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Ironías de la crisis, de Bengazi a Fukushima. Despolarización, fin del crecimiento global, rebeliones periféricas, crisis ideológica

La primera ola periférica democratizante de este siglo ocurrió en América Latina durante la década pasada, no superó los límites del capitalismo entre otras cosas porque este aunque ya en franco deterioro global pudo ofrecer buenos precios a las exportaciones primarias hasta llegar a la euforia de 2007-2008 cuyos efectos todavía no se han disipado… ( Leia mais » )

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Cuando China salvó a Europa: La bancarrota capitalista cumple años

Agenpress, 23.07.2010,
Nadie descorchó champagne para celebrar ni tampoco ofreció una corona de flores en señal de duelo, de tal manera que el tercer aniversario del comienzo del derrumbe económico mundial, a mediados de 2007, pasó sin la gratificación de un recuerdo. Los apologistas del capital han preferido el olvido para esquivar el desafío de explicar lo sucedido ni el fracaso de los recursos, que habían pretendido infalibles, para conjurar la crisis o contenerla.

Sin embargo, una crisis de conjunto que atraviesa su tercer año sin el menor signo de reversión a la vista, tiene un alcance histórico. En especial cuando ocurre después haber proclamado una gran victoria: el desmantelamiento de los sistemas de protección social en la mayor parte del mundo e impuesto nada menos que una extensión colosal del mercado mundial mediante la restauración capitalista en dos grandes bloque territoriales como China y Rusia y su periferia. Ahora, los pronósticos más autorizados señalan una recaída de la producción industrial y nuevas quiebras de bancos. Los detonantes de lo que se ha dado en llamar la “doble zambullida” son la crisis fiscales de los estados de la Unión Europea; la deuda federal, estadual y municipal de los Estados Unidos y el derrumbe de consumo como consecuencia de una desocupación mayor; y la deuda creciente de Japón (200% del PBI), pero por sobre todo el persistente derrumbe del mercado hipotecario norteamericano. Este mercado es el principal mercado mundial de deuda, con obligaciones por 9 billones de dólares – el 65% del PBI de los Estados Unidos. Una columnista del Financial Times (12.7) observa que “La capacidad de la construcción de viviendas para motorizar un crecimiento económico de Estados Unidos se ha disipado, al menos por el momento”, pero esto no tiene en cuenta la creciente desvalorización del stock de viviendas existentes, o sea el default de sus propietarios y la incapacidad para hacer frente a las cuotas de las hipotecas. “La industria de la construcción, prosigue la columnista citando al Barclay’s Bank, descuenta una doble zambullida, o por lo menos una reducción significativa del crecimiento económico”. El economista Nouriel Roubini (Project Syndicate, 16.7), luego de señalar que una caída industrial es inevitable después del cese de las medidas de estímulo, observa, lo que nosotros mismos hemos señalado repetidamente, que “los excesos fundamentales que le metieron gas a la crisis no han sido encarados”. Se refiere “al excesivo endeudamiento de hogares, bancos y otras instituciones financieras, así como a la mayor parte del sector de corporaciones”. O sea que estaríamos en el punto de partida, aunque con el agravante de que, en el camino, los estados y bancos centrales inyectaron billones de dólares en operaciones de rescate, que no fueron usados para reducir el excesivo endeudamiento sino para hacerlo mayor.

De infartos y colapsos

El manto de silencio que cubrió el aniversario sirvió para escamotear otro hecho más: el colapso de la zona euro durante el mes de mayo, similar al que produjo la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y el default de la aseguradora AIG en septiembre/octubre de 2008. El infarto se manifestó en la paralización del funcionamiento del capitalismo e incluso el sistema político norteamericano; los bancos dejaron de prestarse entre ellos, las operaciones de rescate se dilataban por divergencias políticas Ahora, el columnista Siaba Sarrate (Ámbito, 16.7), en referencia a la crisis de Grecia y del euro, en mayo pasado, dice retrospectivamente, claro, que “La corrida sin contención pudo (sic) ser terminal”, y que, además, “se alimentó más de la parálisis de las autoridades – y de su asombrosa impericia”. O sea un derrumbe político combinado con el económico. “Europa pasó de Dunkerque a Normandía”, , rememora el columnista,. En Dunkerque, 1940, las tropas alemanas inflingieron una dura derrota a las británicas, que tuvieron que retirarse de Europa, y abrieron el camino para la ocupación nazi de la Europa continental – en Normandía, julio de 1944, se produjo la invasión aliada que inició la liberación de Francia. Se trata, por cierto, de una comparación muy fuerte. Pero invasiones aparte, la crisis reciente en Europa puso de manifiesto, por segunda vez que el derrumbe mundial no se compone solamente de recesiones, despidos y quiebras, sino también de colapsos, cuando el mecanismo interior del mecanismo capitalista se paraliza, pero en este caso no a partir de un banco de inversión y una compañía de seguros sino de estados y uniones políticas y monetarias estatales. No hay tampoco que asustarse, nos dice Siaba, porque el plan de salida de Europa funcionó muy rápido. Vano consuelo: de un colapso se sale rápido o no se sale. Más allá de esto, deja una secuela permanente. Es lo que ocurrió con la quiebra de Lehman Brothers y el rescate de AIG: el rescate de la economía por parte de los estados y los bancos centrales desató la fase siguiente de la crisis mundial, que incorpora crisis fiscales gigantescas y aún mayores crisis monetarias. Las deudas públicas principales superan el 100% del PBI y las emisiones de moneda, con respaldo en activos sin valor, han crecido en torno al 150%; la base monetaria en Estados Unidos subió de 1.3 billones de dólares a 3.5 billones entre abril de 2007 y marzo de 2010, en tanto el PBI caía en precios constantes. Ahora los especuladores internacionales apuestan a un derrumbe del dólar.

Más que una gambeta

De todos modos, la afirmación de que el plan de rescate salvó el día en Europa es menos que media verdad. En un artículo anterior (“Gambeta china”) se nos escapó un eslabón de ese rescate. Es cierto que al no ceder a las presiones para revaluar su moneda, el yuan, respecto al dólar, China protegió al euro de un derrumbe, ya que esa revaluación hubiera amplificado la devaluación que estaba sufriendo el euro. Pero ante el anuncio del plan de rescate, China hizo algo más: salió a comprar deuda de los bancos españoles y griegos, y a transformar una parte de su reserva de dólares en euros. Las autoridades chinas habían pregonado, precisamente, que tenían la intención de atar su moneda a una canasta de monedas – lo cual supone una diversificación de sus reservas. “El mercado europeo, le acaba de decir Wen Jiabao, primer ministro de China, a su homóloga de Alemania, Angela Merkel, de visita en China, es y será una de las principales plazas de inversión para las reservas chinas de divisas extranjeras”. Este señalamiento llevó al corresponsal de El País (17.7) en Pekín al comentario siguiente: “Suficiente para que el euro superara la barrera de los 1.30 dólares por primera vez en dos meses”. Voilà. Europa solamente salió de terapia intensiva, por un lado por la gambeta china con relación al dólar, que fue acompañada de una fuerte intervención de socorro de bancos europeos y del euro. Es cierto que al detener la devaluación del euro, China actuó en defensa de sus propios intereses comerciales, como es frenar el encarecimiento de sus exportaciones y el abaratamiento de las de la competencia. Pero el problema comercial es de mediano y largo plazo, y está condicionado por diferentes variables, en tanto que el hundimiento del euro era un problema financiero inminente, pues hubiera podido acelerar las quiebras bancarias en Europa y provocar una cadena de devaluaci
ones de otras monedas.

La intervención de China en el rescate del euro la eleva a una posición de arbitraje en la crisis monetaria, que hasta ahora había estado reservado a Estados Unidos. Después del shock de 2008 y más tarde cuando la crisis de Grecia sacudió a Europa, la Reserva Federal había realizado operaciones de canje del dólar con monedas locales (real, peso mexicano, euro), para cubrir las necesidades de dólares de los países que enfrentaban fugas de sus divisas. Ahora ese rol fue pactado por la Unión Europea con China. Hay una lógica en esto porque China tiene reservas superiores a los dos billones y medio de dólares. China se ve obligada a arbitrar para preservar el valor de estas reservas. En varias ocasiones advirtió al gobierno de Obama contra la tentación de desvalorizar el dólar. Pero bien mirado, este arbitraje pone de manifiesto la dependencia monetaria de China. Después de todo, conservar un porcentaje desproporcionado de la riqueza creada y comercializada (en sus gigantescas reservas, 31% de las mundiales cuando su población es el 22% del total), constituye un despilfarro descomunal, pues la función del dinero, más allá de un nivel de atesoramiento y de reserva para transacciones, debe ser la inversión en nuevas capacidades productivas. Las reservas de China financian la emisión desmesurada de dólares sin respaldo (por eso el elogio de los Kirchner al monto alcanzado por las reservas de Argentina constituye un despropósito: son el vaciadero de basura de la Reserva Federal, su emisión de dólares, y tienen el único propósito de operar como garantía para un ulterior endeudamiento internacional). El salvataje del euro por parte de China es un nuevo estadio de la crisis monetaria internacional y una forma todavía ‘pacífica’ de dirimir los conflictos comerciales. La protección del valor de las reservas internacionales, por parte de los países con excedentes, y el privilegio emisor del dólar, por parte de la Reserva Federal, constituyen los ‘causus belli’ de la presente crisis mundial.

(Los países emergentes, se informa, han recibido capitales especulativos en el último año por el monto de 700 mil millones de dólares. Ante la incapacidad de esas economías de absorber esa suma sin provocar un colapso interno, sus bancos centrales compraron 600 mil millones de aquellos, con lo cual evitaron una revaluación de sus monedas. Para esterilizar las monedas locales con las que compraron esos dólares, han tenido que pagar tasas de interés muy superiores a las que cobran cuando invierten esas reservas, por ejemplo en bonos de la deuda pública norteamericana. Esta operación de desangre financiero de las economías emergentes es saludada, naturalmente, por los países centrales, y menos naturalmente por los cipayos que gobiernan en esos países, que adoran la acumulación de reservas como un éxito nacional y popular).

La zona euro sigue en terapia

El rescate del euro ‘a la china’ forma parte de una disputa que supera el marco del comercio entre naciones. Después de todo, las medidas proteccionistas de Estados Unidos contra las exportaciones chinas apenas involucran al 3% del comercio bilateral; la pelea principal es por el acceso de los capitales internacionales que operan en China al mercado de compras estatales de China, cuyo presupuesto anual es de dos billones de dólares. Las restricciones al acceso de este mercado ya ha desatado un enfrentamiento, en especial de capitales alemanes y norteamericanos, con el gobierno de China, en especial porque China pone la condición de que las empresas extranjeras asocien a las chinas y le transfieran tecnología sensible. Se trata de una exigencia imposible de satisfacer, esto porque el diferencial tecnológico es la fibra decisiva de la competencia mundial, en especial cuando la crisis ha horadado el diferencial de financiamiento. En forma simultánea, sin embargo, existe una restricción generalizada a permitir inversiones chinas en los países centrales, o sea a transformar sus reservas en dinero en inversiones productivas. China ha logrado, a cambio de su socorro al euro, que se le permita comprar empresas en Grecia y en otros países de la periferia de Europa.

Sea como fuere, el salvataje por parte de China no ha resuelto la crisis del euro. Es cierto que obligó a desarmar posiciones a los fondos que habían especulado a la baja (recompraron euros) y que esto provocó un giro hacia arriba en su cotización. Pero en este viraje intervino también una depreciación del dólar, determinada por la evidencia de que Estados Unidos vuelve a la recesión y de que no tiene el mismo margen que en los años recientes para ejecutar rescates o estímulos económicos. La situación fiscal y bancaria de Europa es más grave que nunca. La zona euro tiene una deuda pública combinada de casi 8 billones de euros, que se eleva a 12 billones para toda la UE. Gran Bretaña acaba de confesar que su deuda pública fue dibujada por el gobierno precedente (¡ya es un deporte mundial!) y que es, en realidad, medio billón de dólares superior a la informada. En Clarín del domingo pasado, Rodolfo Terragno adjudicó los males de Europa a la convertibilidad de las viejas monedas europeas con el marco alemán, que quedó fijada en el valor del euro. Pero olvida que la crisis europea envuelve en especial a la misma Alemania, cuyos bancos tienen activos incobrables por 300 mil millones de dólares. Una salida del euro y una devaluación sumiría a los países que lo hicieran en una crisis económica mucho peor que la actual. Grecia tiene una deuda pública tres veces mayor a la de Argentina en 2001 y los bancos españoles han contraído una deuda record para ser rescatados por el Banco Central Europeo. Una parte de la banca griega ya ha sido calificada como zombi: es que cotiza sus activos incobrables, que carecen de valor, a la par, y reemplazan esta falta de recursos con inyecciones del Banco Central Europeo (esto mismo ocurre con la Cajas españolas, los Landesbank germanos, y los bancos locales o cooperativos de Italia). La semana que viene se conocerán los resultados de las pruebas de resistencia a situaciones de crisis, a la que han sido sometidos los bancos europeos. Todo el mundo anticipa que las pruebas han sido fraguadas, e incluso que son de imposible verificación – como ya se demostró en Estados Unidos. Aun así le bajarán el pulgar a una decena de entidades de importancia relativa, que seguramente serán absorbidas por otras….con el apoyo de un financiamiento de la Comisión Europea y los diversos estados. En definitiva, los analistas internacionales más destacados siguen pontificando sobre la necesidad de un default “ordenado” de Grecia y las probabilidades crecientes de una desintegración de la zona euro.

Estados Unidos, siempre

El torbellino de la crisis ha regresado, a partir de este desarrollo, a Estados Unidos; los pronósticos optimistas de la Reserva Federal, en febrero, se han tornado, agoreros. Se prevé recesión o menor cifra de crecimiento del PBI (1.5%), agravamiento de la crisis hipotecaria, cese de la reposición de inventarios. El quebradero de los quebraderos está representado por las agencias estatales hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, cuyo valor de capital en Bolsa ha caído a casi cero (la sacaron de las pizarras), pero que solventa bonos garantizados por hipotecas en el orden de los 5 billones de dólares (la mitad del mercado hipotecario), que no puede pagar. De ese monto, la Reserva Federal se ha hecho cargo de 1.3 billones, o sea que la circulaci
ón del dólar no tiene respaldo. Una comisión investigadora ha determinado que el déficit fiscal ya tiene el carácter de “un cáncer”, que hará metástasis fiscal en regla en unos pocos años. Asimismo, además de la posibilidad de default de numerosos estados de la Unión, los fondos de pensiones que pagan jubilaciones pre-determinadas{_IR_ a están más allá de la bancarrota: es que con la baja de las tasas de interés por las contribuciones que maneja, necesitaría aumentar sus fondos de sustentabilidad en varias veces para poder pagar los retiros establecidos. Para resumir, la carga fiscal potencial del estado norteamericano no tiene soporte. No porque el fondo de capital en los Estados Unidos para solventar la deuda del Estado no sea suficiente – por el contrario, la crisis ha creado una abundancia de capital en forma de liquidez -, sino porque ese capital no bancaría asumir el riesgo que conlleva la deuda pública. Hoy mismo, la deuda americana se solventa solamente en un 53% con capital interno – el 47% es exterior y saldría por la puerta de emergencia ante el primer síntoma de colapso. A esto se refieren los economistas que aseguran que cualquier despiste de ruta podría transformar a las nuevas manifestaciones de recesión en una depresión.

Los llamados países emergentes no pueden contrarrestar esta tendencia a partir solamente del comercio de materias primas que motoriza la demanda de China, porque esta misma demanda está siendo afectada por el nuevo retroceso de los países centrales. Otra cosa sería si la demanda de China estuviera sustentada en un vigoroso desarrollo de su mercado interior con independencia del capital internacional. Pero lo que ocurre es que el capital internacional quiere colocar su excedente de producción y de capitales en China. Sería una tercerización de su actividad en los países centrales, con la consecuencia de un violento crecimiento de la desocupación en ellos. Por otro lado, la demanda de China y del resto de emergentes se encuentra en gran parte fogoneada por los capitales especulativos y la acumulación de reservas de moneda extranjera, que se extinguirían como consecuencia de otro derrumbe financiero en los países centrales. La salida a este derrumbe plantea una reorganización social en gran escala; entrañará un gigantesco retroceso social si se produce en los marcos capitalistas.

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Publicado por ARGENPRESS en 18:05:00
Etiquetas: Capitalismo, capitalista, China, crisis, económica, Estados Unidos, Europa, financiera, Jorge Altamira, opinión, Unión Europea

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Una piñata que no es solo griega

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Crepúsculo del capitalismo, nostalgias, herencias, barbaries y esperanzas a comienzos del siglo XXI

ALAI, América Latina en Movimiento ¿Comienzo del fin (o fin del comienzo) de la crisis? Desde el inicio de 2009 Ben Bernanke señalaba que antes del fin de ese año comenzarían a verse síntomas claros de superación de la crisis y hacia el mes de agosto anunció que ?lo peor de la recesión ha quedado… ( Leia mais » )

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La "Doctrina Obama" ante la Depresión más grande de la Historia:Golpe Militar en Honduras, América Latina bajo amenaza

Introducción: Desde hace mas de una década los miembros de este observatorio y otros han venido alertando sobre la presente crisis, la que explotó a partir del 2008 en el sector inmobiliario de las deudas sub prime de EEUU. Gobiernos y élites del primer mundo en primer lugar banqueros, estaban conscientes de lo que venía… ( Leia mais » )

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En la ruta de la decadencia. Hacia una crisis prolongada de la civilización burguesa

La crisis mundial apareció primero bajo la forma de una turbulencia financiera empujada por el desinfle de la burbuja inmobiliaria norteamericana, incluso inicialmente no faltaron opiniones de expertos (muy difundidas por los medios de comunicación) asegurando que la tormenta duraría poco dada la fortaleza general de los Estados Unidos y cuando los problemas aumentaron sin… ( Leia mais » )

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Señales de implosión. Hacia la desintegración del sistema global

ALAI AMLATINA, 03/03/2009, Buenos Aires.- Septiembre de 2008 marcó un unto de inflexión en el proceso recesivo que se venía desarrollando en os Estados Unidos a lo largo de ese año: estalló el sistema financiero la recesión comenzó a extenderse rápidamente a nivel planetario al iempo que se evidenciaban síntomas muy claros de tránsito global hacia a depresión cuya llegada comenzó a ser admitida desde comienzos de 2009.

Ahora asistimos a un encadenamiento internacional de derrumbes roductivos y financieros acompañado por una mezcla de pesimismo e mpotencia en el más alto nivel de las elites dirigentes ante la robable transformación de la ola depresiva en colapso general.

La declaraciones de George Soros y Paul Volcker en la Universidad de
Columbia el 21 de febrero de 2009 marcaron una ruptura radical (1), muy uperior de la que estableció hace dos años Alan Greenspan cuando nunció la posibilidad de que los Estados Unidos entre en recesión.
Volcker admitió que esta crisis es muy superior a la de 1929, eso ignifica que la misma carece de referencias en la historia del apitalismo, la desaparición de paralelismos respecto de crisis nteriores es también (principalmente) la de los remedios conocidos.
Porque 1929 y la depresión que le siguió están asociados a la tilización exitosa de los instrumentos keynesianos, a la intervención asiva del Estado como salvador supremo del capitalismo y lo que estamos resenciando es la más completa ineficacia de los estados de los países entrales para superar la crisis. En realidad la avalancha de dinero que rrojan sobre los mercados auxiliando a los bancos y a algunas empresas ransnacionales no solo no frena el desastre en curso sino que además stá creando las condiciones para futuras catástrofes inflacionarias, róximas burbujas especulativas.
¿Implosión capitalista?

Por su parte Soros confirmó lo que era evidente: el sistema financiero undial se ha desintegrado, a lo que agregó el descubrimiento de imilitudes entre la situación actual y la vivida durante el derrumbe de a Unión Soviética. ¿Cuales son esos paralelismos? Como sabemos, el istema soviético comenzó a desmoronarse hacia fines de los años 1980 ara finalmente implotar en 1991, el fenómeno ha sido por lo general tribuido a la degradación de su estructura burocrática haciéndolo en rincipio intransferible al capitalismo que alberga una vasta burocracia unque no hegemónica como lo fue en el caso soviético. Existe un roceso, una enfermedad que no es el patrimonio exclusivo de los egímenes burocráticos, se ha desarrollado en el capitalismo al igual ue en civilizaciones anteriores a la modernidad: se trata de la ipertrofia parasitaria, del predominio aplastante de formas sociales arasitarias que depredan a las fuerzas productivas hasta un punto tal n que el conjunto del sistema queda paralizado, no puede reproducirse ás y finalmente muere ahogado por su propia podredumbre. A lo largo del iglo XX el capitalismo impulsó estructuras parasitarias como el ilitarismo y sobre todo las deformaciones financieras que marcaron su ultura, su desarrollo tecnológico, sus sistemas de poder. Las tres ltimas décadas presenciaron la aceleración del proceso adornado con el iscurso de la reconversión neoliberal, del reinado absoluto del arcado, tal vez su punto más alto fue alcanzado durante el último ustro del siglo XX, en plena expansión de las burbujas bursátiles y uando el poder militar de los Estados Unidos aparentaba ser imbatible.

Pero en la primera década del siglo XXI comenzó el desmoronamiento del istema, el Imperio se empantanó en dos guerras coloniales, su economía e degradó velozmente y burbujas financieras de todo tipo
(inmobiliarias, comerciales, de endeudamiento, etc.) poblaron el laneta. El capitalismo financierizado había entrado en una fase de xpansión vertiginosa aplastando con su peso a todas las formas conómicas y políticas, en 2008 los estados centrales (el G7) disponían e recursos fiscales por unos 10 billones (millones de millones) de ólares contra 600 billones de dólares en productos financieros erivados registrados por el Banco de Basilea a lo que es necesario gregar otros negocios financieros, según algunos expertos la masa speculativa global supera actualmente los mil billones de dólares
(cerca de 20 veces el producto Bruto Mundial).

Esa montaña financiera no es una realidad separada, independiente de la lamada economía real o productiva, fue engendrada por la dinámica del onjunto del sistema capitalista: por las necesidades de rentabilidad de as empresas transnacionales, por las necesidades de financiamiento de os estados. No es una red de especuladores autistas lanzados a una uerte de autodesarrollo suicida sino la expresión radicalmente rracional de una civilización en decadencia (tanto a nivel productivo omo político, cultural, ambiental, energético, etc.). Desde hace más de uatro décadas el capitalismo global con eje en los países centrales oporta una crisis crónica de sobreproducción, acumulando sobrecapacidad roductiva ante una demanda global que crecía pero cada vez menos, la roga financiera fue su tabla de salvación mejorando beneficios e mpulsando el consumo en los países ricos, aunque a largo plazo envenenó or completo al sistema.

Se ha puesto de moda achacarle la crisis a los llamados especuladores inancieros y según nos explican altos dirigentes políticos y expertos ediáticos las turbulencias llegarán a su fin cuando la “economía real” mponga su cultura productiva sometiendo a las reglas del buen apitalismo a las redes financieras hoy fuera de control. Sin embargo a ediados de la década actual en los Estados Unidos más del 40 % de los eneficios de las grandes corporaciones provenía de los negocios inancieros (2), en Europa la situación era similar, en China en el omento de mayor auge especulativo (fines de 2007) solo la burbuja ursátil movía fondos casi equivalentes al Producto Bruto Interno de ese aís (3) alimentada por empresarios privados y públicos, burócratas ncumbrados, profesionales, etc. No se trata por consiguiente de dos ctividades, una real y otra financiera, claramente diferenciadas sino e un solo conjunto heterogéneo, real de negocios. Es ese conjunto el ue ahora se está desinflando velozmente, implotando luego de haber legado a su máximo nivel de expansión posible en las condiciones istóricas concretas del mundo actual. Bajo la apariencia impuesta por os medios globales de comunicación de una implosión financiera fectando negativamente al conjunto de las actividades económicas (algo sí como una lluvia toxica atacando las verdes praderas) aparece la ealidad del sistema económico global como totalidad contrayéndose de anera caótica.
Señales

Las declaraciones de Soros y Volcker fueron realizadas unos pocos días ntes de que el gobierno norteamericano diera a conocer la cifras ficiales definitivas de la caída del Producto Bruto Interno en el ltimo trimestre de 2008 con respecto a igual período de 2007: la rimera estimación oficial que había fijado dicha caída en un 3,8 % esultó ser una burda mentira, ahora resulta que la contracción había legado al 6,2% (4), eso ya no es recesión sino depresión. Japón por su arte tuvo para el mismo período un descenso en su PBI del orden del 12
%, en enero de 2009 sus exportaciones cayeron 45 % en comparación con gual mes del año anterior (5), en Europa la situación es similar o tal ez peor, luego del derrumbe financiero de Islandia la amenaza de ancarrota económica en varios países de Europa del Este como Polonia{_V
IR_}
Hungría, Ucrania, Letonia, Lituania, etc., amenaza a su vez de manera irecta a las bancas acreedoras suiza y austríaca que podrían hundirse omo la de Islandia. Mientras tanto los grandes países industriales de a región como Alemania, Inglaterra o Francia van pasando de la recesión la depresión. Los pronósticos sobre China anuncian para 2009 una educción de su tasa de crecimiento a la mitad respecto de 2008, sus xportaciones de enero han sido 17,5 % inferiores de las de enero del ño anterior (6), este brusco deterioro del centro vital de su sistema conómico no tiene perspectivas de recuperación mientras dure la epresión global por lo que su ritmo de crecimiento general seguirá escendiendo.

Que Soros y Volcker abran la expectativa de un colapso del sistema conómico mundial no significa que el mismo se produzca de manera nevitable, después de todo una de las principales características de na decadencia civilizatoria como la que estamos presenciando es la xistencia de una profunda crisis de percepción en las elites ominantes, sin embargo la acumulación de datos económicos negativos y u proyección realista para los próximos meses nos están señalando que a gran catástrofe anunciada por ellos tiene muy altas probabilidades de ealización. A ese desenlace contribuyen la impotencia comprobada de los upuestos “factores de control” del sistema (gobiernos, bancos entrales, FMI, etc.) y la rigidez política del Imperio, por ejemplo mpliando la guerra en Afganistán preservando así el poder del Complejo
Industrial Militar, gigante parasitario cuyos gastos reales actuales
(aproximadamente algo más de un billón de dólares) equivale al 80 % del éficit fiscal de los Estados Unidos.

A estos síntomas económicos y políticos debemos agregar la crisis nergética y la alimentaria derivada de ella que seguramente volverán a anifestarse apenas se detenga el proceso deflacionario (y tal vez ntes), todo eso bajo un contexto de crisis ambiental que ha pasado a er un factor actual de crisis (ya no es más una amenaza casi intangible ocalizada en un futuro lejano). Y detrás de esas crisis parciales ncontramos la presencia de la crisis del sistema tecnológico moderno ncapaz de superar, en tanto componente motriz de la civilización urguesa, los bloqueos energéticos y ambientales creados por su esarrollo depredador.
Desintegración, implosión y desacople

La desintegración-implosión del sistema global no significa su ransformación en un conjunto de subsistemas capitalistas o bloques egionales con relaciones más o menos fuertes entre ellos, algunos rósperos, otros declinantes (la unipolaridad estadounidense onvirtiéndose en multipolaridad, “desacople” ordenado en torno de uevos o viejos polos capitalistas). La economía mundial está altamente ransnacionalizada, conforma una densa maraña de negocios productivos, omerciales y financieros que penetra profundamente en las llamadas
“estructuras nacionales”, inversiones y dependencias comerciales las tan de manera directa o indirecta a los núcleos decisivos del sistema lobal.

En términos generales para un país o una región la ruptura de sus lazos lobales o su debilitamiento significativo implica una enorme ruptura nterna, la desaparición de sectores económicos decisivos con las onsecuencias sociales y políticas que de ello se derivan. Además el istema global estaba hasta ahora organizado de manera jerárquica tanto n su aspecto económico como político-militar (unipolaridad) resultado el fin de la Guerra Fría y de la transformación de los Estados Unidos n el amo del planeta. No solo en el espacio de concentración de las ecisiones comerciales y financieras (eso ya ocurría desde hace más de eis décadas) sino también de las grandes decisiones políticas.

El hundimiento del centro del mundo (7) en medio (como detonador) de la epresión económica internacional significa el despliegue de una cadena lobal de crisis (económicas, políticas, sociales, etc.) de intensidad reciente.

Recientemente Zbigniew Brzezinski dejó a un costado sus tradicionales eflexiones sobre política internacional para alertar sobre la osibilidad de agravación de los conflictos sociales en los Estados
Unidos que podría según él derivar en una generalización de disturbios iolentos (8). Por su parte y desde una perspectiva ideológica opuesta
Michael Klare ha descripto el mapa de las protestas populares travesando todos los continentes, países ricos y pobres, del Norte y el Sur, iniciadas en 2008 como consecuencia de la crisis alimentaria en n amplio abanico de países periféricos pero que comienzan a esarrollarse globalmente en respuesta a la agravación de la depresión conómica (9): la multiplicación de crisis de gobernabilidad nos espera n el corto plazo.

La hipótesis de implosión capitalista abre el espacio para la reflexión la acción en torno del horizonte postcapitalista donde se mezclan iejas y nuevas ideas, ilusiones fracasadas y densos aprendizajes emocráticos del siglo XX, frenos conservadores legitimando ensayos eocapitalistas y visiones renovadas del mundo empujando grandes nnovaciones sociales.

Agonía de la modernidad burguesa con sus peligros de barbarie senil, ero ruptura de bloqueos ideológicos, de estructuras opresivas, speranza en la regeneración humanista de las relaciones sociales.
– Jorge Beinstein es economista argentino, docente de la Universidad de
Buenos Aires.
———————————–
(1), “Soros sees no bottom for world financial \’collapse\’ “,
Reuters.
Sat Feb 21, 2009. David Randall and Jane Merrick, “Brown flies to meet
President Obama for economy crisis talks”, The Independent , Sunday, 22
February 2009.
(2), US Economic Report for the President, 2008.
(3), En agosto de 2007 la capitalización de las bolsas chinas superaba l valor del Producto Bruto Interno del año 2006. Dong Zhixin, “China tock market capitalization tops GDP”, Chinadaily
(http://www.chinadaily.com.cn/china/2007-08/09/content_6019614.htm)
(4),Cotizalia.com, 27 febrero 2009, “El PIB de EEUUse hunde un 6,2 %en l cuarto trimestre”.
(5), BBC News, 25-2-2009, “Japan exports drop 45 % to new low”.
(6), “China\’s export down 17.5% in January”, Xinhua, 2009-02-11.
(7), Jorge Beinstein, “El hundimiento del centro del mundo. Estados
Unidos entre la recesión y el colapso”. Rebelión, 8-5-2008
(http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67099).
(8), “Brzezinski: ‘Hell, There Could Be Even Riots’ “, FinkelBlog –
20/02/2009 –
(http://finkelblog.com/index.php/2009/02/17/brzezinski-hell-there-could-be-een-riots).
(9), Michael Klare, “A planet at the brink?”, Asia times, 28 de febrero e 2009.

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Rostros de la crisis. Reflexiones sobre el colapso de la civilización burguesa

La crisis mundial apareció primero bajo la forma de una turbulencia financiera empujada por el desinfle de la burbuja inmobiliaria norteamericana, incluso inicialmente no faltaron opiniones de expertos (muy difundidas por los medios de comunicación) asegurando que la tormenta duraría poco dada la fortaleza general de los Estados Unidos y cuando los problemas aumentaron sin… ( Leia mais » )

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La marcha inexorable de la bancarrota capitalista mundial

El capitalismo se cae a pedazos. El producto bruto, en las naciones avanzadas, se está desmoronando en un 10 por ciento anualizado. En los últimos tres meses, los despidos en Estados Unidos han sido de 600 mil trabajadores por mes. La industria automotriz norteamericana se encuentra en vía de extinción: en Alemania se disputan las filiales que General Motors quiere liquidar para recaudar el dinero necesario para un improbable salvataje en Estados Unidos. Los desalojos, en ese país, ya han llegado a 1,8 millones de viviendas.

Detroit, Cleveland y otras ciudades industriales parecen diezmadas por una guerra. California, la séptima economía del mundo, se encuentra en ‘defol’; varios estados y municipios han comenzado a imprimir sus propios ‘patacones’ y ‘lecops’. En Gran Bretaña, el gobierno se apresta a nacionalizar la poderosa banca Lloyds. En España, los presumidos BBVA y Santander se han caído de los pedestales que les inventaron los medios apenas se descubrió lo que en otros países se sabe desde hace más de un año: que al lado de los bancos opera un sistema financiero en las sombras, montado por ellos mismos, que se encuentra fuera del alcance de la regulación estatal. Es así que dos fondos inmobiliarios han debido declarar un corralito por la imposibilidad de hacer frente al pedido de retiro de dinero de sus inversores. De repente, el ‘modernizado´ capitalismo español se encuentra donde nunca dejó de estar: en pelotas. En Francia ya se oyen los redobles de tambores, con sus Antillas en llamas y un ambiente de huelgas en la metrópoli que raja los muros. Otro inmunizado contra la crisis capitalista, Italia, acaba de descubrir que su nave de proa, Unicredit, “más europea que italiana” según sus alcahuetes, está por sucumbir al derrumbe de sus inversiones en Austria, la que a su vez se encuentra amenazada por sus inversiones en Europa oriental. Para salvar a la joya del fanfarrón Berlusconi, la diplomacia italiana ha tenido que recurrir a Libia, no sin antes hacer las reverencias correspondientes en las tiendas beduinas de Gadhafi. El paraíso sueco, que la gorda Carrió invoca como ejemplo para su infiel Argentina, le ha tenido que pedir al FMI que contenga las devaluaciones en los países del Báltico, para que no lleven a la tumba a la banca escandinava que ha copado aquellas plazas. Entre el derrumbe del rublo ruso, el zloty polaco y todas las otras monedas que sueñan con convertirse alguna vez en euros, es precisamente el euro el que está en capilla, estructuralmente aquejado por la incapacidad de los Estados del viejo continente para poner en marcha un plan de rescate común y por los diferentes ritmos y características de las crisis en sus diversas economías. De repente, las deudas públicas de esos Estados se han empezado a cotizar de la forma más disparatada, a pesar de que se negocia en la misma moneda y de contar con un Banco Central que debería operar como rescatista de última instancia. La insinuación de que Irlanda, un país del área euro, pediría el socorro del FMI cayó como una bomba nuclear en Bruselas, porque equivalía a admitir que el Banco Central Europeo estaba listo para ser colgado en el museo del Louvre. Por fin, las llamadas economías intermedias se hunden en forma implacable, como ocurre por ejemplo con Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Indonesia y, por último, la misma China, o en América Latina, México especialmente.

Resulta obvio, al cabo de un año y medio de planes de rescate de todo tipo, que la bancarrota capitalista se ha transformado en una crisis política. Es posible que sus estallidos comiencen por las naciones intermedias o de la Unión Europea, pero en ningún lugar se manifiesta más claramente que en Estados Unidos, cuando Obama aún no ha cumplido un mes de mandato. Aunque el presidente afroamericano anunció que la aprobación de su plan de impulso económico, de 800 mil millones de dólares, marcaba el “principio del fin” de la crisis, los acontecimientos que siguieron de inmediato indicarían que ni siquiera estaríamos en el ‘fin del comienzo’.

Es que el núcleo de la crisis sigue allí, como desde el primer día. La masa de los llamados ‘activos tóxicos’ continúa siempre en la cartera de los bancos, compañías de seguros y de inversoras de capital, y de los fondos creados a la sombra de ellos. Los llamados negocios derivados originados por estos pulpos suman unos 550 billones de dólares, o cuarenta veces la economía de los Estados Unidos. Algunos estiman que si se pudieran hacer las compensaciones entre negocios cruzados – lo cual simplemente podría demorar algunos años– , la resultante neta serían aún unos 20 a 30 billones de dólares de deudas incobrables. El envío a pérdidas de todas estas sumas llevaría a la quiebra a la mayor parte del capital mundial. Ningún capitalista quiere oficializar sus pérdidas vendiendo los títulos sin valor que tiene en su propiedad, por lo cual sobreviven con ayudas estatales o compras temporarias de los bancos centrales. En consecuencia, el sistema económico está parado porque el Bank of America, el Citigroup, el Lloyds, el Barclays y tantos otros están que-bra-dos. Ponerle el cascabel a este gato significa nacionalizar a todos estos bancos, y a partir de esto aun a aquellos que no están quebrados, para proceder a una liquidación ordenada de todos los créditos y deudas que no se pueden saldar. Todo lo que parecía sólido se ha desvanecido en el aire.

El plan de relanzamiento económico de Obama, que acaba de aprobar el Congreso norteño, no encara esta situación: se trata de un plan de gastos y de rebaja de impuestos por apenas el 5,5% del PBI norteamericano para los próximos diez años, aunque el 80% de él se consumirá en dos años. Para resolver la cuestión bancaria, Obama ha insinuado otra cosa: la creación de los llamados ‘bancos malos’, que recogerían todo aquello en poder de los bancos que no vale nada. El problema es el siguiente: para que los bancos que queden limpios de estos activos puedan funcionar, necesitarán que se les pague por los activos invendibles un precio que les permita pagar las deudas con las que financiaron las compras de esos ‘activos tóxicos’. Pero pagar mucho por lo que no vale nada, simplemente provocaría la quiebra de quien lo haga, en este caso el Estado. Por eso Obama ha insinuado el propósito de que la compra de esos activos la haga una asociación pública-privada, pero la viabilidad de este proyecto es que se pague muy poco por los activos, lo cual sería un gran negocio para los que financiarían la formación de los ‘bancos malos’. Pero cotizar a esos ‘activos’ como una pichincha decretaría la quiebra de los ‘bancos buenos’, que recibirían muy poco dinero o liquidez para saldar sus deudas. El equilibrio entre lo que necesitan los bancos con ‘activos tóxicos’, de un lado, y lo que puede pagar el Estado por esos activos, por el otro, sin arruinar las finanzas públicas, o lo que les convenga pagar a los capitales privados dispuestos a negociar esos ‘activos’ con posterioridad, es simplemente imposible determinarlo a priori. Por otra parte, ya se sabe que la mayor parte de los bancos están quebrados, por mejor que sea la oferta que se haga por sus ‘activos’. La solución de este problema pasaría por la nacionalización general de los bancos, pero esto transfiere a la política, o sea al Estado, la tarea de arbitrar las pérdidas y confiscaciones que, de cualquier modo, o invariablemente, deberá sufrir el capital, tan
to el pequeño como el más grande. Suponer que el Estado puede sacar al capital indemne de la crisis es propio del que no entiende una jota de la economía política del capital y de la tendencia a su propia disolución. Pero la sola perspectiva de una nacionalización está a punto de quebrar al ‘establishment’ norteamericano. Esta es la crisis política de Obama.
¿Hace falta decir que la nacionalización de los bancos no es ninguna solución? Por una parte, una nacionalización de la banca norteamericana rompe todo el tejido financiero internacional, porque obliga a los otros Estados a tomar medidas similares para poner a sus Tesoros nacionales al servicio de esta nueva competencia bancaria internacional entre bancos que cuentan con capital y financiación estatal. El mercado mundial se transformaría en un terreno de pugna directa entre Estados, lo cual es lo más cercano a una nueva guerra. Por otro lado, una nacionalización de bancos quebrados amenazaría con la quiebra a las finanzas públicas y obligaría al Estado a operar con empréstitos forzosos. Por fin, incluso una banca estatal sería incapaz de mover a la economía si del otro lado no se moviera la demanda por medio de inversiones a cargo de los capitalistas. Es extremadamente difícil, sin embargo, que los capitalistas arriesguen sus capitales en empresas financiadas por el Estado; si operaran sin capital retrocederían a la condición de meros comisionistas del Estado. Una banca nacionalizada en las grandes naciones industriales necesitaría la nacionalización de las inversiones en la industria y la obra pública, lo cual pondría al Estado en las dos puntas del proceso económico, o sea sin la mediación de los capitalistas. Esto es teóricamente posible pero prácticamente inviable, por la simple razón de que la línea de separación entre el capitalismo y el socialismo se haría muy tenue: dependería de quién dirige ese Estado, si los capitalistas o los obreros, y no – como es ahora – que entre un régimen social y el otro hay una densa valla de relaciones sociales que abarcan diversos grados y estratificaciones, que se superponen sobre la relación entre el capital y el trabajo y oscurecen su visibilidad.

La ruptura del presente impasse la impondrá la subsiguiente marcha de la crisis y, en especial, la presión popular, que está tomando forma y fuerza en todo el mundo. La caída de las Bolsas a nuevos pisos es el síntoma de que el capital exige, por un lado, que el Estado lance un plan de rescate masivo, aunque para ello tenga que separar a algunas ovejas negras que están definitivamente condenadas y, por otro lado, si esto es inviable o alargara aún más el proceso de quiebras, que el Estado haga una declaración oficial de quiebra bancaria y proceda a la nacionalización. En lo referente a la presión popular, las continuas apariciones públicas de Obama a lo largo y ancho de Estados Unidos, están mostrando la amplitud de la deliberación que va ganando a las masas. En otros países ya hay huelgas importantes y movimientos de protesta masivos. La nacionalización de los bancos en Europa sólo puede proceder por países y acabaría poniendo a los más débiles bajo la férula de los más fuertes.

Es muy claro que el proletariado, a partir de la lucha que tendrá que encarar, deberá comprender que la salida pasa por presentarse como alternativa de poder – lo cual requiere programas, partidos y organizaciones de masas revolucionarias.

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Acople depresivo global (radicalización de la crisis)

A comienzos de 2007 fue Alan Greenspan (por entonces ya había abandonado la presidencia de la Reserva Federal) quien dio el alerta acerca de la próxima llegada de la recesión en los Estados Unidos, la profecía se cumplió hacia el fin de ese año. Ahora ha sido Gordon Brown, primer ministro de Inglaterra el que ante la Cámara de los Comunes a comienzos de febrero de 2009, en plena recesión, anunció la llegada de la depresión global. Como era de esperarse la palabra maldita fue rápidamente desmentida oficialmente que la atribuyo a una “gaffe” (1), una expresión involuntaria de Brown, pero el tema quedo instalado precedido por un cierto número de comentarios y artículos de especialistas coincidentes con esa afirmación. Casi al mismo tiempo el presidente de Francia, Nicolás Sarkozi, califico a la crisis como “la peor desde hace un siglo” y en su conferencia de prensa del 9 de febrero Barak Obama coincidió con esas visiones “catastrofistas” (realistas).
2009 aparece como el-año-de-todos-los-peligros, es muy difícil pronosticar el ritmo de la crisis en curso sobre todo porque no tiene precedentes en la historia del capitalismo; su carácter sistémico, su pluralidad (económica, energética, militar, institucional, tecnológica, ambiental, ideológica) y las interrelaciones entre sus diversas componentes le confieren un comportamiento errático, casi (pero no totalmente) impredecible.

De todos modos un conjunto de indicadores nos están señalando que el acople recesivo global que se fue desarrollando durante 2008 está ahora ingresando en una nueva etapa caracterizada por grandes caídas productivas y aumentos de la desocupación en los países centrales y en la mayor parte de la periferia. Se trata de la instalación de un acople depresivo global avanzando ante la impotencia de los gobiernos de los países ricos que constatan como las lluvias de millones de millones de dólares, euros, etc., arrojados sobre sus mercados no consiguen frenar la avalancha.

Al igual que en el comienzo de la etapa anterior el motor de la crisis se encuentra en los Estados Unidos donde durante el último trimestre de 2008 y en el comienzo de 2009 aparecieron datos alarmantes anunciando la inminente llegada de la depresión.

En el cuatro trimestre de 2008 el Producto Bruto Interno promedio cayó a una tasa anual de 3,8% (si descontamos la acumulación de inventarios la caída supera el 5%), la producción industrial bajó 11 %, el consumo de bienes durables 22 %, el de bienes no durables 7 % y las exportaciones 22 %, las informaciones disponibles del primer mes de 2009 (consumo, desocupación, cotizaciones bursátiles, algunos sectores industriales decisivos como el del automóvil, etc.) indican que la tendencia recesiva se profundiza. A las caídas en la producción y el consumo se agrega el rápido aumento del ahorro personal, impulsado por el temor a la desocupación y a la pérdida de ingresos, que reducirá aún más el consumo lo que a su vez empujará hacia abajo a la producción industrial. A lo largo de 2008 se puso en marcha el clásico círculo vicioso recesivo donde el consumo, la producción y la inversión interactúan negativamente: la recesión provoca más y más recesión. Se ha producido un rápido empobrecimiento del grueso de la población, en algunos casos se trata de pérdidas de riquezas ilusorias como lo fue el aumento burbujeante de acciones y valores inmobiliarios que impulsaban el consumo de sus beneficiarios y en otros de pérdidas reales de empleos, salarios y viviendas.

Dos informaciones pueden ser útiles para evaluar la magnitud del desastre, la primera referida a la contracción de la riqueza provocada por el colapso financiero. La llamada riqueza neta de la población norteamericana (valor de las propiedades, acciones, etc., menos deudas) había descendido a comienzos de 2009 en unos 14 billones (millones de millones) de dólares corrientes respecto del valor promedio de 2007, cifra equivalente al Producto Bruto Interno de los Estados Unidos (2).

La segunda información nos ilustra sobre el impacto social de la crisis, la desocupación “oficial”, es decir la registrada de ese modo por el gobierno, creció gradualmente a lo largo de 2007 y se aceleró desde mediados de 2008, en octubre incluía a más de 10 millones de personas, en diciembre superaba 11 millones (7,2% de la población económicamente activa). Sin embargo esa cifra subestima el problema porque a los 11,1 millones de desocupados oficiales de diciembre de 2008 (3,6 millones más que en diciembre de 2007) es necesario agregar 2,6 millones de desocupados de “larga duración” (con 27 semanas o más sin empleo), ese sector aumento en 1,3 millones de personas durante 2008, por otra parte los trabajadores precarios llegaban a unos 8 millones (eran 4 millones 600 mil un año antes). Sumando desocupados oficiales. crónicos y trabajadores precarios se llega en diciembre de 2008 a casi 22 millones de personas, eran 13 millones 500 mil un año antes (3); se trata del salto al vacío de más de 8 millones de personas.

Insolvencia y aceleración de la crisis

Los principales indicadores económicos y sociales nos señalan que la crisis se acelera y que el aumento de ritmo apunta hacia una gran salto cualitativo, un hundimiento catastrófico de la economía norteamericana que seguramente arrastrará al conjunto del sistema global.

El Producto Bruto Interno real creció a una tasa anual del 3,3 % en el segundo trimestre de 2008, tuvo una leve cifra negativa en el tercero (-0,5%) y cayó con fuerza en el cuarto (-3,8%).

La producción industrial aceleró su descenso a lo largo del año pasado, el índice promedio del segundo trimestre cayo 0.9 % respecto del primero, el del tercero bajó 2,3 % respecto del segundo y el de cuarto trimestre descendió 3 % (4).

El consumo personal que se había mantenido estancado en términos reales durante los primeros meses de 2008 inició un persistente descenso en el segundo semestre que tiende a acentuarse a comienzos de 2009 (5).

A lo largo de 2007 y hasta abril de 2008 la masa de desocupados oficiales presentaba una curva ascendente suave, pero en mayo pego un salto del orden del 11 % a partir de allí el crecimiento de la desocupación se aceleró, en los cinco trimestres que van entre enero de 2007 y marzo de 2008 la tasa trimestral promedio de incremento del volumen de desocupados nunca superó el 1,5 %, pero en el tercer trimestre de 2008 subió al 3,5 % y el el cuatro al 5 %. En diciembre de 2008 se produjeron 630 mil nuevos desocupados netos, en enero de 2008 se repitió aproximadamente dicha cifra (6).

El índice de precios de las viviendas desciende a velocidad creciente desde mediados de 2008, 10 % de caída a lo largo de todo 2008 (7).

En los 12 meses que van entre octubre de 2007 y mediados de septiembre de 2008 la capitalización bursátil norteamericana descendió unos cuatro billones (millones de millones) de dólares, pero solo en los cuatro meses siguientes descendió en un cifra similar, la baja mensual promedio pasó entonces de 333 mil millones de dólares para el primer período a un billón de dólares para el segundo (casi 7 % del PBI por mes) (8). En fin, la tasa de ahorro respecto del ingreso personal disponible que se había mantenido próxima de cero en los últimos años pasó del 1,2 % en
el tercer trimestre de 2008 a 2,9 % en el cuarto trimestre y existe consenso entre los pronósticos conocidos para situarla en torno del 5 % antes de fin de año acentuando así la retracción del consumo (9).

Si la tendencia a la aceleración de la caída económica no puede ser frenada todo parece indicar que 2009 se producirá la Gran Depresión, mucho más grande que la de los años 1930.

Desde que se produjo el colapso financiero de mediados de septiembre del año pasado el gobierno (Bush y luego Obama) ha tratado de suavizar la caída a través de millonarios subsidios a los bancos primero y después a industrias clave como la automotriz y finalmente a los consumidores. Sin embargo estas inyecciones de fondos que aumentan peligrosamente la deuda y el déficit público no han conseguido el objetivo buscado, ha sido así porque detrás de la crisis de liquidez, de la falta de crédito, se encuentra el fenómeno de sobre endeudamiento publico y sobre todo privado que ha colocado a numerosas empresas y a una enorme masa de consumidores en la insolvencia o al borde de la misma. Eso no se arregla inyectando dinero en el mercado, con esas intervenciones se producen algunos alivios pasajeros que evitan uno que otro derrumbe, postergan un poco la depresión sin poder impedir su llegada. A su vez la insolvencia y el sobre endeudamiento son el resultado de una prolongada decadencia productiva asociada al ascenso del parasitismo financiero de aproximadamente cuatro décadas de duración, es el conjunto del sistema lo que ha entrado en crisis.
Trampa global

Al igual que en el período recesivo (2008) no existe ninguna posibilidad de desacople, la articulación comercial, productiva y financiera de la economía mundial opera como una gigantesca trampa de la que nadie puede escapar. Habrá que esperar a que el tiempo (la prolongación de la crisis) genere factores de desarticulación, de fractura capaces de quebrar la unidad del sistema, para que ello ocurra debería producirse una quiebra duradera del comercio y de la trama monetaria internacional (queda abierta la reflexión acerca de la posibilidades de supervivencia del capitalismo como cultura universal si eso llegara a ocurrir).

Por ahora el hundimiento es general, la mayor parte de los países europeos están pasando de la recesión a la depresión, Japón sigue el mismo camino. China transita hacia una fuerte baja en su tasa de crecimiento del PBI, algunos pronósticos la sitúan en torno del 6 % para 2009 con consecuencias económicas y sociales equivalentes a una recesión, Brasil y Rusia ya se han acoplado al desinfle global, la Organización Internacional del Trabajo acaba de presentar un escenario para 2009 que incluye cincuenta millones de desocupados adicionales (10).
Depresión psicológica

La depresión económica viene precedida por una ola de depresión psicológica que luego de algunos primeros pasos tímidos en medio de la recesión de 2008 se expande actualmente a toda velocidad entre las elites dominantes del mundo, el pesimismo se está adueñando del universo cultural del capitalismo, sus ilusiones de dominación imperial del mundo se van disolviendo en el océano de la crisis. Ese clima fue bien expresado en su momento inicial por Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Internacionales de los Estados Unidos, cuando en un articulo publicado en Mayo de 2008 señalaba el fin de la hegemonía global norteamericana y el nacimiento de un mundo crecientemente despolarizado (11), es decir el principio del fin de la plurisecular y compleja construcción colonial de Occidente. Hacia mediados de diciembre James Rickards, figura clave del aparato de inteligencia norteamericano presentó un informe auspiciado por la U.S. Navy plagado de pronósticos siniestros: desde el derrumbe del dólar y de los títulos públicos norteamericanos hasta reducciones del Producto Bruto Interno del orden del 30 % en los próximos cinco años y tasas de desocupación similares a las de los años 1930 (12). Finalmente el último encuentro de Davos, en otros tiempos reunión estelar de la cumbre de la globalización neoliberal, estuvo dominado por las constataciones de impotencia ante una crisis avasalladora, empresarios transnacionales y dirigentes de las grandes potencias lloraron sobre los restos de un mundo que llegaron a creer eterno.

Este acople mundial del pesimismo ideológico y la depresión económica podría ser visto en una primera aproximación al tema como el principio del fin de la post guerra fría, período de dos décadas de duración marcado por la dominación global de los Estados Unidos, un auge sin precedentes de la especulación financiera y una integración transnacional muy avanzada de los sistemas productivos, también podría ser descripto como era neoliberal enterradora del keynesianismo, del estatismo burgués desarrollista. Sin embargo esas serían interpretaciones muy limitadas, carentes de una visión histórica más amplia ya que el llamado neoliberalismo no fue otra cosa que el discurso triunfalista de la degeneración financiera, parasitaria del capitalismo keynesiano. En los Estados Unidos el estado militarista e interventor nunca se retiró de la escena y en las otras grandes potencias la intervención voluntarista del Estado estuvo siempre presente aunque al servicio de un capitalismo globalizado y financierizado cuya dinámica terminó por desquiciar, corromper profundamente a los sistemas institucionales en los que se apoyaba. Es toda la historia del capitalismo (sus grandes paradigmas científicos y tecnológicos, su estilo de consumo, sus sistemas productivos, su cultura imperial) lo que ahora está comenzando a navegar a la deriva.

14 de febrero de 2009orgebeinstein@yahoo.com

Notas
(1), Philip Webster, “Comment: Brown on depression – a gaffe and that\’s official”, Times Online, February 4, 2009.
(2), Federal Reserve Statistical Release, Flow of Funds Account in United States y estimaciones propias..
(3), U.S. Bureau of Labor Statistics, “The employment situation: December 2008”.
(4), Federal Reserva Statistical Release, Industrial Production and Capacity Utilization.
(5), Bureau of Economic Analysis, National Economic Accounts, Real Personal Consumption Expenditures.
(6), U.S. Bureau of Labor Statistics-
(7), House Price Index, OFHEO, U.S. Office of Federal Housing Entreprise Oversight.
(8), World Federation of Exchanges.
(9), Personal Saving Rate, U.S. Bureau of Economic Analysis, National Economic Accounts.
(10), “Global jobs losses could hit 51 m”, BBC News, 2009-01-28.
(11), Richard Haass, “The Age of Nonpolarity. What Will Follow U.S. Dominance”, Foreign Affairs, May/June 2008.
(12), Eamon Javers, “Four really, really bad scenarios”, Politico.com, 17 de diciembre de 2008.

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Crisis mundial: En la antesala de una gran depresión

En los días que corren, el sistema financiero internacional, incluido el régimen estatal, ha dado un largo paso hacia el abismo. Las dos entidades principales de préstamos hipotecarios de Estados Unidos, Fannie Mae y Freddie Mac, han caído en la insolvencia; las hipotecas que tienen en su poder valen menos que las deudas que acumularon para financiarlas. Lo curioso es que fueron creadas -una en la década del \’30, la otra en los \’50-, para rescatar a Estados Unidos de la Gran Depresión mediante un enérgico plan de construcción de viviendas. Ahora el gobierno norteamericano enfrenta la necesidad de rescatarlas a ellas. Otra \’curiosidad\’: hace sólo unos pocos meses atrás, las dos entidades eran mencionadas como las herramientas que podrían rescatar a los bancos amenazados de bancarrota debido al derrumbe de sus créditos hipotecarios. Nada ilustra mejor, como la insolvencia de estos bancos, los retortijones de la crisis mundial y la fenomenal confusión de los encargados de lidiar con ella.

Supervisados sin control

Fannie Mae y Freddie Mac tienen la peculiaridad de ser bancos privados, aunque creados por ley. Los dueños son sus accionistas, pero cuenta con un respaldo estatal que se supone ilimitado. En consecuencia se encuentran, por un lado, extremadamente regulados y, por el otro, cuentan con piedra libre para hacer cualquier cosa porque los banca el Estado. En esta última capacidad han acumulado una deuda de alrededor de 5 billones 500 mil millones de dólares (nada menos que la mitad de todo el mercado hipotecario norteamericano), con un capital que no supera los 70.000 millones – o sea el 1,5% de su balance. Como los créditos y garantías financiadas por aquella deuda han caído estrepitosamente, se encuentran técnicamente quebrados. No sorprende que el valor de sus acciones se haya desplomado un 90% en el último año. Las \’mellizas\’ en cuestión no valen literalmente nada, lo cual entraña la amenaza de quiebra para todos los tenedores de su deuda. Dada la magnitud en juego, no haría falta nada más para decretar el cese del movimiento financiero internacional. Las hipotecas en poder de las \’mellizas\’ no son, sin embargo, aquellas calificadas de \’basura\’ o de \’baja calidad\’, sino las más solventes del mercado. Esto da una idea del derrumbe del crédito hipotecario en Estados Unidos.

La \’saga\’ de las dos F resulta aún más apasionante, porque una gran porción de la deuda se encuentra fuera de Estados Unidos, más precisamente en Japón y en China, por una suma de 1 billón 300 mil millones de dólares. Una tajada enorme del famoso superávit comercial de estos dos colosos se encuentra enterrado en las \’mellizas\’. ¿Habrá alguien que aún recuerde la versión de que las economías de Estados Unidos y China se encontraban \’desacopladas\’? Si el Tesoro norteamericano o su banco central mandaran a las dos F a un concurso de acreedores, tendríamos enseguida un terremoto financiero en toda Asia. Algunos conocedores del mercado dicen que esa deuda se encuentra en manos de “inversores sofisticados”, otros aseguran que está en poder de los bancos centrales. Ya nos vamos a enterar.

Yanquis sin \’investment grade\’

La remanida frase de que “son muy grandes para dejarlas caer” no engaña a nadie. La deuda de las \’mellizas\’ supera a la del Tesoro norteamericano, que es un billón inferior – de 4 billones 500 mil millones de dólares. Ni siquiera el estado norteamericano se podría hacer cargo del muerto. Esto entraña la posibilidad de una reducción de la calificación de la deuda pública de Estados Unidos -lo cual la haría perder su condición única de refugio universal del capital mundial. Ya mismo, la deuda de las dos hipotecarias se está negociando cerca de dos puntos por encima de la deuda del Tesoro, o sea al 6% contra el 4%, a pesar de que ambas tienen garantía del Estado. Esa brecha en la tasa de interés de F y F respecto a la del Tesoro significa que su deuda vale ya en el mercado un 10% menos que su registro en los libros: una pérdida de alrededor de 600.000 millones de dólares. Para ponerla en contexto digamos que es igual al total de las pérdidas registradas por el sistema bancario desde que comenzó la presente crisis, en julio de 2007.

La orientación del gobierno Bush es salvar a las mellizas inyectando fondos públicos del presupuesto, a medida de las necesidades, además de ofrecerle la ventanilla de crédito que creó el Banco Central para el conjunto de los bancos. Mientras tanto, las hipotecarias deberían gestionar un desendeudamiento, o sea reduciendo a cero la renovación de créditos y destinando el ingreso de los que están en circulación a cancelar las obligaciones con los acreedores. Esto entrañaría, sin embargo, una contracción del crédito lo suficientemente enorme como para hundir a la economía en la depresión. Pero tampoco la capacidad del gobierno y del banco central es ilimitada; por eso algunos sugieren la nacionalización, lo cual convertiría al gobierno del \’libre mercado\’ en la mayor inmobiliaria de la historia mundial, pero por sobre todo convertiría en \’bonos basura\’ al conjunto de la deuda pública norteamericana. Para otros, en cambio, la consigna es: \’traigamos a Lavagna\’. En este caso, Kirchner asistiría, en el ocaso de su poder, a un intento del próximo gobierno estadounidense de renegociar la deuda de las \’mellizas\’ con una quita a determinar de elevadas proporciones. La crisis financiera ha golpeado el centro nervioso del sistema de crédito de la principal potencia capitalista del planeta.

La inyección \’ilimitada\’ de dólares y libras para rescatar \’todo lo que no puede caer\’ a los bancos ha lanzado por la borda al dólar, que ya venía en picada desde 2003. En este contexto, las sucesivas decisiones de parte del Banco Central Europeo de subir la tasa de interés han sido interpretadas como una extorsión a la Reserva Federal norteamericana para que contenga la emisión de moneda y evite el derrumbe del dólar y la hiperinflación. Pero el BCE no puede continuar apretando el torniquete porque el ciclo de endeudamiento en Europa ha llegado al final y ahora comienzan las noticias de quebrantos de carácter más general, como ha comenzado a ocurrir en España.

Cine continuado

De todos modos, siempre hay materia para consolarse, porque la crisis bancaria prosigue sin respiro. Acaba de presentar el concurso Indymac, con activos de 35 mil millones de dólares, que se comerá nada menos que el 10% de los recursos del Fondo de Garantía de los depósitos que cuentan con seguro; lo mismo está por ocurrir con una entidad mayor, Universal Mutual, y en la lista hay unos 300 bancos de porte mediano. Lo mismo le espera a bancos muchos mayores, como el Lehman Brothers, el Wachovia y el Citibank, cuyas acciones no paran de caer. Es decir que la banca central no ha logrado confinar el derrumbe de los bancos privados luego de sus operaciones de rescate, desde marzo pasado, cuando ya se le presenta el desafío mayor de las \’mellizas\’.

Algunos economistas han empezado a registrar una neta tendencia deflacionaria como consecuencia del derrumbe del crédito: por primera vez en 40 años la creación de crédito ha sido negativa en Estados Unidos. “Mediciones claves de dólares en circulación, cuentas corrientes, y cuentas de ahorro (M1 y M2) se han ido contrayendo por varios meses. Un disminución dramática del crecimiento en los agregados M4 de Gran Bretaña (incluye depósitos y colocaciones a plazos) está haciendo sonar las campanas de alarm
a”. Para otros “las condiciones de crédito son ahora las peores desde la Gran Depresión; la liquidación del crédito ha comenzado”. Que esto ocurra cuando los bancos centrales han abierto sin límites las canillas de la emisión monetaria para rescatar a los bancos en quiebra, muestra hasta qué grado el dinero no refluye sobre el comercio y la producción, y marca con ello el comienzo de una depresión y de una generalización de la quiebra de bancos.

La deflación monetaria

Varios comentaristas señalan que el atesoramiento típico de la depresión se manifiesta en la acumulación de contratos en el mercado del petróleo, el cual funcionaría como ocurrió con el oro en la crisis del \’30, cuando su cotización se disparó y obligó a la devaluación de numerosas divisas. Pero el petróleo es una materia prima de uso mucho más extendido que el oro en la producción industrial; permitir que su cotización se siga disparando provocaría un derrumbe planetario. La especulación con el petróleo y con las materias primas ni siquiera necesita del lubricante del dinero, porque se realiza \’al descubierto\’, sobre la base de promesas que requieren un mínimo respaldo. Por eso no sería suficiente (como no lo está siendo) un aumento de tasas de interés para frenar la especulación, pero ese aumento podría mandar a la lona a todos aquellos que no pueden hacer frente a sus deudas -sean hipotecarias, de consumo o comerciales. Dos colosos están en la mira del desplome: General Motors y General Electric. España se ha unido al pelotón de las naciones que hacen frente al derrumbe de inmobiliarias y bancos; lo mismo vale para Gran Bretaña y para Irlanda. Italia, Alemania y Francia enfrentan ya índices de recesión.

Es una verdadera torpeza criolla, propia del provincialismo de la burguesía local, seguir guitarreando la copla de que “el mundo nos necesita” o “tenemos demanda de soja por otra década”; ni qué decir del embobamiento de Lozano, Macaluse, Mario Cafiero y el PCR con el desarrollo de la \’burguesía rural\’. En menos de lo que canta un gallo pasaremos de las \’retenciones-a-los-precios-altos\’ a los \’precios-sostén-para-salvar-a-las-economías-regionales\’. La crisis mundial pone en cuestión todas las conquistas del capitalismo mundial en las últimas dos décadas, en primer lugar la restauración capitalista en la ex URSS y en China, y al propio capitalismo mundial.

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