La nueva fase de la crisis mundial: la amenaza de bancarrota de Estados

La nueva fase de la crisis mundial: la amenaza de bancarrota de Estados

1. ‘Recuperación’ de la economía ficticia no así de la economía real

La crisis inmobiliaria de 2008 fue el resultado de años de acumulación de capital ficticio. Comenzó en los EE. UU. por la concesión de préstamos a hogares endeudados para devenir propietarios de sus alojamientos. Los bancos comerciales y las instituciones especializadas en el financiamiento inmobiliario acordaron créditos con hipotecas que transformaron en títulos para la creación de nuevos productos derivados que vendieron en el mercado financiero. Al hacer esto atenuaban los riesgos de defecto de pago, inflaban la capacidad de préstamo de los hogares, dopaban los créditos y orientaban de modo artificial los precios inmobiliarios hacia el alza. Entre finales de 2004 y principios de 2006 se concedieron de manera creciente préstamos a familias pobres, que solo disponían de pequeñas rentas y no tenían plazos favorables de reembolsos (“subprime”), en forma de contratos que previeron un tiempo de resistencia a las tasas de interés muy bajas (del 1 al 2%) al principio y brutalmente altas después de dos años (casi siempre a más del 15%) (1).

Los productos derivados afectados eran mucho más aceptados y atractivos para los mercados financieros de los que ciertas instituciones financieras (compañías de seguros) se servían para crear otros instrumentos compuestos, los cuales eran mercantilizados en aras de asegurar a la vez una refinanciación y participación en los intereses. La crisis estalló cuando una masa crítica de deudores empezó a enfrentar serias dificultades para reembolsar sus préstamos, en razón de la subida de las tasas de interés determinadas por la Reserva Federal para financiar los enormes gastos relacionados con las guerras de Irak y Afganistán. El sistema monetario y financiero presentaba profundas paradojas. Una de ellas era la ilusión de que es posible encontrar solución siguiendo la gestión neoliberal de la crisis de la expansión del capital. No obstante, una burbuja estalla solo para formar otra aún más peligrosa, afirman Herrera y Nakatani, y esto es precisamente lo que hoy se revela cada vez con mayor claridad.

Al mantener los bancos centrales las tasas de interés cercanas a cero y habiendo recibido fuertes sumas de rescate gubernamental en 2008 y 2009, el capital financiero no tuvo temor alguno de invertir en activos de mayor riesgo. Las inversiones alcanzan una variedad que va desde la compra especulativa de oro hasta apartamentos en Dubai o Pekín. Los contratos a futuro en los ‘commodities’ (el precio del petróleo, por ejemplo, subió un 132% desde febrero de 2009) y las opciones existentes en torno a las tasas de interés, han estado otra vez de moda. El comercio con productos derivados continúa siendo la actividad preferida del gran capital especulativo. A pesar de sus resultados desastrosos durante la crisis recién pasada, la especulación con productos derivados se mantiene aún legal y sin mayor regulación. A raíz de lo anterior, una nueva burbuja de capital ficticio se ha desarrollado, y ahora con mayor velocidad. Este renovado desarrollo parasitario del capital ficticio, con soñadas ganancias ficticias, sigue siendo el mayor negocio. Con un nuevo colapso financiero, las pérdidas adquirirían dimensiones de varias veces la economía estadounidense (2).

A pesar de todos los fondos de rescate inyectados, las economías reales del llamado Grupo de los Siete (G7) no se han recuperado. La tasa de crecimiento durante el año 2009 ha sido negativa en los países centrales (Japón -5,4%, Gran Bretaña -4,5%, la Zona del Euro -3,8%, los EE. UU. -2,5%). En tiempos difíciles las cifras oficiales siempre tienden a ser ajustadas hacia abajo después de un tiempo, esto para mantener el panorama más positivo posible. Así por ejemplo, si tomamos los datos reales vemos que los EE. UU. estaban en recesión desde el 2001, alcanzando en el 2009 una tasa negativa de crecimiento real del 6%. Estos resultados contrastan con las tasas de crecimiento positivas en ciertas economías emergentes como China 8,2%, India 5,5% o Indonesia 4,2%. En América Latina y el Caribe, los países más anexados a la economía estadounidense sufrieron una fuerte recesión (verbigracia México, -7,1%). En países emergentes como Brasil (donde el capital especulativo y el productivo se combinan) no hubo recesión, aunque tampoco crecimiento (3).

La recuperación en modo alguno ha sido el resultado de la inversión privada en nuevos trabajos en la economía real. Si bien las corporaciones transnacionales han vuelto a generar ganancias, las mismas han sido primordialmente el resultado de recortes en los costos de producción, esto es, gracias a despidos de trabajadores —incrementando así el desempleo—, no por la expansión del mercado a partir de una demanda ampliada. Al igual que con las cifras infladas de crecimiento económico, las cifras oficiales de desempleo muestran un fuerte subregistro al eliminar de las estadísticas al 50% de la población activa sin derecho a un seguro de desempleo. El desempleo real en los EE. UU. alcanzó hacia fines de 2009 el 22% y podría alcanzar en años venideros el 35%, como puede verse en el gráfico abajo. Según Egon von Greyez (4), es aproximadamente el nivel de desempleo al que se llegó durante la Gran Depresión. El autor espera para la próxima crisis niveles de desempleo aún más altos. Analizando la cuestión en una perspectiva histórica se observa que en los años cincuenta y sesenta hubo un alza fuerte en la creación de empleo (productivo), acompañado de un aumento considerable en el Producto Interno Bruto (PIB). Desde los años ochenta, en cambio, se produjo un descenso pronunciado en la creación de empleos, hasta llegar a cero en el último decenio, y que hizo caer el PIB a niveles negativos, como se observa en el gráfico siguiente.

Sin embargo, aun cuando las economías centrales están en recesión, el capital ficticio ha retomado fuerza. Desde los mínimos de marzo de 2009, la bolsa de valores en los EE. UU. Recuperó en apenas siete meses el 66% de lo que había perdido en la crisis crediticia, afirma Rana Foroohar (5). Esta recuperación es, en lo fundamental, resultado de los billonarios paquetes de rescate financiados con dinero sin respaldo. Pero en términos reales, vale decir en términos de la capacidad adquisitiva (que se calcula mejor en términos de precio en oro), la bolsa de valores ha caído desde el año 2000 como se aprecia en el gráfico más abajo.

Ahora bien, el salvamento de los mayores especuladores provocó al mismo tiempo gigantescas deudas gubernamentales. Por eso, últimamente se habla más de una segunda caída, aunque con el optimismo no muy fundamentado de una posterior recuperación definitiva. No obstante no vemos muy probable ese así llamado patrón ‘W’, que hasta el presidente Barack Obama ha anunciado, pues al verse cortada la posibilidad concreta y lucrativa de una re-inversión en el ámbito productivo, la tendencia más probable sería a una nueva caída sin recuperación posterior, o sea, el así llamado patrón ‘L’. Andrew Gavin Marshall estima más grandes que pequeñas las probabilidades de este último patrón (6). El caso de Japón podrá ilustrarnos este patrón ‘L’.

Lo que pasó en Japón hace dos décadas, está por pasar en los países centrales en su conjunto y en los EE. UU. en particular. En diciembre de 1989 la bolsa de valores de Japón alcanzó su máximo histórico de 38.916 puntos. Actualmente el Nikkei 225 está alrededor de 10.500, es decir, en un nivel casi cuatro veces más bajo que veinte años atrás. Los precios de las propiedades urbanas están a un tercio de lo que estuvieron en 1989, y ciertas torres de apartamentos en Tokio se venden hoy a precios diez veces más bajos que entonces. En el tercer cuatrimestre de 2009 el PIB de Japón alcanzó, en términos nominales, una cifra por debajo del nivel alcanzado en 1992. Con lo anterior se refuerza la impresión que no hubo una sola década perdida sino ya dos, y sin señales de recuperación frente a la amenaza de una nueva Gran Depresión a escala mundial (7).

En medio de una nueva depresión aumenta la conciencia, y ya no solo entre ecologistas y los economistas más críticos, de que el mito de un crecimiento sostenido y supuestamente infinito a nivel global, no es sino un sueño que ahora está acabando con rapidez (8). Lo anterior no significa que no habrá crecimiento económico en ningún lado. En nuestra opinión será sobre todo en los países del Norte, al haberse abandonado, en términos relativos, la inversión en el ámbito productivo, en donde será difícil una recuperación de las tasas de crecimiento.
En efecto, al verse relativamente apartado de la economía real y productiva, un retorno al crecimiento sostenido será en particular difícil en los países centrales. Y existen más razones para esto, como el hecho de que la innovación tecnológica dejó de ser la principal ventaja competitiva; hoy, dicha ventaja la constituyen de manera especial los bajos salarios. Y es que al haberse acortado la vida media de la tecnología desde los años cincuenta del siglo pasado, la renovación tecnológica se ha tornado más costosa de lo que su uso puede ahorrar en mano de obra. Con ello, no hay mayores perspectivas de recuperación de la acumulación de capital productivo en los países centrales (9)

2. La amenaza de bancarrota de los propios Estados

¿Cómo se anuncia la próxima etapa de la crisis? En los comienzos de este año 2010, varios gobiernos de los países más industrializados están viendo cómo evitar la bancarrota. En el segundo decenio del siglo XXI, podemos esperar otra ola de quiebras financieras. Ante un alza de las tasas de interés resulta inevitable una nueva ola de quiebras de propiedades inmobiliarias, aunque ahora sobre todo comerciales. Después de una caída en la construcción comercial del 16% durante el año 2009, The Economist espera otra fuerte caída en 2010 en los EE. UU. Los más afectados serían grandes hoteles, centros comerciales, edificios de oficinas y de apartamentos. Se espera que en razon de ello, más de un millar de bancos estadounidenses quebrarán en 2010 (10). Nos hacemos la pregunta siguiente: ¿Hasta donde los gobiernos centrales, incluyendo al de los EE. UU., van a poder financiar nuevos paquetes de rescate cuando hoy ya se encuentran ante una situación de incapacidad de pago debido a los cuantiosos y ascendentes intereses por pagar a sus acreedores? A pesar de la euforia bursátil, celebrada en programas de los medios dominantes como CNN, una cantidad cada vez mayor de analistas esperan pronto un nuevo colapso financiero, todavía más dramático que el anterior.
La idea de que el gobierno de un país altamente desarrollado podría ir a la bancarrota, esto es, que tendría que informar a sus acreedores que su país carece de capacidad para pagar sus obligaciones, era hasta hace poco algo inimaginable. Hoy no solo es considerado posible sino constituye una real amenaza, afirma Robert J. Samuelson (11). La cuestión es tan poco familiar, agrega el autor, que el pasado proporciona escasas claves para predecir el futuro. La amenaza no es una cuestión meramente económica, es cada vez más un asunto psicológico, afirma Samuelson. Para enfrentar la crisis actual, el endeudamiento oficial crece sin control en los países más desarrollados. En efecto, la deuda gubernamental bruta de los países centrales alcanzó en 2010 el 106% del PIB, es decir, un 30% más que antes de la crisis de fines de 2008. ¿Hasta cuándo perdurará la fe en la capacidad de pago de los centros de poder? (12). En marzo de 2010 había ya 19 países del Primer Mundo en bancarrota o casi en bancarrota, y muchos otros seguirán cuando el dominó esté en plena marcha (13).

Todo político sabe que la tendencia de un déficit fiscal ascendente al ritmo actual es insostenible. En una recesión, los planes gubernamentales de reactivación económica no podrían prolongarse por mucho tiempo sin incrementar el déficit público hasta niveles insostenibles. Y en caso de una recesión prolongada, el elevado déficit fiscal y la acumulación de deuda pública conducirían a la bancarrota. ¿Qué puede hacer un gobierno para evitar esta situación crítica? Para contener el déficit gubernamental habría que recortar el gasto y/o subir los impuestos. Ambas medidas, como hoy se observa en Grecia, además de impopulares tienden a contraer la demanda global con lo que acentúan la recesión. Durante el año 2010 y de cara a la amenaza de una recesión prolongada, los gobiernos de los países centrales tendrán que elegir entonces entre tres opciones difíciles: la inflación, la intensificación de la presión fiscal o la cesación de pagos. Con ello, afirma el informe GEAB (14), de hecho estamos asistiendo al peligro de un hundimiento de Occidente.

De crecer el déficit fiscal sin mayores controles durante el 2010, los gobiernos centrales correrían el riesgo de tener que adoptar esas tres opciones juntas. La posibilidad de que los Estados pudieran evitarlas, se resumirían en dos esperanzas: la continuación del consumo o el reinicio de la inversión privada. Con todo, tanto respecto al consumo civil como a la inversión civil las expectativas son muy negativas. Por un lado, en todas partes el consumidor se encuentra sometido a fuertes presiones para ahorrar, rembolsar sus deudas y rechazar (voluntariamente o no) el modelo de consumo occidental de los últimos treinta años. En lo que se refiere a la demanda externa asistimos a una completa saturación, pues al estancarse la demanda interna, ahora todo el mundo busca exportar. En semejante coyuntura se trata de reducir las importaciones con lo que, de hecho, se fomenta el proteccionismo que adquiere ahora dimensiones más nítidas. Al generalizarse el proteccionismo se contraerá la demanda global a nivel internacional y las expectativas de ventas, fuera y dentro de los países, se tornarán siempre más negativas. Esto motivaría a las empresas a invertir todavía menos, tendencia acentuada por las restricciones bancarias en materia de crédito. El círculo vicioso de la recesión, por tanto, se vislumbra cada vez con mayor claridad.

Sin una u otra de estas dos dinámicas en la inversión o la demanda, los Estados no tendrán más alternativa que subir de forma drástica los impuestos para enfrentar su déficit público, o dejar correr la inflación para disminuir el peso de su deuda, o bien declararse en cesación de pagos. Ya tuvimos el caso de Islandia con una deuda de casi el 600% de su PIB. Recientemente Dubai (Unión de Emiratos Árabes) declaró cesación de pagos y es probable que tome aquellas tres decisiones de manera conjunta. Ahora Grecia, con una deuda total equivalente al 200% de su PIB, es noticia candente y la pregunta es: ¿Cuál país sigue? De acuerdo con el informe GEAB, esta suerte le podría tocar en un futuro cercano no solo a economías relativamente modestas como Grecia y mañana a España (con una deuda total superior al 200% de su PIB), Portugal o Irlanda, sino también a países del G7 como el Reino Unido (con una deuda total del 250% de su PIB) o Japón y, aunque no lo creamos, incluso a la mayor potencia mundial: los EE. UU., con un récord de deuda de más del 300% de su PIB (véase el gráfico arriba).

Privados de crédito interno y externo, los países que cesan de pagar sus deudas históricamente han pasado por profundas recesiones, con grandes devaluaciones e hiperinflación, ante la incapacidad de reactivar su economía. En el plano político esto resulta muy costoso, y su expresión la observamos en este momento en Grecia. Ciertos países centrales, y en primer lugar los EE. UU., no queriendo enfrentar ninguna de estas dos opciones, podrían optar por el no pago completo o parcial de su deuda y dejar a sus acreedores en el aire, simplemente al poder hacerlo mediante el recurso a una amenaza de guerra. Una eventual gran guerra, entonces, se tornaría una amenaza más concreta conforme los EE. UU. se hallaran más cerca de una situación de cesación de pagos, situación que podría producirse a partir de la primavera boreal del 2010.

3. La amenaza de bancarrotas en la Eurozona

Desde la bancarrota de Dubai se observa una aceleración en el proceso de bancarrotas en la Zona del Euro, aunque de hecho ya estaba en camino. La suspensión de pagos de Islandia, con una deuda seis veces más grande que su PIB, inauguró la crisis en la Unión Europea (UE). La cesación de pagos de Grecia sucedió al poco tiempo y su salvamento efectivo por parte de la UE es muy incierto. Mañana le podría tocar una situación de cesación de pagos a España o Portugal, con lo que la crisis se podría ampliar con rapidez. Buscando evitar un creciente desempleo y una explosiva crisis interna, los gobiernos en bancarrota, como Grecia, podrían verse presionados a volver a optar por una moneda propia para poder devaluarla frente al euro y esa forma hacerse más competitivos. Aun cuando es poco probable que tal cosa suceda, una vez que un proceso de esta naturaleza se pone en marcha los efectos en cadena se producen invariablemente. Economías muy abiertas vinculadas con la Zona del Euro, como las de los países bálticos, caerían con probabilidad sin mayor ruido. Tragedias más grandes cabría observar en el caso de Europa Oriental, ya que el impacto para la Zona del Euro sería mayor si, por ejemplo, Hungría, Polonia o la República Checa entrasen en bancarrota.
Los bancos de Europa Occidental, y no en último lugar Suiza y Austria, han comprado numerosos bancos de Europa Oriental. Las devaluaciones en estas repúblicas han complicado su capacidad de pago de los préstamos otorgados en euros y francos suizos. Sus monedas locales, en efecto, han caído entre un 40% y un 60% por lo que sus deudas con la banca suiza en francos suizos se tornan impagables. Al poder pagar apenas un 20% o un 30% de sus deudas, la banca suiza por su parte entrará en serios problemas (15). La Banca Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés), con sede en Basilea, señala que la morosidad de los clientes de la banca austriaca alcanza el 75% del PIB de Austria. Las deudas morosas de los Estados bálticos con Suecia son menos cuantiosas, no obstante igualan el 23% del PIB de ese país. Las deudas de Polonia, Rusia y Rumania con la banca holandesa, por su parte, llegan al 16% del PIB de esa nación (16). Pero el problema de la crisis no es nada más europeo. Así como la crisis de las hipotecas cruzó de pronto el Atlántico debido a la compra de bonos garantizados por esas hipotecas por parte de bancos europeos (Société Genérale, Deutsche Bank, etc), ahora, según The Economist,

CITA …los diez mayores bancos de los Estados Unidos corren grandes riesgos al tener una exposición total en deuda de Irlanda, Portugal, España y Grecia por la suma de 176.000 millones de dólares.

En la Eurozona existe un pacto de estabilización que demanda que el déficit anual de una nación no sobrepase el 3% de su respectivo PIB. La realidad, sin embargo, ha sido totalmente otra. Países como Alemania u Holanda no se han apartado tanto de la normativa. En Italia, en cambio, ya en febrero de 2009 la deuda oficial acumulada sobrepasaba el 110%, vale decir, algo muy parecido a la situación en Grecia (17). La UE podrá enfrentarse a problemas todavía mayores con eventuales bancarrotas de economías como Italia y el Reino Unido. Se considera incluso que Francia, con un fuerte déficit público lo mismo que en su balanza comercial, no se encuentra fuera de peligro. Aunque los EE. UU. ya no reciba préstamos del exterior, esa nación puede aumentar la oferta de dinero para dar soporte a la banca en crisis, siendo la única nación que puede pagar de ese modo sus obligaciones externas. La Zona del Euro, en cambio, no dispone de este amortiguador. La estructura aquí demanda que cada Estado miembro financie su propio rescate, no mediante la impresión de billetes por parte del Banco Central Europeo (BCE). Hoy hay voces que claman por crear un Fondo Monetario Europeo (FME) para rescatar bajo duros condicionamientos a los países de la Eurozona en problemas. Ello implicaría que los países con finanzas más sanas rescatarían a las naciones en bancarrota por mala praxis.

Cabe preguntar, como hiciera Ambrose Evans-Pichard (18), si Berlín estará de acuerdo en rescatar a economías menores como Irlanda o Grecia al entrar en bancarrota, o incluso si rescatarían a Italia en el caso de cesación de pagos. Axel Merk (19) percibe el eventual peligro de que más de un país abandone la Zona del Euro para poder devaluar su moneda. Si bien su pronóstico no es el más probable en el corto plazo, este autor espera una Eurozona dividida en tres: la del Sur, la del Este y la del Nordeste. La división del euro en varias monedas le parece una amenaza nada abstracta. De presentarse tal situación el euro nórdico sería, en términos de Jim Willie (20), una especie de marco alemán de nuevo estilo compartido por aquellos países de Europa noroccidental que mantienen una balanza comercial positiva, como Bélgica, Holanda, Noruega, Suecia y Dinamarca. En opinión del autor, sería un regalo a esta nación si Francia entrara al euro nórdico. Ante la eventual aparición de un euro nórdico, el dólar mostraría, según Willie, su debilidad.
Hacia finales del 2009 y principios del 2010 el dólar se fortaleció, al menos en apariencia, frente al euro. Eso se dio al presentarse más inmediatos los problemas de Europa y debido a la especulación que ello conlleva. Existen fuerzas especulativas en torno a la incapacidad de pago del gobierno griego. ¿Cómo especulan? Haciendo subir el precio de los productos de seguro, en este caso los CDS, “credit default swaps”. La subida de estos productos financieros, que se supone debe cubrir los riesgos de pago de los Estados, ocasiona una baja de la confianza de los operadores. El escenario es simple. Si los CDS suben, el riesgo de no pago se considera más alto, automáticamente suben los tipos de interés de los nuevos préstamos tomados por el Estado griego —de momento— provocando un incremento de sus déficit, lo que a su vez se traduce en un aumento de su deuda (21).

La espiral descendente se pone así en marcha. Los mercados financieros exigen una política de austeridad aún más drástica. Las agencias de notación —que todos los gobiernos han puesto en entredicho— continúan su trabajo degradando la notación de Grecia, así como de los demás países del sur de Europa. Los tipos de interés en alza en una parte de la eurozona, amenazan sin embargo la totalidad de la zona. Lógicamente, el BCE debería responder a esta crisis aumentando sus tipos de interés. Pero si lo hiciera, esto podría tener un efecto negativo sobre el crecimiento de Alemania, que probablemente no lo aceptaría. Como tampoco quiere pagar por los países más pobres, podría, en última instancia, amenazar con salir de la Zona Euro para protegerse.

En la cumbre europea del 11 de febrero de 2010, Angela Merkel ha propuesto un escenario alternativo: la creación de “instrumentos de presión contra los países laxistas”, esto es reforzar su dominación política. En tal caso sería posible que el país presionado se saliese de la Eurozona. Por ende, si la integración de ésta no se ve amenazada por un lado, lo resulta por el otro. De acuerdo con Nicolas Benies, la crisis del euro muestra toda la lógica destructiva de la construcción europea. Para el autor, es hora de construir un programa de izquierdas que incluya la lucha contra la crisis sistémica, haciendo propuestas para salir de la lógica de la valoración del capital con vistas a la defensa y ampliación de los derechos colectivos. La respuesta popular de Islandia podría ser un paso en esta dirección.

En octubre de 2008, en plena crisis financiera internacional, Icesave, un banco privado islandés en línea, filial del banco Landsbankinn, quebró y numerosos clientes ingleses y holandeses perdieron sus inversiones especulativas. Los gobiernos británico y neerlandés reembolsaron a sus nacionales y reclamaron a su vez al gobierno islandés el reembolso del monto pagado de unos 3.900 millones de euros, aproximadamente la mitad del PIB nacional islandés. El 30 de diciembre de 2009 el parlamento de Islandia aprobó por un escaso margen de votos un acuerdo gubernamental con Gran Bretaña y Holanda para reembolsar la suma en cuestión, con las consiguientes implicaciones fiscales para el pueblo islandés. De inmediato se suscitaron protestas populares, y una petición contra la ley fue firmada por un quinto de la población. Entonces, el presidente de Islandia, Olafur Ragnar Grimsson, decidió no promulgar la ley, es decir vetarla y convocar a un referéndum popular sobre la misma. El resultado, con un 62,7% de participación, fue de 93,2% a favor de no pagar la deuda. De seguro se iniciarán otras negociaciones entre los gobiernos, pero esta vez el islandés estará respaldado por el pronunciamiento casi unánime de su pueblo, un precedente muy interesante para las luchas sociales en otras naciones (22).

4. La amenaza de una bancarrota de los EE. UU.

Los trillones de dólares inyectados por el gobierno estadounidense con el fin de evitar una implosión de su sistema financiero, han beneficiado en lo fundamental al sector financiero. Los grandes bancos que recibieron estos fondos no los prestaron para reactivar la economía real. Lo que hicieron, en primer lugar, fue mejorar sus balanzas para poder pagar a sus directivos gratificaciones sin precedentes. Con el consentimiento fraudulento del Gobierno, no ajustaron los valores ficticios a los reales, o sea, todo fue preparado para que la especulación bancaria continuase. Así, los cuatro mayores bancos han colocado 200 trillones de dólares en productos derivados, vale decir 13 veces el PIB de los EE. UU. (23). Llegará el momento en que este capital ficticio sin relación alguna con el capital real, ya no encontrará expectativa alguna para hacerse real excepto su operación parasitaria o su evaporación con quiebras en cadena. Las transferencias-subsidios en valores reales desde el Tercer Mundo ni de lejos serían suficientes para valorizar el dólar, y estos países tendrían entonces que velar por su propia sobrevivencia y crear mecanismos integradores que les permitiesen defenderse de la enorme volatilidad producida por las monedas, los mercados y el capital ficticio especulativo que llega del Norte. La libre entrada y salida de capital de los países del Sur se vería pues progresivamente limitada, un paso necesario en el proceso de desconexión de las políticas de globalización neoliberal.

Los pequeños bancos estadounidenses, en cambio, se encuentran en una situación trágica y su bancarrota es más inmediata. A estos bancos sí los dejan quebrar, ya que son como sardinas para los peces grandes. Tres cuartas partes de los préstamos hipotecarios de los bancos más pequeños (el 90% de los bancos en los EE. UU.) son en bienes raíces comerciales (centros comerciales, edificios de oficinas, hoteles y edificios de apartamentos), y dichos bancos están quebrando porque la capacidad de pago de los préstamos hipotecarios otorgados se deteriora a velocidad ascendente. Los valores de las propiedades comerciales han bajado entre un 35% y 50%, pero los bancos no están realizando los ajustes pertinentes; además, la tasa de desocupación de tales propiedades aumenta sin cesar. Por todo eso, en 2009 quebraron 140 bancos y su precio de remate estuvo muy por debajo del precio en libros. Al 5 de marzo de 2010, según la Corporación Federal de Garantías de Depósitos (FDIC), se registraron 26 bancos quebrados y 702 con problemas de pago.

Por otra parte, muchos estados del país se encuentran sumamente endeudados y en situación de bancarrota, lo que no deja de poner en peligro incluso la unión estadounidense. Esta amenaza ya la señalamos en nuestro libro de 2009: La gran depresión del siglo XXI (24), al hallar cierto paralelo con la desarticulación de la Unión Soviética en los años noventa.

Solamente por el hecho de que el dólar es la principal moneda de reserva y la moneda de pago internacional por excelencia, el gobierno de los EE. UU. pudo conseguir crédito casi sin límite hasta fines del año 2008. Un primer revés lo recibió el dólar en 1999 con la introducción del euro. Las reservas internacionales en dólares bajaron de manera notoria, aun cuando siguen manteniendo una posición fuerte como se observa en el gráfico abajo. Al disminuir dichas reservas también se encogió el crédito, pero como los EE. UU. gozaban de amplio crédito internacional pudieron consumir mucho más que su PIB, aumentando su deuda externa. Llegó el momento en que esa deuda era tan elevada —como la actual—, que los países acreedores dudaron de la capacidad de pago de sus obligaciones. A partir de ese momento los países emergentes poseedores de gran cantidad de bonos (obligaciones de pago a largo plazo) del Tesoro, como China, ya no muestran mayor interés en la compra de tales bonos, como se puede apreciar en el primer gráfico abajo.

Como los extranjeros dejaron de comprar bonos en 2009, la Reserva Federal ha comprado más de la mitad de los bonos emitidos por el Tesoro del Estado y con esa ‘garantía’ se emiten dólares carentes de todo respaldo. Con esta práctica, y con préstamos de más corto plazo, los EE. UU. lograron un crédito por casi 1,5 billones de dólares en 2009. Lo cierto es que la participación de China en la posesión de obligaciones estadounidenses se ha reducido del 12% al 10% en un año, lo que se aprecia en el tercer gráfico abajo. Esto conducirá a una baja del precio del dólar y reducirá aún más la posibilidad de que los EE. UU. obtengan financiamiento externo para su déficit. Como respuesta, la Reserva Federal imprimirá más dinero sin respaldo y de ese modo se entrará en un círculo vicioso siempre más profundo. Lo anterior llevará a una constante depreciación del dólar en términos de poder adquisitivo, esto es, la baja del valor intrínseco del dólar.

En tan solo los últimos diez años el dólar bajó un 79% frente al oro. Por eso, en los próximos años la Reserva Federal hará lo que su presidente Bernanke siempre ha afirmado: imprimir montos ilimitados de dólares sin respaldo (“quantitative easing” en inglés), lo que implicará que el valor intrínseco del dólar llegará a prácticamente cero. Con ello la moneda internacional se reducirá a la categoría de ‘papel higiénico’ (25). El problema con el papel dinero cuando no está respaldado, por ejemplo en un patrón como el oro, es que los gobiernos pueden crear cantidades ilimitadas, pero no sin consecuencias funestas para su economía. Lo anterior ya ha implicado la destrucción de monedas en la historia del capitalismo, y en la actualidad lo estamos presenciando de nuevo.

En los últimos dos años la Reserva Federal y el Tesoro inyectaron trillones de dólares sin respaldo en el sistema financiero estadounidense. En 2010 y en el futuro este proceso de monetización será todavía peor y generará como tendencia una inflación masiva, como lo vimos en Argentina hace menos de una década o como lo conoció la República de Weimar en los años treinta del siglo pasado. La pregunta que muchos se hacen es cuando el Tesoro de los EE. UU. entrará en una situación de cesación de pagos con la consecuente fuerte devaluación del dólar. Para analistas críticos, como Bob Chapman (26), la pregunta no es si es posible la bancarrota de los EE. UU. con la consecuente devaluación del dólar, sino cuándo se dará.

5. El poder de la Reserva Federal de los EE. UU.

“El Banco Central es una institución de la más destructiva hostilidad que existe contra las formas y principios de nuestra Constitución…”
Presidente Thomas Jefferson

Veamos a continuación para los lectores menos familiarizados con el tema el alcance de los poderes de los banqueros a través de la Reserva Federal (Banco Central) de los EE. UU. Para ello hagamos un poco de historia. El Congreso instituyó el Primer Banco de los EE. UU. en 1791. Al crearse, el Gobierno tenía el 20% del capital y el restante 80% sería privado. Hubo denuncias de conspiración para que el banco quedara en manos de extranjeros, a la cabeza del Banco de Inglaterra. Surgieron muchos bancos privados creados desde el Estado y al poco tiempo había más papel moneda circulante que oro y plata de respaldo. Por eso, en 1816 se tuvo que crear el segundo Banco de los EE. UU., donde el Gobierno mantuvo apenas el 20%. En 1836 hubo una burbuja especulativa en los precios de la tierra vinculada a las importaciones de plata mexicana y en 1837 el estampido ocurrió. Esto atrajo a los banqueros Rothschild de Inglaterra, quienes enviaron un representante (August Belmont) que terminó como consejero del presidente Andrew Jackson (quien consideraba anticonstitucionales y antidemocráticos a los bancos).

El libro Los Rothschild: los gobernantes financieros de las naciones, detalla una reunión secreta en Londres, en 1857, en la cual el sindicato internacional de banqueros decidió impulsar una guerra civil para forzar la creación de un banco central privado en los EE. UU. La guerra civil estadounidense empezó en abril de 1861, cuatro años después de la junta de los Rothschild en Londres, y dejó más de un millón de muertos, un 3% de la población del país. Más tarde, en 1907, se imputó a los Rothschild otra tentativa de forzar la creación del banco central privado. Según la teoría conspiradora, el banquero estadounidense J. P. Morgan era ahora el agente encargado de precipitar una crisis bancaria e inducir el pánico acerca de la integridad de los bancos establecidos por el Estado. De nuevo emergió la presión para crear el banco central.

Esta tentativa de crear la Reserva Federal (FED) se ocultó al público y los banqueros seleccionaron al senador Nelson Aldrich, abuelo de Nelson y David Rockefeller, para introducir en la cámara y el senado la ley de creación preparada por ellos. Como el presidente William H. Taft manifestó que vetaría la ley, los banqueros entonces apoyaron la campaña de Woodrow Wilson, quien la aceptó al llegar a la Casa Blanca. Aun así, en vista de que la idea de que los banqueros tuviesen el mando de la FED hallaba oposición dentro del Partido Demócrata, para lograr su aprobación los banqueros tuvieron que conceder que el Presidente nombrara a los funcionarios de la FED.

La FED fue legalmente fundada en 1913 con 203.053 acciones. De ellas, 70.000 (35%) quedaron en poder de cuatro bancos de los Rockefeller:

1. National City Bank, 30.000 acciones;
2. Chase National (actualmente Chase Manhattan de David Rockefeller), 6.000;
3. The National Bank of Commerce (hoy Morgan Guaranty Trust), 21.000; y
4. Morgans’ First National Bank, 15.000 acciones.

Las restantes 133.053 acciones (65%) pertenecieron a un número mayor de banqueros, sobre todo extranjeros, entre ellos: Rothschild Banks of London and Berlin; Lazard Brothers Bank of Paris; Israel Moses Sieff Banks of Italy; Warburg Bank of Hamburg, Germany and Amsterdam; Kuhn Loeb Bank of New York; Lehman Brothers Bank of New York; y Goldman Sachs Bank of New York.
Por consiguiente, la FED de los EE. UU. —a diferencia de otros— es un banco central mayoritariamente privado, manejado por banqueros privados, con la potestad de crear de la nada moneda, bonos y otros valores sin ningún respaldo. Es la mayor fábrica de dinero sin respaldo del mundo en manos de banqueros privados estadounidenses y europeos. Desde su fundación, y aún antes, los banqueros han sido determinantes en el destino económico, político y militar de los EE. UU., y a través de este país, del resto del mundo. Son el más grande consorcio de la tierra y actúan como un supragobierno detrás de la cortina. Lo primordial son los negocios y las ganancias al precio que sea.

Se dice que el 4 de junio de 1963, el presidente John F. Kennedy firmó la orden ejecutiva No. 11.110 quitando a la FED el poder de prestar dinero al Gobierno cobrando intereses. Con ello, Kennedy regresó al Gobierno (Departamento del Tesoro) el poder constitucional de crear y emitir el dinero sin pasar por el Banco Federal de Reserva controlado por los banqueros privados, interfiriendo de esta forma en su negocio. El Departamento del Tesoro recibió entonces la autoridad para emitir certificados de plata respaldados en plata física, o moneda dólar de plata estándar del Tesoro. Se imprimieron más de 4 billones en denominaciones de 2, 5, 10 y 20 dólares. Además, Kennedy hacía esfuerzos para retirar las tropas de Vietnam (Robert McNamara), tocando con ello también los intereses del complejo militar industrial. El presidente Kennedy fue asesinado poco después, el 22 de noviembre de 1963. Las notas respaldadas en plata fueron sacadas de circulación y continuó la guerra en Vietnam (27).

El jefe de la FED, Ben Bernanke, alertó en febrero de 2010 al Congreso respecto a que la crisis de deuda de Grecia se podría extender muy pronto a los EE. UU. Expresó que los recientes acontecimientos en Europa, donde países como Grecia y otras naciones con grandes e insostenibles déficit como los EE. UU. tienen problemas para vender más deuda a inversionistas, muestran que este país es vulnerable a una súbita reversión de fortunas que obligaría a los ciudadanos a pagar impuestos y más altos intereses sobre las deudas. “No es algo para dentro de diez años. Está ya afectando los mercados”, dijo al Comité de Finanzas del Congreso. “Hoy mismo podríamos estar encarando más altos intereses” (28). dinero”)

6. ¿Hasta cuándo durará el reinado del dólar?

A pesar de que el precio del oro en dólares se quintuplicó en la década pasada, dicho precio podría dispararse de nuevo a partir de 2010. La razón es clara: la impresión de dólares se acelerará al aumentar el déficit del Gobierno de los EE. UU. Y en una coyuntura de amenaza de bancarrotas, el oro aparecerá finalmente como el único puerto seguro. El riesgo de bancarrotas en los países centrales es cada vez menos una amenaza abstracta y podría estar en el orden del día. La caída de las principales monedas como el dólar, el euro, la libra esterlina, el franco suizo, etc., en modo alguno es una abstracción teórica. Conforme crezca la amenaza, habrá una mayor demanda de oro.

Los bancos centrales de China, India, Rusia, Japón, Brasil, Corea del Sur, entre otros, cuyas economías están más ancladas en las inversiones productivas, ya no depositan su confianza en el dólar y hoy son compradores netos de oro. Los fondos de pensiones, que necesitan colocar sus aportes en inversiones seguras, ante la inseguridad monetaria se verían obligados a invertir más en oro como única reserva segura. La confianza en los certificados de oro ha bajado, pues hay más de estos certificados que oro; la producción de oro, además, muestra una tendencia descendente a lo largo de los años. La última auditoría de existencias reales de oro almacenado en Fort Knox en los EE. UU., que son el respaldo del dólar, fue en 1953. No existen datos auditados posteriores, ni certeza por lo tanto de su existencia. En resumidas cuentas el dólar, que durante muchos decenios funcionara como puerto seguro, parece haber llegado al final de la era que funcionaba como moneda de reserva principal y de cambio internacional.

Formulado esto de otra manera, la pregunta es: ¿Hasta cuando a un país (los EE. UU.) en situación objetiva de bancarrota, el mundo le seguirá permitiendo usar dinero creado de la nada al imprimir dólares sin respaldo, para pagar productos y servicios generados con el sudor de trabajadores de países exportadores, en particular los del Tercer Mundo? En esencia, dólares cada vez más devaluados son exportados a países como China, por ejemplo, que entregan productos y servicios reales. Solo por el hecho de que el dólar es moneda de pago internacional y moneda de reserva, esta situación ha perdurado tanto tiempo. No obstante, el gigantesco déficit comercial estadounidense en particular y occidental en su conjunto, junto con el superávit en Oriente, amenazan el actual orden monetario internacional. Es apenas cuestión de tiempo para que deudor y acreedor lleguen a la inevitable conclusión de que la deuda del Imperio nunca será pagada. Al no querer seguir dando crédito a los EE. UU., como es el caso actual de China entre otros países, la impresión de dólares sin respaldo no tendría límites. Sin embargo, cuando los acreedores se harten de recibir esos papeles sin valor, la hegemonía estadounidense dependería de modo creciente de su posición de fuerza militar. Con ello, una gran guerra dejaría de ser una opción exclusivamente teórica (29).
La riqueza real del mundo se ha venido mudando. En los mercados del Primer Mundo se intercambian papeles sin valor surgidos del sector especulativo financiero por riqueza originada en el Sur en el sector de la economía real. A lo anterior hay que agregar que, hoy, los países del G7 son los mayores deudores mundiales y las economías emergentes sus acreedores. Por eso, la aparición del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) es visto como una amenaza. Como la bancarrota de los países centrales se ha vuelto igualmente una amenaza real, el poder político tiende a desplazarse o compartirse. Esto se observa ya, por ejemplo, en el liderazgo ganado por el Grupo de los Veinte (G20) a costa del G7 (30). Frente a esta realidad surgen entonces el chantaje y la amenaza militar para impedir los cambios, y desde luego la posibilidad de un gran y sumamente peligroso conflicto militar, por cuanto los arsenales de las grandes potencias están repletos de armas convencionales y de destrucción masiva. Los EE. UU. en particular no parecen dispuestos a renunciar a su control unipolar del mundo y pretenden mantenerlo aunque sea, en última instancia, a sangre y fuego.

No es una abstracción teórica que más tarde o más temprano presenciaremos la ‘weimarización’ de los bonos del Tesoro estadounidense y del dólar. La implicación sería la bancarrota de la mayor potencia mundial. Para evitar este colapso, en la actualidad se desarrolla todo un frente diplomático a través del G20 para salvar la hegemonía de los EE. UU. Se plantea lo mismo que Keynes allá en los años treinta de cara a la Gran Depresión del siglo XX: la coordinación de la política económica mundial por medio de un Banco Central Supranacional y una moneda única que no sería el dólar. Keynes abogó también por el paso de una economía de casino a una economía basada en la inversión productiva, evitando así la fuga de capital hacia el ámbito especulativo e improductivo (31). Nos preguntamos, sin embargo, ¿qué poder político controlaría los movimientos del capital a nivel mundial? ¿Sería acaso el Fondo Monetario Internacional refundado? En la UE se habla ya del Fondo Monetario Europeo. Cada quien parece tratar de salvarse a su manera. ¿Hará falta que colapse el sistema monetario para una verdadera regulación mundial? El mundo entero entraría en ‘shock’ si el euro colapsara, ni qué decir si colapsara el dólar. Esto, sin embargo, según Jim Willie (32), podría suceder en un plazo no tan lejano.

A partir de este año 2010 la confianza en el dólar estará bajo creciente presión. A partir de aquí podemos preguntarnos en qué moneda confiar, si es que todavía se puede confiar en alguna. Nos encontramos, en otras palabras, en una fase donde la crisis no se profundiza únicamente en la economía financiera o en la real, sino incluso en los mercados monetarios que constituyen la sangre de toda actividad económica de mercado. Una crisis monetaria más o menos generalizada es, pues, un escenario posible, lo que significaría una crisis de confianza general en la economía de mercado y la desintegración caótica de ésta. O sea, estamos ante una crisis del sistema capitalista como tal. La eventual desintegración del sistema monetario representaría la máxima expresión de la desconexión. En tal coyuntura, los mercados locales y regionales, más que oportunidad, se tornarían necesidad urgente. Proyectos que hoy luchan contra viento y marea por esa desconexión, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) o el Banco del Sur, recibirían entonces bastante viento en popa. Nuevas monedas de pago internacional están ya surgiendo, como el sucre en América Latina y el Caribe, y la creación de monedas locales será asimismo, además de posibilidad, necesidad urgente en todas partes. Por tanto, en medio de la inseguridad económica que implicaría una crisis del sistema monetario internacional, las oportunidades emancipadoras en general y las del Sur en particular tendrían un horizonte más despejado.

Notas
(1) Véase Rémy Herrera y Paulo Nakatani, “La crisis financiera: raíces, razones, perspectivas”, en Observatorio Internacional de la Crisis.
(2) Rana Foroohar, “The boom in the gloom”, en Newsweek, 09.11.2009, pág. 34.
(3) The Economist, 02.01.2010, pág. 69.
(4) Egon von Greyerz, “Gold is not going up, paper money is coming down”, en www.gold-eagle.com http://www.gold-eagle.com, 07.12.2009.
(5) Foroohar, op. cit., pág. 33.
(6) Andrew Gavin Marshall, “La réprise économique est une illusion”, en www.mondialisation.ca, 24.10.2009.
(7) “To lose one decade may be disfortune”, en The Economist, 02.01.2010, pág. 52.
(8) De hecho, la visión de que el crecimiento económico no puede ser infinito, la expresó John Stuart Mill ya en 1857. Véase Peter Tom Jones y Vicky Meyere, Terra reversa. Antwerpen, Ed. Jan van Arkel, 2009, pág. 40.
(9) Véase para su explicación en detalle: Wim Dierckxsens, La transición hacia el poscapitalismo: El socialismo del siglo XXI. San José, DEI-Ruth Casa Editoral, 2007 (3a. ed.).
(10) “The World in 2010”, en Anuario de The Economist, s. f., págs. 116.142.
(11) “Up against a wall of debt”, en Newsweek, 09.11. 2009, págs. 30.
(12) Véase Zanny Minton Beoddoes, ob. Cit., pág. 137 (no se ha citado antes)
(13) Véase Bob Chapman, “Structural weakness of the dollar”, www.globalresearch.ca
(14) No. 39 (noviembre, 2009). Global Europe Anticipation Bulletin (GEAB), es un análisis asequible y regular, instrumento de apoyo para decisiones. Está dirigido a quienes por su labor (asesores…) requieren un cierto entendimiento de las actuales y futuras tendencias mundiales vistas desde un punto de vista europeo.
(15) Jim Willie, “Full circle of Government Debt Default”, en www.financialsense.com http://www.financialsense.com, 15.12.2009.
(16) Véase Gary Dorsch, “Fracturas en Euro currency”, en www.financialsense.com http://www.financialsense.com. Citado por Wim Dierckxsens, “Fracturas en el euro, un dólar en riesgo ¿No hay moneda a salvo?”, en www.observatoriocrisis.org , 2009.
(17) The Economist, 07.02.2009, pág. 43.
(18) The Telegraph, 15.02.2009.
(19) Axel Merk “Are there any hard currecies left?”, en www.financialsense.com, 24.02.2009.
(20) Willie, op. cit.
(21) Nicolas Benies, “Especulación contra la deuda griega. Crisis de la deuda o crisis del euro”, www.rebelion.org
(22) Véase www.agenpress.info, 10.03.2010.
(23) Egon von Greyerz, op. cit.
(24) Observatorio Internacional de la Crisis, La gran depresión del siglo XXI: causas, carácter, perspectivas. San José, DEI, 2009.
(25) Véase Egon von Greyerz, op. cit.
(26) Bob Chapman, “All currencies will continue to fall against gold”, en www.globalreaearch.ca http://www.globalreaearch.ca, 31.12.2009.
(27) Edward Griffin, “The JFK Myth”, Christian Common Law Institute.
(28) Véase, Global Research, 27.02.2010, y Washington’s Blog, 26.02.2010, citando el Washington Times.
(29) Véase Bob Chapman, “Currency warfare: Review of financial markets”, en www.globalresearch.ca, 02.12.2009.
(30) Ty Andros, “When hope turns to fear III”, www.financialsense.com, 19.02.2010.
(31) Ngoc Liem, La facture sociale: sommes-nous condamnés au libéralisme? Paris, Editorial Arléa, 1998, págs. 150s.
(32) Willie, op. cit.

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