Reseña del libro “Crisis financiera global” de W. Formento y G. Merino

El libro de Walter Formento y Gabriel Merino “Crisis financiera global, La lucha por la configuración del Orden Mundial (Peña Lillo/Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011), es el resultado de un programa de investigaciones que forma parte del plan desarrollado por el CIEPE – Centro de Investigación en Política y Economía – desde1995. Esta crisis financiera en el desarrollo de su transición, abre diferentes caminos posibles: a)  para restauraciones neo-conservadoras, b) para revoluciones políticas neoliberales y,  c) para revoluciones sociales de masas populares. Es importante reconocer para diferenciar, no confundir y acertar. Este es el compromiso que los autores han asumido para aportar al debate, al conocimiento y a la reflexión.

Argumento más nototio de los autores es que para la línea angloamericana de intereses globales, la caída de EEUU como potencia mundial se vuelve necesaria para avanzar hacia el nuevo formato imperial donde no existe país central: un imperialismo sin centro en un país determinado sino en una red de mega ciudades financieras. La cuestión es si estalla EEUU y si el eje germano-francés logra defenderse del asedio.

Los autores logran poner de relieve cómo las crisis financieras, cuando son globales, son expresión de la confrontación entre los grandes actores capitalistas financieros que pugnan por la configuración del nuevo orden mundial. La confrontación entre bloques de poder constituye el fondo de la crisis actual, la cual se produce cuando en el núcleo financiero de poder mundial comienza a emerger una nueva fracción que se ha transformado en otra forma de capital, más ‘avanzada’ sin fronteras ni ciudadanos, la cual necesita imponerse en la economía, en la política y en la política cultural, forzando el multipolarismo apropiándose del G20 y resquebrajando la hegemonía global-unipolar norteamericano.

Este libro muestra la relación existente entre esta nueva forma de capital y los instrumentos mediante los cuales se hace visible: las calificadoras de riesgo, las fundaciones y universidades privadas, el partido mediático financiero, las grandes bancas financieras comerciales y de inversión, los paraísos fiscales y los fondos financieros de inversión global. Por último, revela las nuevas formas de territorialidad social acordes con los nuevos actores financieros, expresadas en la red de ciudades financieras globales que ponen en crisis la territorialidad de los estados-nación y hasta de los mismos EEUU.

Definitivamente a partir de 1991 la fracción dominante fue la angloamericana (Citibank, HSBC,  Lloyd’s, Barclays). Su proyecto estratégico es la aceleración de la crisis de la soberanía del estado nacional y el desarrollo de formas de soberanía global tendientes a la conformación del Estado-Red Global. A partir de 2000-2001, la fracción retrasada, fuertemente desarrollada al interior de los EEUU pero con menor desarrollo global (la fracción industrialista), logra compensar su debilidad en el terreno económico, desplegando una política militarista legitimada en la idea de la seguridad nacional. Para los autores, el Lehman Brothers no se cayó, en la lucha lo dejaron caer para que arrastrara a toda la banca de inversión a la crisis. En el propio territorio angloamericano estas fracciones necesitan perpetuar el viejo imperialismo de país central con rasgos fascistas. La caída de las Torres Gemelas, según los autores, era el medio para detener el avance de la fracción avanzada del capital financiero global y dinamizar el antiguo complejo industrial-militar norteamericano. La caída del Lehman Brothers guarda relación con la necesidad de desarticular la Red financiera global.

En febrero de 2006, “cae” Alan Greenspan de la Reserva Federal y suben a Ben Bernanke. Cambia la correlación de fuerzas entre fracciones financieras en el núcleo del poder financiero global. Con Bernanke la política (de altas tasas de interés), golpea directamente al sistema financiero. Con la generalización de la crisis, se pone en marcha la transición hacia un nuevo orden global. Esta forma de capital por su escala necesita poner en crisis el sistema institucional del estado nación de país central y de país dependiente. Necesita que su territorialidad sea global no internacional, necesita que lo institucional nacional e inter-nacional sea superado y subordinado. Esto se expresa en una Red de gerencias locales, en una relación de horizontalidad y autonomía entre ellas pero subordinadas verticalmente al directorio de los dueños de las acciones preferidas: la City de Londres y Wall Street.

La crisis muestra su aspecto más actual en la situación por la que atraviesan las economías de Grecia, España, Italia y Portugal. No sólo el euro como moneda común sufre los ataques sino que todo el proyecto financiero de Unión Europea se encuentra en jaque. Con la profundización de la crisis europea, las calificadoras de riesgo hacen cada vez más explícito su accionar en la guerra financiera. Aunque existen alrededor de 150 firmas, las tres más grandes tienen en su poder alrededor del 95 por ciento del mercado. Standard & Poor’s (que apunta al Estado Global) y Moody’s (que apunta a conservar al imperio norteamericano unipolar) ostentan un 40 por ciento cada una, mientras que Fitch, (que está alineada más con la zona euro) el 15 por ciento.

Moody’s a fines de 2009, apuntaba las presiones hacia el bloque angloamericano-global, amenazando con las rebajas en calificaciones de la deuda británica y de la deuda estadounidense. La política de era promovida tanto por el bloque franco-alemán (especialmente Alemania), como por la cúpula del partido republicano norteamericano, la banca americana aliada, los medios de comunicación masiva neoconservadores norteamericanos (Wall Street Journal parte de News Corporations, etc.) y la propia Moody’s. La empresa calificadoras Fitch está para defender a la zona euro.

S&P está para provocar a una eventual bancarrota en Grecia y más allá de este país. A esto se le opone las fracciones más productivas y menos especulativas en la Unión Europea que no quieren verse subordinadas y constituyen uno de los polos de poder regional en el mundo. Una bancarrota y reestructuración de deuda griega implica que pierden los bancos franceses y alemanes, debilitando la Eurozona. Una devaluación implica la salida del euro y la victoria del imperio financiero global angloamericano. Ajuste y centralización, que lo pagan los trabajadores y el pueblo con desempleo y rebajas de los salarios es lo que proponen Francia y Alemania en nombre de la austeridad y competitividad. Un rescate mediante el otorgamiento de dinero para cubrir la deuda y el déficit, que siempre viene con un conjunto de condiciones de ajustes, privatizaciones, etc. Sobre la forma y las condiciones de tal rescate pelean los bloques en pugna. La otra salida para que la crisis no la paguen los trabajadores y los pueblos, afirman los autores, es hacer de la crisis una oportunidad histórica. Ello implica protección a la industria nacional (estatal o privada); crear barreras contra el capital especulativo; profundizar la intervención estatal en la economía, especialmente con el control estatal de los resortes financieros; estimular el consumo ampliando el mercado interno; fomentar la mejor distribución de la riqueza aumentando salarios, prestaciones sociales y facilitando los beneficios a la producción nacional; reforzar la integración regional entre los países para romper la máxima del “divide y reinarás”.

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Walter J. Formento es profesor de Teoría de la Dominación y Metodología de la Investigación en la Universidad Nacional de La Plata y es Director del Centro de Investigaciones en Política y Economía –CIEPE–.

Gabriel E. Merino es profesor de Identidad, Estado y Sociedad en la Universidad Nacional de La Plata y es secretario del Centro de Investigaciones en Política y Economía –CIEPE–.

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