Población, Fuerza de Trabajo y Rebelión en el siglo XXI ¿De las revueltas populares de 1848 en Europa a la rebelión mundial en 2011?

Introducción

Pareciera que el mundo está al comienzo de una nueva era de revoluciones  como se dio en Europa en 1848. Esta vez, sin embargo, podamos hablar un despertar político y toma de conciencia a nivel global. Aunque este despertar se está materializando en diferentes países y regiones del mundo y bajo circunstancias diferentes, el carácter que adquiere es cada vez más global. Por todas partes, incluidos los Estados Unidos, el sistema está en crisis. Por todas partes, la clase dominante está tratando de poner todo el peso de la crisis de su sistema sobre los hombros de las capas trabajadoras de la sociedad. El argumento de “aquí no puede suceder” no tiene base científica o racional, aunque si creemos que hay condiciones objetivas proclives a una situación revolucionaria más en unos países que en otros. Este es el eje central de este ensayo. El factor decisivo es que las masas han adquirido una conciencia de su fuerza colectiva y están perdiendo el miedo. En unas naciones se dan rebeliones por el hambre debido al alza de los precios de los granos básicos. En otros son las generaciones más jóvenes, más enérgicas y decididas con un estado de ánimo desafiante que se ha transmitido a la población de más edad, más cauta e inerte. Pueda haber altibajos, problemas y retrocesos, pero una rebelión globalizada en marcha no podrá ser controlada o cooptada tan fácilmente. (Vea, Andrew Gavin Marshall, Are we witnessing the start of a global revolution?: North Africa and the global political awakening).

Pareciera que no solo ha llegado a sus límites la era neoliberal, sino podría ser que estamos presenciando  el inicio de un cambio civilizatorio. Lo que está sucediendo en la actualidad no es simplemente una rebelión en una u otra nación (como Tunes o Egipto) o en una región del mundo (Magreb), lo que está en juego es el sistema global en su totalidad y con ello, en última instancia, el poder imperial de Occidente. Desde hace una década se observa un proceso de desconexión de la política neoliberal en América Latina. En 2008-2009 hubo levantamientos populares por el hambre en África subsahariana pero también en Haití. El año 2011 podría darse otra vez este escenario al estar subiendo los precios de los granos básicos durante todo el año 2010. La crisis económica en Europa ha dado pie a levantamientos populares no vistos en muchas décadas. Lo que parece estar en crisis es la civilización Occidental bajo la racionalidad económica del capital. Zbigniew Brezezinsky, uno de los principales arquitectos de la política exterior estadounidense advierte de un despertar político a nivel global. El está consciente de la amenaza que ello significa para el actual orden establecido bajo hegemonía de EEUU.

La crisis se puede ver como amenaza para las clases dominantes, pero también como oportunidad y primero que nada para las clases populares en los países periféricos. Si bien una crisis económica y financiera no lleva necesariamente, por si sola, a un proceso político que cambia la racionalidad económica en su raíz, si crea condiciones propicias para generar conciencia que dentro de las relaciones sociales existentes no hay perspectivas de mejora. Lo anterior se traduce eventualmente en acción política para demandar un cambio en los fundamentos mismos del sistema que vivimos. En trabajos anteriores (Wim Dierckxsens, La crisis mundial del siglo XXI, Desde Abajo, Bogotá, 2008) hemos subrayado que no nos encontramos ante una crisis económica más del sistema. No solo se trata del fin del neoliberalismo, sino de una crisis del propio sistema capitalista y su posible transición hacia el poscapitalismo. La crisis económica actual la comparan cada vez más con la Gran Depresión del siglo XX y pronto observaremos que consideran que la superará con creces en términos de de magnitud y escala internacional, fruto del proceso de globalización neoliberal.

Desde el surgimiento del capitalismo hubo crisis cíclicas o periódicas, de menor o mayor intensidad, extensión o duración. Esta vez, sin embargo, se trata de una crisis nueva, con características distintas. Es una crisis no solo extensa y profunda, sino también multidimensional y de carácter global. Nos referimos más que a otra crisis cíclica del capitalismo, a una gran crisis estructural en el marco de una crisis de civilización con el potencial para rediseñar la historia planetaria. Se trata de un encadenamiento de múltiples crisis producto de la conjugación de multiples contradicciones. Con la crisis financiera y económica convergan muchas otras: la crisis energética, la de los recursos naturales, la ecológica, la alimentaria, la social, la política y militar, la ética, etc.. La crisis financiera y económica es solo el comienzo de una gran crisis de civilización que se vislumbra, como hemos abordado en otros trabajos (Observatorio Internacional de la Crisis, Siglo XXI: Crisis de una civilización, DEI, 2010).

La racionalidad económica del capitalismo no solo tiende a negar la vida de amplias mayorías de la población mundial, sino destruye la vida natural que nos rodea, tiende a acortar la vida util de los y las trabajadores, la vida util de los productos que año tras año se generan, la vida util de la misma tecnología utilizada en las empresas, de los edificios, etc. El capitalismo al negar la vida en cada vez más ámbitos de la vida a la vez fomenta, no solo la muerte de todo lo que incorpora en su lógica, sino se asfixia con ello en su propia racionalidad. Es nuestra tesis aquí, que al negar la vida y sembrar muerte en tantos ámbitos, el capital tiende a negar, en última instancia, la vida del propio capital como capital. Es un sistema que fomenta, en otras palabras, también su propia autodestrucción.

Al acortar la vida util de todo, el capital fomenta la capacidad de reemplazo en vez de garantizar la reproducción. El capital al agotar un recurso natural lo sustituye por otro en vez de garantizar la sostenibilidad de los mismos a través de las generaciones. El capital procura acortar la vida util de la fuerza de trabajo desgastada o más cara por otra nueva y más barata antes de garantizar la reproducción de la misma durante la vida de los trabajadores y a través de las generaciones. El capital acorta la vida media util de los productos que se hacen cada vez más desechables y declara de esta manera la muerte prematura a todo lo que se produce y declara con ello la muerte a los recursos naturales y el medio ambiente.

El capital acorta la vida media util de los edificios y maquinarias que emplea en las empresas a tal extremo que la renovación tecnológica se hace cada vez más impagable. Cuando la tecnología existente no puede ser reemplazada por otra nueva por su costo impagable, el capital busca sustituir mano de obra más cara en los países centrales por otra más barata procedente de los países periféricos. Para ello el capital recurre a migrantes y/o el capital migra hacia los países de mayor capacidad de reemplazo. Es más, al ver el aumento en el costo de la mano de obra, el capital huye de la economía real fugandose en el ámbito especulativo. Con ello procura de sostener la acumulación sin tener que contratar fuerza de trabajo alguna. De esta forma el capital fomentó la actual crisis financiera. La crisis mundial que implica genera una inseguridad económica y social globalizada sin vida digna y esta vez incluso en los propios países centrales.

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