¿Qué es lo que nos motiva?

1. El mundo vive hoy una situación de conmoción aún poco comprendida y los medios de comunicación, comprometidos con los grandes intereses económicos que controlan el planeta, tratan de hacer creer a los pueblos que se trata de simples y transitorios problemas fácilmente superables. En realidad vivimos una grave crisis estructural del sistema capitalista y, más aún, una verdadera crisis de la civilización, que puede poner en riesgo la supervivencia de la humanidad. Esa crisis estructural se manifiesta de diversas formas en los distintos continentes, espacios y actividades humanas, y afecta todos los niveles de la vida y de la sociedad.

2. En los últimos trescientos años el capitalismo ha encabezado como nunca antes en la historia una verdadera explosión en el desarrollo tecnológico, de las fuerzas productivas, de las ciencias, las comunicaciones, las artes, el comercio, la educación, la salud, etc. Sin embargo, este sistema, junto al colonialismo y el imperialismo, también ha sido y continúa siendo responsable, como nunca antes en la historia, de la explotación extrema de los seres humanos, lo que conlleva, por un lado, a una diáspora por el planeta y, por el otro, a sistemas de apartheid social, a la destrucción, al derroche y a la degradación de los recursos naturales planetarios que son centrales para sustentar la vida y la dignidad humana. La dictadura de elites dominantes que han venido controlando y concentrando la riqueza y los recursos del mundo son responsables del actual nivel de degradación de los ecosistemas y del deterioro global, de las profundas diferencias en las condiciones de vida de miles de millones de seres humanos.

Esta crisis, por múltiples razones, contiene niveles de peligrosidad como nunca antes vistos en la historia. Por otro lado, los demás ciudadanos del mundo también somos responsables por esta crisis, pues no hicimos lo suficiente para evitarla. Por ello tenemos la responsabilidad moral de participar en la lucha para superarla.

3. Hoy, iniciando el siglo XXI, y como nunca antes, es indispensable que tomemos conciencia del significado y las implicaciones de lo anterior, lo que requiere de niveles adecuados de información, desde distintas disciplinas y perspectivas del conocimiento humano, que permita una adecuada comprensión de los problemas y sus soluciones. Esta es la razón principal para organizar este OBSERVATORIO INTERNACIONAL DE LA CRISIS, una iniciativa latinoamericana.

4. La actual crisis del capitalismo, en pleno siglo XXI, es un período crítico, pero también es una oportunidad para construir un nuevo camino. En este contexto, la paz con la democracia, la libertad, la justicia, la dignidad y la equidad para el progreso, la seguridad común, la supervivencia de todos los seres humanos y de sus futuras generaciones, deben ser un objetivo de primer orden no sujeto a negociación.

5. La Unión Soviética perdió la guerra fría que culminó en su desmembramiento; Estados Unidos y Occidente también la perdieron, lo que se expresa en la actual crisis del capitalismo. No hubo, pues, ganadores; todos los seres humanos perdimos.

6. Desde la segunda guerra mundial y, en especial, con la última etapa de la globalización neoliberal, hemos presenciado un periodo de la historia en el que se ha dado la más grande transferencia de riqueza de los pobres a los ricos, en todas las naciones, y desde los países pobres del Sur al Norte del planeta. Estos subsidios masivos de los pobres a los ricos del mundo no han sido suficientes para compensar los grandes desequilibrios producidos por la guerra fría, la especulación y el derroche improductivo de las elites dominantes y de las grandes potencias —en primer lugar, sus gastos militares.

7. A partir de los años ochenta, con el neoliberalismo, el sector productivo tendió a crecer cada vez menos; el sector financiero especulativo se volvió dominante y se convirtió en el centro de la actual crisis económica, financiera, política, social, militar y cultural. A la vez estamos próximos a la cima de la producción mundial de petróleo y el agua y los recursos minerales se tornan recursos cada vez más escasos. Por otro lado, se produce una competencia entre biocombustibles y alimentos por el uso de la tierra, lo que encarece la producción de los últimos. Está claro que se trata de una crisis estructural y no solamente coyuntural, pero, además, de una crisis de la civilización que exige un replanteamiento de parámetros al que la lógica del capitalismo no puede responder.

Hay una muy grave crisis financiera. Desde mediados de 2007 se han venido incrementando las masivas inyecciones de dinero creado mágicamente del aire por los bancos centrales de los países ricos, en un intento por evitar el colapso de sus más grandes bancos y empresas, principales responsables de la crisis. Estas operaciones de rescate han llegado desde septiembre y octubre de 2008 a niveles inimaginables que se miden por millones de millones de dólares (billones). Tales intervenciones monetarias agregan más volatilidad al sistema e incrementan la incertidumbre, profundizan aún más la crisis y profundizan el daño —que ya es dramático en extensos sectores de la población mundial. Esto implica que en el futuro tales emisiones inorgánicas de dinero tratarán de ser respaldadas con una mayor transferencia de riqueza real desde el tercer mundo, desde las clases trabajadoras y medias de los países centrales, por la vía de diferentes mecanismos, incluyendo la amenaza o la imposición militar para sostener el poder económico de la elite de los países ricos, en particular de Estados Unidos.

8. Esta crisis financiera se expresa en la volatilidad y guerra de las monedas —y, en particular, del dólar—, en la insolvencia de los bancos, en el incremento de las deudas, entre otros males que son parte de la crisis del conjunto del sistema de producción y distribución. La actual crisis económica financiera se acompaña, además, de una crisis ecológica. Los recursos naturales no son suficientes para atender el actual estilo occidental de vida; actualmente el 20% de la población mundial, concentrada en el Norte, consume el 80% de los recursos naturales.

9. Hay una crisis ecológica. El desequilibrio ecológico y el calentamiento global, consecuencias de la sobreexplotación de los recursos naturales —en particular, de los recursos fósiles— afecta a todas las regiones del mundo y se siente más intensamente en las zonas más deprimidas y, dentro de ellas, en los sectores mas empobrecidos. En tan solo trescientos años de revolución industrial hemos destruido lo que la naturaleza tardó millones de años en construir. Las mayores reservas de recursos naturales se encuentran en el Sur y son ferozmente disputadas por los países dominantes, lo que ha venido generando guerras que tienden a ampliarse a otras regiones del planeta. Por tal razón, para protegerse ante la crisis, es necesario que los países latinoamericanos —y no solo estos— reivindiquen la soberanía sobre sus recursos naturales, los que tienen un peso determinante en la economía mundial, en su propia conservación y en su aporte futuro a la supervivencia mundial.

10. Hay en la actualidad una crisis social que se expresa a través de una distribución extremadamente desigual de la riqueza y la renta, alimentada por el flujo permanente y la transferencia de dichos recursos del Sur al Norte. El Sur ha venido financiando el desarrollo y el progreso del Norte a través de transferencias de riquezas producidas en el Sur. Es necesario un proceso de redistribución de estas en función de los países pobres y, en particular, de los sectores más empobrecidos en todos los países y a nivel mundial.

11. El siglo XXI abre un período de agotamiento de las reservas de las materias primas y esta realidad configura una nueva situación y un problema muy grave para la humanidad. Los precios ascendentes de los minerales conducen a una deformación de la estructura económica de los países poseedores de esos recursos. Por otro lado, la tasa de inflación de los productos agrícolas es en los últimos años el doble de la tasa de inflación general. Hay problemas sociales que desembocan en la exacerbación de la violencia como método para la solución de los conflictos cotidianos; desorientación cultural, producto de la hegemonía de una cultura occidental de progreso y derroche sin límite, excluyente y que provoca más explotación, enajenación, desesperanza, visiones fatalistas, xenofobia y racismo, y la emergencia de extremismos fundamentalistas religiosos, con un neo-facismo en ascenso. Se puede agregar a esto que la mayor parte de los medios de comunicación son dominados por los intereses de las elites que controlan el capital y sirven como instrumentos de deformación de la conciencia de las sociedades. Por otro lado, persiste la desigualdad histórica de las mujeres en un escenario de peores formas de violencia y explotación sexual, discriminación basada en el género y retroceso en el reconocimiento de sus derechos y libertades.

12. Hay una crisis política a nivel internacional. La guerra es el instrumento que el sistema capitalista no duda en utilizar para apropiarse de los recursos naturales y, en particular, los energéticos, como en Irak y en Afganistán, o para resolver las contradicciones internas, sin descartar el uso del arma nuclear y otros instrumentos de destrucción masiva. América Latina no está al margen de esta estrategia geopolítica, con sus nuevas bases militares en el continente, la cuarta flota norteamericana en aguas territoriales, el golpe de estado en Honduras y lo que más podamos esperar .

A principios del año 2008 Estados Unidos anunció e inició el despliegue de su IV flota en los mares latinoamericanos, lo que es visto por muchos países como una amenaza a su seguridad y la de sus recursos naturales. Esto es un elemento de presión que empuja a la región a adquirir e invertir en nuevos equipos y tecnología militares, a alterar el actual balance de fuerzas en la región y a derivar valiosos recursos productivos que son necesarios para los pueblos hacia el sector improductivo de armamentos. Esto solo beneficia al complejo militar industrial mundial. A América Latina conviene tratar y procurar resolver los asuntos de paz y de seguridad, así como los de su supervivencia y desarrollo, de forma conjunta entre los estados y como un todo; de aquí se deriva la urgente necesidad de conformar rápidamente, desde México hasta la Tierra del Fuego, la unidad regional en la diversidad y la mayor igualdad posible, en un proceso de construcción de independencia regional, que no debe postergarse más.

13. Hay crisis del Estado puesto al servicio del capital. Hay cuestionamiento y deslegitimación de gobiernos, de partidos políticos y de la construcción de espacios y procesos democráticos. La corrupción forma parte de la lógica económica de las transnacionales, las elites y la acumulación, al tiempo que su acción en las economías periféricas, al priorizar la acumulación de ganancias, distorsiona las funciones racionales de los estados y de la economía, en cuanto a la provisión de bienes, servicios y empleo para sus respectivas sociedades, y daña la conservación y renovación de los recursos naturales y la institucionalidad de las naciones.

14. El nivel de la crisis se ha venido profundizando cada vez más y requiere de su seguimiento integral y cuidadoso a partir de análisis y opiniones diversas, que permitan a la ciudadanía mundial su comprensión, su estado de alerta y su acción preventiva, frente a los peligros que encierra para grupos sociales, países, regiones y para toda la humanidad.

¿CUÁLES SON LOS OBJETIVOS DE ESTE OBSERVATORIO?

1. Se busca analizar e informar sobre esta crisis de la civilización en sus diferentes dimensiones, con el objetivo de buscar en esta oportunidades para construir en la práctica y en la teoría un postcapitalismo, es decir, formas nuevas de reorganización social, sobre la base de las experiencias positivas y negativas del siglo XX, que articulen de forma seria los contenidos de conceptos tales como democracia, libertad, equidad, justicia, seguridad común, paz, ciudadanía real, etc., con el uso sostenible de los recursos naturales y su apropiación social, el alto al derroche de dichos recursos, la predominancia del valor de uso —es decir, las respuestas a las necesidades de la gente— sobre el valor de cambio, —o sea, la necesidad de acumulación de dinero—, la democracia generalizada a todas las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales, de género, y la multiculturalidad, de modo que se permita a todas las culturas, saberes, filosofías y religiones dar su aporte propio a la reconstrucción social de una nueva sociedad en equilibrio entre sí, con el medio ambiente y con las capacidades del planeta.

2. Se busca analizar cómo la crisis actual también brinda nuevas oportunidades a los seres humanos para las resistencias al sistema vigente en los diferentes sectores: campesinos, obreros, pueblos indígenas, afrodescendientes, migrantes, mujeres, jóvenes, viejos, profesionales y ciudadanos a todos los niveles, que demandan un mundo más justo y equitativo, en paz y armonía con la naturaleza. Son procesos diversos, con actores múltiples que se enfrentan a oposiciones radicales de elites minoritarias en función de intereses de clases o de grupos dominantes, cuyo objetivo solo es la acumulación de dinero, riqueza y poder, por encima de otras consideraciones humanas. Estos procesos encuentran en la crisis —como en todos los procesos sociales— nuevas dificultades de organización, culturales, éticas e ideológicas, pero también nuevas oportunidades. Son procesos dialécticos que exigen determinación, realismo, estrategias concretas, pero sobre todo claridad de visión e información.

3. Se busca analizar cómo la crisis brinda oportunidades para la construcción de nuevas institucionalidades o para la profundización de procesos de integración en marcha, como hoy ocurre en América Latina. El mundo está necesitado de salidas multinacionales y multiculturales, constructivas, que aseguren la equidad, el bien y la seguridad comunes, el progreso, la paz, la libertad y la democracia integrales, cosas que no podrán surgir de quienes han llevado a la humanidad al borde de su propio autoexterminio.

4. Se busca que este observatorio transcienda el marco académico y sea un instrumento de información y alerta documentada para los pueblos en sus luchas, para la construcción de alternativas y para hacer propuestas en los distintos espacios y regiones del mundo.

5. Se desea que este Observatorio sea un sitio de intercambio mundial para socializar las ideas desde una perspectiva multidisciplinaria constructiva e interregional. En esta medida puede llegar a ser un instrumento de construcción, intercambio y unificación de criterios para concertar y hacer propuestas a nivel nacional, regional y mundial.

6. Finalmente, el siglo XXI se nos presenta como una época que puede ser el fin de la historia o el principio de una nueva historia; es decir, un período para que la humanidad se reconstruya como raza humana, para las futuras generaciones y su continuación, aprendiendo y construyendo a partir de los errores y los aciertos del pasado. Ese es el reto para la humanidad: construir la alternativa o la transición hacia algo superior en función de la máxima creación a que podemos aspirar, el ser humano integral en armonía consigo mismo y con la naturaleza.

COMITÉ ORGANIZADOR

Wim Dierckxsens (Sociólogo Economista- Holanda)

Reinaldo Carcanholo (Economista -Brasil)

Antonio Jarquin T (Médico-sociólogo -Nicaragua)

Paulo Nakatani (Economista-Brasil)

Remy Herrera (Economista- Francia)

Paulo Campanario (Sociólogo-Demógrafo-Brasil)

Andrés Piqueras (Sociólogo – España)

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