Reseña técnica literaria Libro: Suzy y las ¿”maravillas”? del mundo-dinero

                El economista holandés radicado en Costa Rica, Wim Dierckxsens, dedica, no sin razón, este volumen a su nieta.  En efecto, los personajes de Suzy y Opa son el vértice dialógico en torno del cual se desarrolla una mixtura que va del asombro de la niña al crecimiento paulatino de su conciencia social y de su conocimiento económico a partir de los diálogos con el abuelo.

                La realidad dialéctica se plantea desde el principio, pues la protagonista entra en contacto con las contradicciones del mundo moderno y, al descubrir el desequilibrio del orden en su entorno, escribe a su abuelo, quien empieza a guiarla en la explicación de la realidad, la lleva de la mano en las consecuencias inmediatas y mediatas que conlleva intentar su sostenimiento y la hace concluir modos de “enderezar” un mundo al revés.

                Descubrir “el mundo al revés” en el que prima la exaltación del consumo es una rara revelación, que se logra solo a través de la apreciación de las contradicciones que dicho mundo entraña.  Se trabaja por dinero, pero este no conduce al disfrute de la vida.  Las contradicciones no operan solo objetivamente, como cuando le ocurre un infarto a su tío por exceso de trabajo, sino también de un modo subjetivo: al confrontar la realidad consigo misma, la niña se dice, al descubrir que le gustan los regalos que se adquieren con dinero trabajado por otros, aunque no haga nada después con ellos: “Hipócrita, eres una hipócrita”. 

                Inquieta, la niña descubre que hay quienes tienen menos y disfrutan más; pero, ¿por qué la gente parece vivir para trabajar y no al contrario?

                Recurre a su abuelo Opa, hombre de mucha experiencia con quien se cartea.  Este la felicita por sus dudas, y la invita a ponerse unos “lentes mágicos”, afortunado recurso planteado en el escrito.  Por medio de esos lentes, Suzy podía contemplar y ver traslucirse un mundo en que los medios para obtener otros medios no fueran la única razón del trabajo ni de la vida.  Con sencilla maestría, pasa el razonamiento de lo particular a lo general, con abundancia de analogías, comparaciones y contrastes que se pueden apreciar mejor al quitarse y ponerse estos “lentes”.  Se trata de un recurso crítico, y al mismo tiempo propositivo.  Con ellos, Suzy descubre no solo las contradicciones del trabajo (especialmente aquella que establece que la actividad que no produzca dinero no puede considerarse “trabajo”) sino también de cómo las necesidades del consumo se crean artificialmente para consumir aún más; cómo estas contradicciones se reflejan en la vida social (como en la discriminación contra la mujer o los inmigrantes) y en la opresión de unos seres humanos sobre otros.

                Estos efectos concretos, a su vez, llevan a la discusión sobre sus causas y sus implicaciones.  Manteniendo siempre el recurso contrastivo-didáctico, la vista de factores de su propia realidad hacen que Suzy se mantenga en contacto dialéctico con su abuelo.  Este la ayuda a abrirse paso en el enmarañado mundo de la economía, no sin sugerirle que “deje los lentes”, porque el ejercicio crítico ya había hecho madurar su perspicacia lo suficiente.  De este modo, el diálogo epistolar franco, amoroso y directo, no solo muestra, sino que concatena los fenómenos de la economía monetaria y sus relaciones con la producción, y la relación de esta con el avance tecnológico y cómo este no puede sostenerse eternamente por sus altos costos.  El símil del “casino” para referirse a la bolsa de valores es especialmente interesante, pues cuando las ganancias disminuyen por el consumo, quieren mantenerse artificialmente a través de la especulación, cosa que, a la larga, produce una burbuja que revienta, debido a que el agotamiento del mercado ya no permite el crecimiento de las acciones de la bolsa, las cuales, compradas a preciso meteóricos caen a precios irrisorios y provocan la ruina de sus poseedores, que las adquirieron con dinero prestado por bancos que, a su vez, no pueden recuperarlo, provocando su caída y una crisis financiera como la que se vive en la actualidad.

                Otros símil magníficamente manejado es el de los “vampiros”, sobre todo cuando se refiere a las grandes empresas que chupan la sangre de sus trabajadores al pagarles menos, sobre todo si son inmigrantes; cómo las empresas tecnológicas sorben la sangre de las empresas productivas que, obligadas por la trepidancia del sistema, deben adquirir tecnología para abaratar costos hasta que esta misma tecnología se hace impagable; cómo la economía de consumo acelerado y de productos de corta duración cada vez demanda más y más recursos naturales, chupando la sangre del planeta, cómo las economías nacionales son absorbidas por las transnacionales y cómo, llegado el momento, puede ocurrir que el mundo, ya tenso por estas demandas provenientes de los polos productivo y especulativo, entre al borde del colapso a través de una guerra de impredecibles consecuencias.

                Mas la situación crítica planteada por las contradicciones de la economía monetaria no necesariamente debe terminar en una debacle, pues el diálogo nieta-abuelo convierte a la misma niña en agente de la transformación del mundo, siembra en ella una actitud de rebeldía y de proposición hacia una sociedad y un mundo mejor.  Se trata de un diálogo que dura algunos años, entre la infancia y el inicio de la pubertad, o sea, entre el descubrimiento de las contradicciones del mundo y los primeros actos conscientes para transformarlo.  En la etapa de la transformación, Suzy descubre, de la mano de Opa, no solo su ánimo para hacerlo, sino que hay otras personas, como Guillermo, que están dispuestas a ayudarla en ello.  Así, hay también un descubrimiento de acción comunitaria, el cual, para alentarla más, no solo es inquietud surgida en ella, sino que viene de tiempos en que la humanidad se hizo cuestionamientos similares y propuso alternativas resumidas en el diálogo, como el “estado benefactor” y el socialismo.  Se trata, en ambos casos, de intentos de humanizar la economía, pero una frase maravillosa sirve de corolario al primero: “Un vampirismo más decente, pero vampirismo al fin” (p. 80); y con respecto al socialismo, “el Estado organizó toda la economía en nombre del pueblo, pero sin involucrar al pueblo (p.78).

                El diálogo desemboca en una crítica sobre la crisis financiera actual, en la que los bancos son salvados por los Estados para que estos, a su vez, y sin dinero, se conviertan en vasallos de los bancos.  Se trata de un vasallaje al dinero que no solo es personal, como ocurre con el trabajo particular orientado al dinero para el consumo per se, sino de naciones enteras frente a organizaciones financieras, las cuales les exigen recortes en gastos educativos, sociales y de salud para mantenerles la deuda como un dogal, que aprieta más el nudo, pero sin terminar de asfixiar.

                La jovencita Suzy pregunta al abuelo qué podría hacerse al respecto.  Este le comenta que controlar la velocidad de la innovación tecnológica podría ayudar a disminuir el consumo y, por lo tanto, a gastar menos y usar menos recursos naturales, pero ello atentaría contra la economía financiera y requeriría que todos los países del mundo regularan la velocidad de la innovación.  Los países del Sur desempeñarán en ello un rol importante, pues al aumentar la demanda de materias primas, estas suben de precio y obligan a que los consumidores del norte desaceleren su avance tecnológico ante la necesidad de ahorrar dinero en la adquisición de tales recursos, con lo que los productos industriales alargarían su vida útil (mejorarían su calidad), deberán ser de más uso colectivo y disminuiría la explotación del ambiente y la contaminación.  Esto requiere de una acción coordinada de las naciones del Sur (que en América Latina se expresa en la UNASUR) y que con el tiempo, la disminución del consumo traería aparejada una mejoría en la calidad de vida de las personas, un ambiente más sano, una sociedad más igualitaria y una producción “para la vida” y no “para hacer dinero”.  Se estudiaría para ser más humanos, y no solo para trabajar (p. 80).

 

Aproximación crítica:  “Suzy”, antes que una novela, es más bien un “ensayo novelado.” Escrito para niños en edad entre 10 y 12 años, usa un lenguaje que apela, con buen éxito, al recurso analógico, comparativo, anecdótico incluso, para abordar el espinoso tema de la economía actual, su crisis y sus posibilidades de solución.  Como la temática es variable, contrastiva, ascendente en complejidad, si es leído en las escuelas, quizás sea necesaria la participación del maestro; y si lo es en las casas, con la de los padres.  Esto no es una desventaja, pues convierte al libro en un asunto de familia, en un “hecho social” que permite y propicia el diálogo crítico.  Su estilo dialógico entre abuelo y nieta tiende a dar descanso y a emplazar en un ambiente concreto un discurso que puede alcanzar gran complejidad y abstracción.  Se aborda valientemente el dilema de cómo transmitir, de forma simple, ideas complicadas.

A pesar de que la reacción social es parte de la lucha contra la deshumanización de la economía, en “Suzy” se considera más la posibilidad del cambio social en función de la acción evolutiva de la economía monetaria que de la acción explícita en ese sentido por parte de la sociedad, puesto que el desarrollo de la economía monetaria desde la producción que entraña el abuso de los recursos naturales y la explotación de otras personas, encierra, en sí misma, su propia extinción. 

Sin embargo, es probable que nada quite, por ejemplo, que el capital transnacional, agotado en los países del Norte se traslade a los del Sur para iniciar en ellos un nuevo ciclo de desarrollo de la economía dineraria que promueva el consumo indiscriminado, sin que tampoco eso signifique mejoría en la condición social y económica de los trabajadores cuya mano de obra más barata es aprovechada y cuyo magro dinero es expoliado por las empresas que promueven el consumo.  Luego, el capital financiero puede transformarse en industrial y viceversa, en una danza sin final que pasa por encima de naciones y de organizaciones extra-nacionales.  Tampoco puede descartarse la posibilidad, como se está viendo últimamente, de que el capitalismo financiero que requiere sostener un estado benefactor en sus países, recurra a la resurrección del colonialismo para asegurar directamente los recursos naturales a la expansión de sus utilidades, como está ocurriendo en Malí, por ejemplo, y ocurrió en Irak y más recientemente en Libia. 

Tampoco parece haber nada que impida, por ejemplo, que las grandes potencias económicas lleguen a acuerdos para repartirse los botines naturales del mundo antes que entrar en una confrontación perjudicial para los capitales.  Las guerras imperialistas siempre se han utilizado como mecanismos de recambio del dominio social y económico, y ciertamente las potencias basadas en el capital financiero se encuentran en desventaja, a largo plazo, con respecto a las de capital productivo que son, en estos momentos, emergentes; pero, ante la pérdida absoluta de sus posibilidades, quizás el capital financiero esté maniobrando (incluso militarmente) solamente para llegar a transacciones que les den un rol lo más protagonista posible dentro de un nuevo orden en el que tendrán que resignarse a la subordinación o perecer.

Incluso no hay que olvidar que el capitalismo financiero intenta mantener sus antiguos “cotos” ante la perspectiva de dejar atrás la gloria de un dominio mundial y tener que contentarse con ser, por lo menos, una gran potencia regional.  Por ello, a pesar de la promoción de UNASUR, no falta la reacción del Imperialismo financiero de concertar tratados de libre comercio y otros mecanismos de subordinación y aseguramiento de materias primas y mercados para lo que nos vendan o revendan proveniente de países de capitalismo industrial, con lo cual resucitarían un mercantilismo al típico estilo colonial, sostenido por la fuerza de las armas.  Podría pensarse incluso que el nuevo colonialismo busque asegurar cotos de extracción de materias primas no para producir industrialmente con ellas habida cuenta de su desventaja competitiva con respecto a las potencias “emergentes”, sino para hacer lo que mejor saben: especular con los precios de tales materias primas revendiéndolas a las industrias de los países emergentes, con la ventaja de tener asegurada para sí la fuente de producción de dichos recursos naturales.

Estimo que la conclusión de este documento trata una visión evolucionista en la que el mundo tendría que amoldarse a los cambios naturales que provengan del agotamiento de la economía monetaria, pero, como se ha visto, dichos cambios pueden tardar muchísimo tiempo (con regresiones históricas, incluso, como lo es el caso del colonialismo), hasta provocar el agotamiento definitivo de la naturaleza y conducir a la especie humana a un estado de barbarie.  Además, mientras ello ocurre, pueden “reencaucharse”, por decirlo así, las bandas de la explotación de unos seres humanos por otros, como dejan ver los esfuerzos por realizar reformas educativas que tienden a la concentración productiva y a la formación del individuo “integrado” al sistema, antes que a la crítica de este y a la promoción del ser humano como ente integral.

Por ello, para evitar que la evolución desemboque en barbarie, la vía revolucionaria surge como una alternativa, la cual parece muy viable en los países del Sur.  Allí donde el ambiente educativo coadyuve al cuestionamiento del sistema hay que reforzar esa condición, y en donde el capital financiero intente crear condiciones de coloniaje, denunciarlas y enfrentarlas recurriendo a la acción política y social.  “Suzy” es un trabajo que llega en buena hora, y de modo extraordinario, al tapete de la crítica al sistema.  Quizás una bonita tarea sería un ensayo novelado dirigido a niños sobre cómo llevar adelante iniciativas que tiendan al cambio revolucionario surgido y anclado en la participación social y en la democracia popular.

 

José Ángel Garrido Pérez

Especialista en Lengua y Literatura Española

Panamá, 13 de abril de 2013

3ª edición, 2012,

Editorial DEI, San José, Costa Rica.

Autor: Wim Dierckxsens

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