre cómo serán usadas esas bases”, concluyó7.

El presidente Lula, por su parte, vinculó las bases en Colombia y la reactivación de la IV Flota con la existencia de enormes reservas petroleras a 7.000 metros de profundidad en aguas de los estados de Santa Catarina y Espíritu Santo, que le darán al país autonomía energética. De ese modo, parece alinearse con una vieja preocupación de los estrategas y militares de su país en lo que denominan como “Geopolítica del Cerco”. En efecto, en 2002 el Centro de Inteligencia del Ejército, con sede en Brasilia, realizó tres estudios que mapearon la presencia militar estadounidense en Sudamérica. Las conclusiones indicaban que en 2001 y 2002 había 6.300 militares de ese país construyendo pistas y destacamentos en forma de un “cinturón” militar que rodea a Brasil8.

Uno de esos trabajos, “Presencia de los Estados Unidos en América del Sur”, a cargo del entonces coronel de infantería y ahora jefe militar del Nordeste, José Alberto da Costa Abreu, concluía que una de las principales consecuencias es “la disminución de la capacidad brasileña de proyectar poder en el ámbito regional por la existencia de un \’cinturón\’ de instalaciones norteamericanas próximas a las fronteras brasileñas, principalmente en la región amazónica”9.

En la serie de reportajes publicados por el sitio militar brasileño Defesanet, recuerdan que el 25 por ciento del petróleo que consumen los Estados Unidos proviene de los países andinos, y que la cuestión de la Amazonia es el tema más candente en la región y un asunto de extrema sensibilidad para Brasil.

Notas:
1) Agencia Xinhua, 13 de agosto de 2009.
2) The Independent, 3 de agosto de 2009.
3) Diario del Pueblo, 11 de agosto de 2009.
4) Folha de Sao Paulo, 12 de agosto de 2009.
5) China Daily, 12 de agosto de 2009.
6) Página 12, 7 de agosto de 2009.
7) DPA, Brasilia, 2 de agosto de 2009.
8) Defesanet, el 18 de enero de 2006.
9) Idem.

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Publicado por ARGENPRESS en 18:07:00

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2009 puede ser el año sudamericano

Ya no quedan dudas del tamaño de la crisis mundial. Incluso el FMI asegura que hasta 2011 no se esperan mejoras. El último informe del europeo LEAP/2020 sostiene incluso que lo peor llegará en marzo, que la recesión en Estados Unidos y el Reino Unido puede abarcar una década entera y que seguramente habrá inestabilidad sociopolítica global con riesgo de estallidos sociales, como los que conocemos de sobra en Sudamérica desde el caracazo de febrero de 1989.
Esta región comienza poco a poco a percibir de qué va la cosa. Apenas tres meses atrás, Lula se ufanaba de que el tan temido tsunami financiero era apenas “una olita” en las costas de Brasil. En el último mes comenzaron a aplicarse algunas medidas importantes que, si bien no llegan a producir el viraje necesario, son un síntoma de que los gobiernos comienzan a tomar medidas de fondo. Y en la “combocumbre” de Bahía, como el ecuatoriano Rafael Correa bautizó la cuádruple reunión del Mercosur ampliado; el Grupo de Río, la Unasur y la Cumbre de América Latina y el Caribe, que reunió a 33 países al sur del río Bravo, se diseñaron caminos que excluyen a Estados Unidos y Canadá, pero incluyen a Cuba.

Argentina tomó dos medidas importantes. La estatización de las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP), creadas en el cenit del neoliberalismo e impulsadas por Carlos Menem, supuso la transferencia al Estado de 24 mil millones de dólares. Es una decisión de carácter estratégico que se anticipa al probable colapso global de los fondos de jubilación por capitalización. Una segunda medida estratégica fue el plan Obras para Todos los Argentinos que implica inversiones en infraestructura por 32 mil 600 millones de dólares hasta 2011. En paralelo, el gobierno de Cristina Fernández intenta incentivar el

Brasil también toma decisiones de largo aliento. Hasta ahora se había limitado a inyectar dinero en la economía para favorecer el crédito y facilitar la venta de automóviles rebajando impuestos, ya que la sexta industria automotriz del mundo atraviesa serias dificultades. También se liberaron fondos para ayudar a empresas endeudadas. Pero lo más importante ha sido el anuncio de un vasto plan de vivienda que prevé construir 12 millones de casas en 15 años con una inversión de 123 mil millones de dólares.

Esta importante decisión pretende mantener el crecimiento y a la vez convierte la vivienda social en una política de Estado, destinada a familias que tengan ingresos menores a 630 dólares. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística informó a mediados de diciembre que una de cada tres ciudades está rodeada por favelas y que 53 millones (25 por ciento de la población) habitan viviendas inhumanas. Así y todo se calcula que en los próximos años se necesitarán 30 millones de viviendas. Además se creará un fondo con aportes estatales, al que podrán acudir las familias que no puedan pagar sus mensualidades por haber perdido el trabajo, sin perder la vivienda.

Otros países como Perú lanzaron planes de obras públicas, mientras Ecuador decidió una moratoria de cerca de 40 por ciento de su deuda externa por considerarla ilegítima. En conjunto, se trata de medidas de corte keynesiano que buscan limitar los impactos de la recesión global y mantener la cohesión social.

Por otro lado, la región se va perfilando como actor autónomo en el escenario internacional. Así lo percibió The New York Times, pues el 17 de diciembre aseguró que Washington se sintió “despreciado” en las cumbres de Bahía, ya que los 33 países latinoamericanos y caribeños tomaron decisiones sin consultar a la ex superpotencia, que ya no puede dictar órdenes en lo que algún día fue su patio trasero. El influyente diario remarcó que “Estados Unidos se está convirtiendo en un jugador cada vez más distante en los asuntos de la región”, y que “ya no es y no va a volver a ser el mayor interlocutor de los países de la zona”. La incorporación de Cuba al Grupo de Rio puso en negro sobre blanco esas distancias.

Pese a que varios presidentes se mostraron confiados en que la región pueda superar los efectos de la crisis, fortalecer la integración y mantener altos niveles de crecimiento, no faltaron nubarrones. Las ausencias más destacadas fueron las del peruano Alan García y el colombiano Álvaro Uribe, los dos mayores aliados de Washington en Sudamérica. Aunque se insisitió en la necesidad de impulsar el comercio sur-sur, las dificultades que enfrenta el país líder de la región, Brasil, con sus vecinos Paraguay, Ecuador y Bolivia sobrevolaron las cumbres. Del mismo modo, el Mercosur no pudo llegar a un acuerdo para que las mercancías que ingresan al área de libre comercio paguen una sola vez la tarifa externa común, pero que no se vuelva a cobrar cuando es rexportada a otro país del bloque.

No son dificultades menores. Tienen suficiente importancia para poner más trabas aún al proceso de integración regional, que avanza demasiado despacio para las necesidades de muchos países. Avanzar en ese proceso supone que el país que pretende ser el líder regional, Brasil, resuelva algunas asimetrías, como las que mantiene con Paraguay por la compra de su energía a precios muy por debajo del mercado, gracias a un tratado firmado por ambas dictaduras. O que el gobierno de Lula deje de defender a las empresas brasileñas incluso cuando incumplen contratos, como sucedió con Odebrecht en Ecuador.

Pero lo más trascendente es que las medidas adoptadas hasta ahora no alcanzan para modificar el núcleo del modelo neoliberal. Salvo los países que promueven el ALBA, nadie cuestiona el libre comercio, piedra angular del modelo vigente.Ya no se habla del Banco del Sur, que puede armar una arquitectura financiera diferente. Si una región que busca su autonomía y cuenta con ocho de diez gobiernos que se proclaman progresistas y de izquierda no es capaz de cuestionar el modo de comerciar asentado en la rapiña, ¿quién y cuándo podrá hacerlo?

Rebelión 04.01.09

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